Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de EL PUEBLO,
donde se pone en marcha
una especie de maquinaria de
casualidades, y en ocasiones,
todo encaja .
Pepe Sacapuntas
Cristalindo
-Hola Cris! Tanto tiempo sin saber nada de vos. ¿Qué estabas ofendida? Por aquell..sí pero no me grit..Sí Cris, es cierto pero estaba medio copeteado, ¿qué querés?
-Sos un anormal, Pepe. No te voy a perdonar jamás ese chiste que hiciste cuando en campaña para las PASO del mes pasado, preguntaste a los dirigentes del partido ¿Qué diferencia hay entre un delincuente serial y un intendente peronista?
-¿Quién no va a saber? Que el primero va preso… ¡y al segundo… lo reeligen! Cris.
-Bad information, Pepe, bad information. Mira, querido; ésta es tu última oportunidad. Necesito que me escribas una oratoria de campaña porque tengo mis asesores presos por narcotráfico, lavado de dinero, sobreprecio de obra pública, y otros tipos de persecución política. Quiero un discurso inclusivo, moderno, desgarrador, combativo y que pegue fuerte. En octubre tengo que arrasar. Ponete la camiseta y hacé como tu compatriota Víctor Hugo, que me apoya ciegamente.
-Cris; Víctor Hugo, y Lucho Avilés no son uruguayos, nacieron en Chubut, son argentinos. Uruguayos son: Gardel, Borges y Favaloro. Todos oriundos de Tacuarembó.
-Pero dejate de boludeces, nene. Usá esa neurona para algo que no sea decadente ¿Entendiste? Como uruguayo que sos, no me hagas recordar al Pasteur del Pantanoso ni a tu tocayo; el filósofo guerrillero que me trató de vieja. ¿Tomaste nota, aprendiz de periodista del grupo Clarín?
-No sé, Cris. Estoy con mucho trabajo. Ah… me vas a pag.., y me mandas dos lucas en un bolso, como la última vez. Bueno, pero que quede claro que es solo por cuestiones de amistad.
Y me colgó. Eso fue hace unos días atrás. Creo que pude armarle algo genial. Por suerte estoy con mi amiga La Cacho que me va a oficiar de público.
-Cacho, a ver ¿qué te parece esta pieza oratoria? Traeme el cajón de las botellas de whisky para pararme como si fuera un estrado. Ok, gracias y prende las orejas.
-«Compañeros, compañeras, intendentes, intendentas, concejales, concejalas, delincuentes, delincuentas, colectivo gay y colectivo a Fuerte Apache, dirigentes y dirigentas sindicales y sindicalas, queridos todas, toditos y todos:
Hemos aceptado este desafío electoral, no para obtener una banca al Senado que nos permita evadir el llamado de la justicia penal. Eso es una estupidez de la derecha imperialista ordinaria y cavernícola.
Hoy regresamos al ruedo porque la gente nos lo exige. Habíamos logrado terminar con la pobreza, la desocupación y la inflación de una forma científica y contundente; eliminamos los índices de medición y chau. Éramos Alemania hasta que esta gente insensible tomó las riendas del país aplicando un brutal tarifazo que está poniendo en juego el veraneo de miles de compatriotas que no podrán ir a Miami y no tendrán más remedio que visitar las playitas del otro lado del charco.
Debemos poner un límite a esta oligarquía corporativa y a la corrupción que está inundando nuestro país. Y, ¿quién sino yo, es la que tiene más experiencia en estos temas? Podría hablarles horas pero la modernidad nos exige ser concretos y contundentes.
Por eso, con el permiso de Tita Merello, les voy a cantar lo que siento. Para Uds. mi pueblo querido… ¡Música maestro!
Se dice de mí
Se dice de mí
Se dice que yo lavo
Que me quedo con el vuelto
Que soy dura y no me muevo
Que soy medio populista
Aunque me sobran modistas
Mi presencia es algo ruda
Mis procesos no me ayudan
Pero yo gano… de acá a la luna.
Si zurda soy, pongámosle
Que de eso aún no me enteré
Y en comité, yo solo sé
Que a más de un gil, dejé de a pie
Podrán putear, podrán llorar
Y maldecir o rebuznar
Pero el votito que usted me dio
Mucho Mauricio me lo envidió
Y no dirán que lo engrupí
Porque un avión yo siempre fui
¡Yo soy así!
Cae el telón, aplausos, desenfreno, cartas documentos por doquier, papelitos y te sacan en andas con la marcha peronista a todo volumen.
Nota; Cris, Por si no te acordás la tonada de «Se Dice de Mi», la googleas en YouTube, con solo poner la canción y Tita Merello.
-Cacho, atendé el teléfono que debe ser Cris.
-¿Aló? Si, Cris, lo terminé. Me dio un trabajo brutal, mi amor. Me pasé como tres siestas sin dormir, querida. Qué ¿cómo quedó? Ta lindo, Cris,¨ta lindo.
La Madriguera presenta
Del sentimiento trágico de la vida
«No suelen ser nuestras ideas las que nos hacen optimistas o pesimistas, sino que es nuestro optimismo o nuestro pesimismo, de origen fisiológico o patológico quizás, tanto el uno como el otro, el que hace nuestras ideas
Don Miguel de Unamuno
El 12 de octubre de 1936, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, un hombre se enfrenta trágicamente a su destino. Como Antígona, el anciano rector Unamuno, que unas semanas antes, desencantado con la deriva de la República, se había manifestado públicamente en pro de los golpistas, pero consciente en seguida de haberse equivocado, proclama alto y claro ante ellos su convicción visceral de hombre libre en un breve discurso del que descuella su contundente «venceréis, pero no convenceréis».En el periodo de 1880 a 1884 Miguel de Unamuno perdió la fe dogmática, lo que provocó su posterior crisis de 1897.
Hay algo que, a falta de otro nombre, llamaremos el sentimiento trágico de la vida, que lleva tras sí toda una concepción de la vida misma y del Universo, toda una
filosofía más o menos formulada, más o menos consistente. Y ese sentimiento pueden tenerlo, y lo tienen, no sólo los hombres individuales, sino pueblos enteros. Y ese sentimiento, más que brotar de ideas, las determina, aún cuando luego, claro está, las ideas reaccionen sobre él corroborándolo. Unas veces puede provenir de una enfermedad adventicia, de una dispepsia, verbigracia; pero otras veces es constitucional. Y no sirve hablar, como veremos, de hombres sanos e insanos. Aparte de no haber una noción normativa de la salud, nadie ha probado que el hombre tenga que ser naturalmente alegre. Es más: el hombre, por ser hombre, por tener conciencia, es ya, respecto al burro o a un cangrejo, un animal enfermo. La conciencia es una enfermedad.
Esta crisis consistió en el intento de recuperar la fe perdida, y a ello se dedicó el resto de su vida. Se analiza el concepto de conciencia de Unamuno y su «sentimiento trágico de la vida». Del sentimiento tragico de la vida (en papel) /Miguel de Unamuno , 1901/Nº de páginas: 328 págs.Encuadernación: Tapa blanda
Alfredo Gómez
De la Vida Real: El Día que
John Lennon vino a Uruguay
Ahora que ya vino y se fue Paul, me vino a la memoria algo que protagonicé con dos queridos amigos de la adolescencia, el Cuca y el Capi: la visita de John Lennon a Uruguay, más precisamente a Colonia.
No estoy seguro de como fue que nos enteramos de la visita del Beatle, la cosa es que en menos de lo que se tarda en contarlo, manoteamos lo que pudimos de nuestras casas, mate, frazadas, unas tortas fritas que nos hizo la madre del Capi, tabaco y unos pesos que no alcanzaban para nada. Nos fuimos para el puente del Santa Lucía y en un rato nomás ya nos levantaba un camión rumbo a San José. Locos de la vida los tres, nos trepamos por las barandas del camión, convencidos de lo fácil que nos resultaría llegar a nuestro destino.
Ya en San José nuestra suerte no fue tan buena. Tal vez por la hora, o por nuestro aspecto «jipesco» no tuvimos mucha suerte y pasamos largas horas sin que nadie nos parara. Al fin, ya medio cuando se ponía el sol, una cachila se detuvo y nos ofreció llevarnos hasta Bifurcación, también llamado Soler. Conversando con el amable caballero que nos transportaba nos enteramos de que era el cura del pueblo. El Cuca, con su habitual desparpajo, cuando el párroco nos dijo cual era su ocupación, exclamó: -«Mirá vos!». El Capi y yo nos reímos por lo bajo, acostumbrados a estas salidas del Cuca.
Llegamos a Bifurcación ya entrada la nochecita, y caminamos las pocas cuadras desde la iglesia hasta la salida del pueblo, donde continuamos haciendo dedo, ya con menos esperanzas de que alguien nos levantara en la noche. Por eso mismo, hicimos un fueguito, calentamos agua, preparamos mate y liquidamos las tortas fritas, lo que sería nuestra cena, y nos tiramos abajo de unos espinillos a pasar la noche.
A la mañana siguiente, nos despertó la policía. Y marchamos presos los tres, caminando hasta la comisaría, escoltados por dos miliquitos. El Cuca era menor, diecisiete años, y el Capi y yo un año más viejos. Nos dejaron sentados en un banco de la oficina esperando que averiguaran antecedentes y ver que harían con nosotros. Ahí estábamos con esa mezcla de aburrimiento, cansancio e impotencia que se siente estando detenido, cuando el Cuca, con su habitual desparpajo, se dirige al comisario que había llegado hacía un momento: «-Perdone, comisario, ¿usted no tiene un hermano en Santa Lucía, de apellido Sosa?» El comisario lo miró asombrado. «-Sí, tengo ¿y vos cómo sabés?» «-Y… porque es igualito a usted, y es el mejor panadero de nuestro pueblo.» le contestó el Cuca. Y el Capi y yo: «Sí, sí, qué rico el pan que hace Sosa, el de la panadería enfrente a la cancha de Budapest.»
Ahí el comisario se rió y nos preguntó qué estábamos haciendo en Soler. Le dijimos que íbamos rumbo a Colonia a ver a John Lennon, cosa que seguramente entendió a medias, y ahí nomás nos dejó ir.
Volvimos a apostarnos en la carretera, cansados y hambrientos y pasamos todo el día sin que nadie nos levantara. Pasaron muchísimos camiones, autos, pero nada, nadie frenaba, casi que teníamos la impresión de que aceleraban al vernos. La tarde iba llegando a su fin, moríamos de hambre y había que tomar una decisión. Fue a mi que se me ocurrió que debíamos tratar de hacer dedo en las dos direcciones, porque no podíamos quedarnos allí una noche más. Así se lo propuse a mis dos amigos, que seguramente estarían pensando lo mismo, pero no perdieron la oportunidad de quedar como dos valientes que aflojaban por un cobarde (yo).
Y sucedió lo que seguramente ya estarán adivinando: el primer camión que pasó con rumbo a casa, paró y nos levantó. Recuerdo que al subir, el Capi, con un gesto dramático digno de Peter Fonda, arrojó a la carretera una vincha de tientos que llevaba, expresando así la frustración que los tres sentíamos por no haber podido llegar a nuestro destino y haber tenido que abandonar nuestro sueño de ver a John Lennon en Colonia.
John Lennon nunca fue a Colonia. No sé si alguien más participó de ese rumor que puso a prueba nuestra ingenuidad, y nuestro espíritu aventurero, o fue algo que entre los tres alucinamos entonces y que nos unió en ese intento del que regresamos maltrechos y hambrientos, buscando las heladeras de nuestras casas. Tal vez fue un intento de desplegar nuestras alas hacia el mundo más allá de las fronteras de nuestro querido pueblito. Fuera lo que fuera, los tres vivimos la ilusión de que un Beatle visitara Uruguay, algo que finalmente se concretó nada más y nada menos que cuarenta y dos años más tarde.
(Dedicado al Cuca y a John, dondequiera que estén.)
(Abril 2012)
Maldigo la primavera
Con sus jardines en flor
Y del otoño el color
Yo lo maldigo de veras
A la nube pasajera
La maldigo tanto y tanto
Porque me asiste un quebranto
Maldigo el invierno entero
Con el verano embustero
Maldigo profano y santo
Cuánto será mi dolor.
V.P.
Hoy quedó totalmente arrasado Rabo Corto, el Bosque de los Afiladores fue incendiado y desprotegido el Hospital de Alienados del Dr. Codo Fodin.
Ha muerto Enrique Ilera. Y con él ha muerto mucho. Llegó a Santa Lucìa solo porque hay trenes con destinos inciertos. Colaborador de este semanario, talentoso escritor , autor de un notable libro de relatos «Desdoblamientos y traslaciones. (1989.Ed. Banda Oriental), músico y un ser entrañable. Hoy muriò. El mundo serà más triste .(1/9/2017)
Ahora no me conoces
La mesa de los galanes

Ahora no me conocès de la edición anterior
Esta buenísima!!!, no reconozco a nadie,
el lugar puede ser el gimnasio
de los mormones???(Josè Pepe Torres)
Cine Palace con Pedro Spotti al
piano y en el escenario Mateo Legnani,
Santos Rabaquino, Irazoqui y
Elena Lenzuen entre otros.(Ruben Rodriguez)
Onetti una tarde que se despertó de una siesta. Ese día estaba en casa Horacio Varela, y lo llamó. «¿Me oíste hablar en sueños?». Horacio negó con la cabeza. «Qué lástima. Era un cuento perfecto. Se me ha escapado para siempre».

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