La artista Juana Romero expone sus pinturas
y algunos de sus tallados en madera en la
casa de la cultura José E. Rodó.
Romero comentó que las pinturas que están
expuestas fueron inspiradas en su madre, es
un homenaje a ella. La recuerda “avejentada
haciendo la quinta” y destacó que trabajó
desde pequeña.
Juana se crío junto a 10 hermanos más. Su
madre fue quién los criaba porque su padre
venia una vez al mes ya que trabajaba en
Salto y era muy costoso venir todas las
semanas.
Sus obras trasladan el trabajo de campo y la
figura femenina. La madre de Romero hacía
la quinta, ordeñaba vacas, hacía manteca y
queso. La artista mencionó que “nos crió
divino, nunca tuvimos necesidades”.
Todo comenzó cuando era soltera y lo hacía
como autodidacta, luego de casarse se
empleó en la Intendencia de Canelones.
Dictó cursos en distintas localidades como
Las Piedras, Canelones y Santa Lucía. Los
cursos eran de pirograbado, tallado en
madera, pintura y pintura con textura.
La técnica de las pinturas es acrílico sobre
fibra, es la que más le gusta realizar. La
creadora intentó no enviar las obras a la
carpintería para realizarle los marcos, sino
que los hizo sobre la misma fibra. Mencionó
que ella antes realizaba pinturas al óleo, pero
es un trabajo muy difícil además de que hay
que encontrar un lienzo adecuado para poder
pintar y hay que preparar la tela a modo de
que no se cuartee.
El tiempo que le lleva realizar cada trabajo
depende de los detalles, los colores que use.
Explicó que el tallado en madera es lo que
más tiempo le cuesta, porque también tiene
mucho desgaste físico, y comentó que
“cuando pensás que está terminado y al otro
día lo miras, tiene detalles”.
Entre sus cuadros habían mujeres con
diferentes colores de piel; blancas, morenas,
negras. Romero exclamó que “Siempre
admiro a la persona de color, pero siempre
pienso que en el fondo mucha gente todavía
discrimina. A mí siempre me dicen por qué te
pones todo el día al sol, porque me encanta”.
Durante sus 15 años de docencia, muchos
de sus alumnos no pintaban a personas de
piel oscura. Solía realizar exposiciones para
que las personas vieran lo que el alumno
puede hacer cuando comienza un curso.
Otra de sus obras plasmaba un niño sobre la
orilla del mar, en punclillas observando un
barco velero que se aproxima desde lo lejos.
Para la creadora es un niño que espera a su
madre. Mucha gente le genera otras
sensaciones y eso es lo que tiene el arte, “la
gente puede ver cosas diferentes”, expresó.
También explicó que “no ve cosas feas y que
no puede pintar una persona sufriendo”.
Además es paisajista.
Entre miradas nostálgicas, Romero dijo que
“es un homenaje a ella, a ellas y a nosotras
también”. Luego quedó inmovilizada entre las
obras que más la hacían recordar a su
madre, que decidió pintarla en su niñez,
adolescencia y adultez.
S.B.

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