La democracia es representación. Es imprescindible que todos los ciudadanos tengan derecho al voto para integrar la colectividad política mundial que vive en este tipo de régimen. Pero para que exista una verdadera democracia, hay que tener verdadera salud, verdadera educación, verdadero acceso al empleo, verdadero todo. Materializar el acceso a lo necesario para vivir es parte de este delicado sistema que por suerte en Uruguay vive y resiste, aunque veamos que en América Latina, algunas están en el ojo de la tormenta.
Cabe preguntarse si en Uruguay hay acceso a lo básico. Los números oficiales dicen que sí. El Ministro de Economía Danilo Astori da cátedra en esto de revelar cifras que le cierran por todos lados. Siempre. Lo curioso es que, quienes tenemos comercio y además estamos en la calle y no en preciosos despachos, bajo el tibio aire acondicionado, nos enteramos de que a la gente, la plata no le alcanza. Que vive pagando impuestos y cuentas y que le cuesta llegar a fin de mes.
Supongamos que básicamente están las necesidades económicas cubiertas en el país. Vayamos a la salud y al escándalo que rodea a ASSE y que la justicia dirá si hay responsables, dolo o no. Sólo cuando la última palabra esté dicha, podremos opinar.
Hay educación? Sí la hay. Hoy en día se accede a educación universitaria en el interior. También es verdad que la flexibilización de cursos permite que más gente estudie. Y eso en qué redundaría? En seres pensantes, educados, instruidos, trabajando en lo que desean y ganando un sueldo digno. Sería mejora para el país porque al mano de obra sería más calificada y porque, de pagarse como corresponde, evitaríamos fugas de jóvenes que una vez que obtienen su título, se van de Uruguay a ejercer en otros lugares. Este fenómeno que existe aunque se niegue, alimenta el país envejecido, donde sostener la seguridad social parece una agonía porque cada vez es mayor el peso que sostenemos los que aportamos de forma activa pero las jubilaciones más bajas nos siguen avergonzando.
Decía el cantautor Daniel Viglietti «se precisan niños para amanecer». Se necesitan, agrego, jóvenes para emprender, para salir adelante, para evitar que se «des-pueble» nuestro querido sector rural. Se necesitan profesionales en todas las áreas para atender una infancia y adolescencia cada vez más demandante, más exigente. Precisamos más profesionales para que la informática no nos devore y nos deje fuera de la competencia internacional; necesitamos más científicos cada vez para mejorar en salud, en alimentación, en medio ambiente. Cada día más precisamos médicos porque la salud nos gana la partida cada vez con más enfermedades y muertes que, de haber más investigación, tal vez podrían evitarse.
Entonces, cómo es posible que, teniendo un país joven, con gente vieja y pocas chances, la vicepresidenta -que llega al lugar tras la salida de Raúl Sendic- diga que éste «no tiene el cartoncito» pero «es el que más sabe de genética en Uruguay»? Dónde estudió Lucía Topolansky para afirmar eso? Y peor aún, con qué credenciales sale a desestimar, ´pisotear, rebajar y ser insultante con un título que tanto sacrificio cuesta a miles de padres, de jóvenes que se solventan solos y de aquellos que deben dejar su pueblo para venir a Montevideo?
Este es un llamado de tantos que se le hacen a responsabilidad. Si así, con esa liviandad y ligereza piensa ejercer su cargo, pobre de nuestro país con semejantes ejemplares en lugares de relevancia.
Qué necesidad tenía en su primer día, de salir a decir una frase con dos barbaridades imposibles de levantar? No tiene asesores que ganen suculentos sueldos (como todos los de confianza en este país) que le digan que no puede ensuciar un cargo que para los uruguayos merece respeto? Cómo pretenden que se le trate con seriedad?
Son preguntas porque como vimos, es tan alto el grado de soberbia que ni siquiera salió a disculparse aún cuando la Sociedad Uruguaya de Genética (SUG) le contestó con altura, al disparate más grande que se escuchó este año.
Pobres maestras cuando son golpeadas y agredidas , si ahora se enteran que sólo tienen un «cartoncito» que las avala para tener a nuestros hijos la mitad del día y enseñarles lo que les quedará de por vida. Pobres médicos que salvan vidas pero que resulta que tienen»un cartoncito» nada más que les da respaldo.
Pobre país cuando la segunda ciudadana más importante, desvaloriza algo sagrado como es la educación de un pueblo. Nada menos que lo que nos hace libres.

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