Cuándo le tocará a Uruguay y a Sudamérica toda, ser centro de una civilización floreciente? me preguntaba de niño.
No se avizora que estemos marchando hacia una cúspide de civilización.
No estamos en guerra. Sin embargo se repiten las muertes y heridos como consecuencia de una violencia que es expresión de la sociedad uruguaya.
Ahora se destacó un hecho violento ocurrido en el espacio generado por el fútbol. Un balazo dirigido a otro, hirió a un guardia del Club Cerro luego del partido que tuviese contra Rampla Juniors.
Familias de Santa Lucía saben del dolor causado por esta violencia que destruye vidas: la de quien cae por la acción de los criminales y las de quienes sobrevivirán cargados de  culpas.
Siempre recuerdo la escena que imaginé del joven con camiseta de Cerro, esperando  ómnibus cerca del Estadio con su esposa y su pequeño hijo y una patota del cuadro contrario al pasar  le mató ante su mujer y su niño…
El Profesor Rafael Bayce, describe cuatro etapas en la evolución del público que gira alrededor de los partidos de fútbol, en estos poco más de 100 (cien) años.
En la primera etapa los asistentes a los partidos eran “simpatizantes” del  cuadro.
El futbol es pasión y se pasó a una segunda etapa,  los simpatizantes  se convirtieron en “hinchas”.
El futbol  profesional aumentó su espacio en los medios de comunicación.  Los cuadros de futbol crecieron y desarrollaron mecanismos para atraer hinchas y socios.  Ahora son  empresas que utilizan todas las modernas técnicas de publicidad y marketing.
Son ampliamente visibles los equipos, sus integrantes  y  sus competencias. Se convirtieron en fuerzas aglutinantes de jóvenes que pasaron a convertirse en “barras” (3era. etapa) cuyo objetivo es el aliento continuo a su cuadro.
Al  objetivo primario de alentar a su club,  sumaron la agresividad y violencia contra los otros,  dentro y fuera de los estadios, transformándose en “barras bravas” (4ta. etapa)
Ser integrante de una “barra brava” dice García Moreno (Gabriela García Moreno, tesis  en Ciencias Sociales, Ecuador), es obtener otros beneficios.  Del dominio territorial de  parte del estadio pasan a querer dominar todo el estadio. La agresividad exorbitada les lleva a querer dominar cerca y lejos del estadio, la calle y cuanto territorio se les ponga a tiro. Están cercanos a los dirigentes porque les venden seguridad a ellos y a los jugadores.  En las elecciones trabajan por los dirigentes que les son más cercanos. Por esa cercanía  pueden obtener  puestos de ventas de comestibles, de bebidas, de drogas… y de cuidacoches  en torno del estadio.
Si el club viaja, tienen viaje y entrada pagos y los ómnibus que les transportan  van cargados de contrabando.  Si hay venta de camisetas de los ídolos, banderines, gorros, etc.,  ahí están los “barras bravas”.
Si en “baby fútbol”  fueron maltratados por no jugar bien, ¿cuántos compensan sus frustraciones de jugador, idolatrando a otros que triunfan y a su club?
De los jugadores que participan en los casi 2 (dos) mil partidos de fútbol que se juegan cada fin de semana en Uruguay sólo unos pocos llegan a ser Cavani o Suárez.
Qué otros  caminos ofrece nuestra sociedad para quienes se sienten fracasados?

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