OJEANDO (HOJEANDO) LIBROS
DARWIN

Siempre ha sido de riesgo emitir opiniones que los poseedores de la verdad revelada y del
poder, las vean como peligrosas para sus intereses. La historia está poblada de nombres de
quienes arriesgaron sus vidas por emitir libremente ideas y descubrimientos.
En los primeros mojones se destaca Sócrates, quien en la segunda mitad del siglo V a. C.,
en su afán esclarecedor, interpelaba, con preferencia a los considerados sabios. Iniciaba
sus diálogos con razonamientos que concluían con preguntas que justificaba aduciendo
que buscaba la verdad. Sus razonamientos cuestionaron creencias y dioses de entonces.
Ello desembocó en el juicio, en el que se decretó su muerte.
Dos mil años después, en el año 1600, fue quemado vivo Giordano Bruno, después de
largo juicio en el que dudó en retractarse, tal como le ofrecieron sus jueces de la
Inquisición, para salvar su vida. Finalmente optó por afirmar que no podía abjurar de
aquello en que creía. Estudiosos de estos temas señalan su muerte, como una de las que
más influyó en obstaculizar el avance de las ciencias.
En abril de 1633, cuando Galileo contaba con 69 años de edad, fue sometido a juicio por la
Inquisición. Su pecado fue que había publicado un libro apoyando el modelo astronómico
de Copérnico, que planteaba que la tierra y los planetas giraban alrededor del Sol.
Finalmente en junio de 1633, bajo amenazas, Galileo salvó su vida cuando, de rodillas ante
sus jueces, abjuró de esas ideas.
Charles Darwin, nacido en 1809, coleccionista compulsivo desde niño, inició estudios de
medicina a los 16 años de edad, en la Universidad de Edimburgo. A los dos años abandonó
medicina, porque rechazaba las intervenciones quirúrgicas por entonces sin anestesia. Su
padre, médico rural, le instó entonces a ser clérigo, para lo que se matriculó en la
Universidad de Cambridge. Las clases teóricas le aburrían. Sus pasiones por disfrutar la
vida al aire libre y de naturalista, le llevó a integrarse con los estudios de campo de los
profesores de Geología y de Botánica, quienes valoraron su agudeza de observador y su
capacidad para ordenar y clasificar los hallazgos.
El Ing. Agrónomo Eduardo Blasina, en su obra “Darwin en el Plata, – EL
DESCUBRIMIENTO DE LA EVOLUCIÓN”, destaca la influencia de su recorrido por
estas regiones en la elaboración de su teoría evolucionista. El obstáculo que Darwin
consideraba insalvable para su visión de la evolución, era la edad de la Tierra y de
cuantos seres vivos la habitaban. Por entonces, basados en la Biblia, la edad que se les
atribuía, no sobrepasaba los 6.000 (seis mil) años. Durante el viaje en el Beagle, entre los
años 1832 a 1834 tuvo oportunidad de leer “Principios de Geología” de Charles Lyell, de
Cambridge. Allí el autor calculaba la edad de la Tierra en varios millones de años. Según
sus relatos autobiográficos, devoró con pasión ese libro de Geología. Después de su
lectura no tuvo dudas en la posibilidad de la evolución de las especies. A partir de sus
ideas se comienza por reconocer que no existen diferencias abismales entre los humanos y
los otros seres vivos. Y se advierte la importancia del ambiente en la conformación de los
seres vivos.
Eduardo Blasina, nos ilustra sobre su carácter con la siguiente anécdota: “Centró su
interés en la colección de distintas especies de escarabajos, a los que guardaba y

clasificaba”. Y cita un relato autobiográfico de Darwin: “Un día, mientras arrancaba
cortezas viejas de árboles, encontré dos raros escarabajos y tomé uno en cada mano;
entonces vi un tercero de otra clase, que no lo podía perder, así que metí en la boca el que
sostenía en la mano derecha. Pero ¡hay! Expulsó un fluido intensamente ácido que me
quemó la lengua, por lo que me ví forzado a escupirlo, perdiendo este escarabajo y
también el tercero”.
Cuando Fitzroy, preparando el viaje en acuerdo con el Almirantazgo británico, solicitó un
naturalista a un amigo catedrático en Cambridge, éste ante la imposibilidad de que los dos
primeros propuestos fuesen de la partida, ofreció el cargo a Darwin. Esa casualidad
cambió la historia de la ciencia.

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