Algunos historiadores buscan el nacimiento de la Ecología en los escritos de Aristóteles o en aportes de otros pensadores – científicos, de siglos posteriores.
Pero los conocimientos ecológicos toman conciencia de sí mismos, de su importancia y de que constituyen una ciencia específica a mediados del siglo XIX.
Muchas palabras cambiaron su significado a partir de Darwin y de su discípulo Haeckel.
Darwin introduce el concepto de la importancia del transcurrir del tiempo en la evolución de la especies y sobre todo rompe el muro invisible que separaba al humano de los demás seres vivos.
El concepto del hombre dominador y explotador de los bienes naturales, de acuerdo con las visiones religiosas judío-cristianas, es suplantado a partir del pensamiento evolucionista por el concepto del ser humano como un integrante más de la Naturaleza y de cuyos demás constituyentes obtiene los recursos necesarios para vivir.
Ernst Haeckel, médico alemán nacido en 1834, nunca ejerció la medicina, fue catedrático de Zoología y desde 1862 comienza su acción divulgadora de las ideas evolucionistas de Darwin a las que integró sus propios conceptos sobre embriología y anatomía. En un libro que publicó en 1866 propone la palabra Oekología (del griego: Oeko=casa y logía=estudio) para designar la totalidad de la ciencia dedicada al estudio de las relaciones de cada organismo con su entorno.
Esa publicación fue seguida por una serie de aportes de otros científicos sobre la eficacia del término y sobre los estudios que abarca.
En 1893 la Asociación Británica para el Avance de las Ciencias considera que la Ecología es con la Fisiología y la Morfología uno de los tres pilares de la Biología.
En el año 1913 es el año en el que surge la primera generación de Ecólogos profesionales, se forma en Inglaterra la primera sociedad de científicos Ecólogos y se publica el primer boletín dedicado a la Ecología.
En la década que se inicia en 1940, las explosiones de bombas atómicas, primero experimentales y luego sobre población civil, generó reflexión en la globalidad de la humanidad sobre los riesgos de la asociación del poder de la ciencia con el poder de los gobernantes.
En 1962 RACHEL CARSON con su libro «La primavera silenciosa» y su enorme repercusión pública, advirtió a la población que además de la atómica está la amenaza global de los pesticidas aumentando las probabilidades de un futuro suicida como destino de la humanidad.
Cada ser vivo necesita para sobrevivir un promedio mínimo de otras 30 (treinta especies) asociadas. El humano diversificó enormemente las especies que explota para su supervivencia.
La sustitución de la biodiversidad natural por los monocultivos limita las posibilidades de futuro a toda la humanidad.
La población civil reclama desde diversos ámbitos que se ponga límites a las diversas formas de destrucción de los ecosistemas con agresiones innecesarias del ambiente muchas veces por falta de planificación.

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