Todos hemos sufrido en algún momento el embate de la delincuencia. Nos sabemos o creemos blanco fácil solo por el hecho de salir cada mañana a trabajar. O de volver a casa, a la noche. Porque vestimos prolijamente o manejamos un vehículo. Porque estamos a cargo de un comercio, tenemos una oficina o atendemos en un mostrador.
A todos, nos hacen sentir en una especie de «gran hermano delictivo». Por eso, estamos «presos de nuestra libertad». Por contrapuesto que parezca, la verdad es que últimamente es tan grande la caída del estatus de «libres» que por momentos dan ganas de trabajar desde nuestro hogar cosa de minimizar los riesgos. Y digo «minimizar» porque los copamientos, también ocupan parte importante de la estadística en el modelo del delito,
Antiguamente se decía que los ladrones tenían códigos. Eso sí es una paradoja, el solo hecho de pensar en robar ya habla de una falta total de los mismos.
Volviendo a ese pensamiento de antes, nuestros abuelos y padres se dirigían así hacia la máxima que seguramente nadie escuchó pero todos repetían: «el barrio, las mujeres y los niños, no».
Eso daba una especie de halo de respeto que el ladrón aún mantenía: no meterse con los más débiles (así se consideraba a la mujer entonces) ni con su cuadra, con lo cual, dentro de la vivienda uno tenía cierta tranquilidad.
Cómo llegó el Uruguay de hoy a la actualidad? Qué línea retroactiva de tiempo, podemos establecer que nos lleve hacia los inicios de esta problemática que parece haberse ido de las manos?
Es muy común que se culpe al consumo  de drogas y la necesidad que tienen los adictos de obtenerla. Otros, a la falta de educación y las fallas en el sistema que ha permitido el escape de tantos jóvenes.
Como ciudadano común, tengo casos que me tocan de cerca, igual que miles de uruguayos. Pero les está pasando a muchos. Conozco a las autoridades departamentales, y sus buenas intenciones. Sin embargo el problema de fondo también tiene como causa estructural, la falta de recursos. EL personal, ingresa con la sensación de que es mejor no complicarse por varias razones, entre ellas sentir que no se les tiene confianza.
Un Poder Judicial que parece condenar sólo lo que se ve, en el sentido de que si un ciudadano honesto hiere o mata un delincuente. Se toma en cuenta el monto     que se robó y eso parece dar un campo orégano para robar. El hecho de pensar un delito y ejercerlo ya es delinquir y las consecuencias son lo que quedan: familias destruidas, familias enteras aterradas y tomando medidas que muchas veces terminan siendo perjudiciales para ellos mismos
LA delincuencia no conoce de clases sociales ni preferencias políticas: en Canelones vemos cada vez más robos y hechos que se pueden evitar.
Creo que la policía hace lo que puede; responsabilizo al gobierno y al ministro del Interior Eduardo Bonomi. Que vive en nuestro departamento y que se traslada con custodia personal.
Duele decir que esto no tiene arreglo, o que es un proceso en bajada. Vale más pensar que en algún momento esto va a tener que parar, según decía un veterano exjefe de policía cuando las cárceles explotaban de presos en plena crisis del año 2000
Nos queda por pensar que, a más resguardos que ponemos, más habilidades desarrollan los delincuentes. Que parecen haber encontrado terreno fértil en lo poco o muchos que los uruguayos tienen. En qué podemos ayudar? Queremos hacerlo. Pero tiene que ser ya, porque, parafraseando al Padre de todos los orientales, esta causa no admite la menor demora.

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