Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Carlitos, Snoopy, Linus y los otros

La desorientación de Charlie Brown es evidente y magnífica, pero también campestre y matinal y suspendida sobre el kilómetro cero de una metafísica en absoluto autocontemplada. Woody Allen sería un Charlie Brown degenerado por la droga impresa, la reflexión masturbada, el psicoanálisis tardío y el síndrome del cinéfilo; es decir, por el irreversible y pluriforme error de hacerse adulto y no ignorarlo.Por extraño fenómeno o milagro, Charlie Brown no ha crecido un centímetro en los citados treinta años, quizá porque nació ya con la estatura exacta de los llamados arquetipos, esos raros sujetos que no describe el Génesis.

Quizá Charlie Brown tiene el secreto del crecimiento cero o plenitud continua, como Woody ha logrado, con lucidez umbría, eso que los economistas llaman, con humorismo involuntario, crecimiento negativo.

El caso es que Charlie Brown, nacido para fracasar y habitante del tedio, ni se aburre nunca ni fracasa del todo, ya que no espera nada (fabuloso) de la vida ni logrará jamás terminar la secundaria, puesto que no la empieza.

¿Qué hay de laicamente angélico en este chico, o de extravagantemente humano que, sin esperar, no desespera nunca; que, sin jamás tocar bola, no renuncia al béisbol. Sus depresiones son crónicas y, sin embargo, la crónica de su depresión constituye uno de los frisos más divertidos de la melancolía contemporánea.

Curioso este niño Charlie Brown, por cuya voz y aventuras discurre un mundo adulto, sin que lo que dice y hace pierda jamás la naturalidad de la infancia. Es quizá un caso único en el humor que utiliza niños para aleccionar a los mayores, niños siempre repelentes, que se producen corno su autor quiere, y no como niños auténticos. Charlie Brown, inimitable y puro, resiste la comercialización masiva de sus clichés y la epiconía inútil de quienes «le copian».Charlie Brown es un representante inmerecido e insólito del hombre-niño que deberíamos seguir siendo. Por extraño que nos resulte, habita con nosotros en el mismo planeta. No es probable que sus pies salten sobre los charcos felices de la tierra prometida. Ni que sus ojos contemplen algún día revolución alguna. Cuando le preguntaron dónde se siente fuera de lugar, contestó dulcemente: «En la tierra». Pero su sonrisa, yo estoy por asegurarlo, sobrevivirá a los desastres.(elpaísdemadrid.com)

Carlitos y Snoopy, Charles Schultz. HBO, Netflix, Amazon

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