Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, somos parte de un collar de incomprensible belleza y falta de sentido.
Ahora no me conoces

dónde estamos?

Ahora no me conoces de la semana anterior

Familia Abreu Ferragut :Atanasio, Julia, Waldemar, Lilian y Yenny(Susana

López)

Historias de Música.
-Lunes a Viernes de 12 a 13 horas.

Conduce: Un tal Luis Fernando Iglesias. Emisora del Sur 94.7 FM

Daniel Da Rosa

Tal vez
la huella de sus besos
permanece en el agua
y a medida que dejo de pertenecer a este mundo
el deseo se esconde
me espanta el puñal
con el cual escribo
y apenas sostengo con mis ojos mi minúscula vida
pero a veces el viento es propicio
y mis dedos ásperos rozan el velo de su piel
hasta que el tiempo me vuelve anudar
al tamaño maravilloso de un dios viejo y vencido.

 

Eduardo Mollo

De palabras y pentagramas

4.- Eduardo Darnauchans
4.- Eduardo Darnauchans
( Quinta Parte )

5.- Canción para la España obrera( Canción de muchacho, 1973 )

Texto: Líber Falco

Líber Falco: ( 1906 – 1955 ). Escritor y poeta uruguayo.

Cruzados del alba nueva
Son los obreros de España,
Cantando cruzan la Noche
Noche oscura y luna negra.
( Sotana y borrón de frailes).
Cantando cruzan la Historia.
Grito y gemido en el canto,
Que nunca parió una madre
Sin el bautismo del llanto.
Cruzados del alba nueva
Son los obreros de España,
Cantando cruzan la Noche
Noche oscura y luna negra.
( Sotana y borrón de frailes).
En la Noche negra Noche:
Los fusiles proletarios,
Cada fusil un candil
Que empuja a la Noche afuera.
Oh! fusil de proletario
Dos brazos de luz te escoltan,
Y una luz alta en la frente
Señala caminos claros.

Observación: en el poema original de Falco, las palabras noche e historia,

aparecen en mayúsculas.

6.- Corazón coraza( Canción de muchacho, 1973 )

Texto: Mario Benedetti

Mario Benedetti: ( 1920 – 2009 ). Escritor, poeta, dramaturgo y periodista uruguayo.

Porque te tengo y no, porque te pienso
Porque la noche está de ojos abiertos;
Porque la noche pasa y digo amor
Porque has venido a recoger tu imagen
Y eres mejor que todas tus imágenes
Que todas tus imágenes.
Porque eres linda desde el pie hasta el alma
Porque eres buena desde el alma a mí;
Porque te escondes dulce en el orgullo
Pequeña y dulce,corazón coraza;
Porque eres mía, porque no eres mía
Porque te miro y muero y peor que muero
Si no te miro amor,si no te miro.

Porque tú siempre existes dondequiera
Pero existes mejor donde te quiero
Porque tu boca es sangre y tienes frío, y tienes frío.
Tengo que amarte amor tengo que amarte
Aunque esta herida duela como dos
Aunque te busque y no te encuentre
Y aunque la noche pase y yo te tenga y no.

 

Edgardo Taranco

Escritos viejos
Alfredo Gomez

Cuando escribo, como escribía antes, hace muchos años, se borran los
contornos de la realidad y aparece otra que a veces duele, y otras me acuna. Me
he refugiado antes en ese mundo ilusorio de planetas diminutos, de infinitos
agolpados, donde lo que transcurre es otra cosa fuera del tiempo y el espacio.
Me obligan a este mundo los niños, me piden que los cuide, que les haga sus
comiditas, les cante mis canciones. Tuve entre ellos amores, -no muchos- para
los que no fui suficiente, o al menos así me lo dejaron saber. Pasé la vida
queriendo ser querido, y para eso daba lo que podía dar, y también entre lo que
di, según dicen, (nuevamente) di cosas que no gustaban, lastimando y sin
saberlo.
Amar es una desventaja, si no se sabe cómo. Pienso que he cometido ese error,
por pura torpeza y en vez de amor he dado dolor, flores del mismo árbol,
distintas para quien las conoce.
Duele pensar que lo sublime puede valer lo mismo que un escupitajo. Que la
vida que se entrega, que la vida que se otorga, no valga más que una tarjeta y un
obsequio navideño.
He visto lugares del mundo que nunca pensé llegaría a conocer. Mi madre me
enseñó un idioma y ahora hablo tres, o cuatro, o tal vez ninguno, a todo esto. Sin
embargo allí, donde pensé maravillarme, la sorpresa estuvo ausente. No fueron
las catedrales, ni los antiguos monumentos los que llenan esos recuerdos, es,
por ejemplo, un viejo portugués que en una calle de Albufeira, se cruzó conmigo
y bailoteó unos pasos al son de una música que yo improvisaba en mi armónica,
y sin decir palabra, nos rozamos las manos y seguimos en direcciones opuestas.

Claudio Burguez

Posesión.
No sé si la adoptaron o si es una sirvienta de confianza. Solo veo que come con
ellos en el bar Expreso Pocitos, que está aburrida y que apenas les dirige
palabra. Están frente a mi mesa y escucho que la llaman Daniela.
Es muy joven, su piel oscura contrasta en color y calidad con los tres ancianos
pálidos que la rodean.
El señor sentado frente a ella es el mayor de todos, tiene un pañuelo de seda por
debajo de una impecable camisa rayada celeste y, por los hombros, un saco
escocés color café, coronado por un pañuelito azul en el bolsillo superior. Bebe
su refresco y casi no habla. Hay algo automático en sus gestos, parecen regidos
por algún tipo de logaritmo y los repite todo el tiempo.
Daniela distribuye miradas certeras por todo el bar, eructa y se comporta
grosera con sus acompañantes, especialmente con la señora que está al lado del
anciano. Hace gala de un asco tan profundo como cinematográfico. La señora,
de unos setenta años, tiene la piel tensa por notorias cirugías y los labios
demasiado rojos. Pero algo raro pasa con su boca. Tiene las cejas pintadas y un
pequeño sombrero de terciopelo negro sobre su pelo amarillo. Bebe un cóctel
del mismo color que sus labios, mira fijo a Daniela y no para de hablarle. De la
señora recibo palabras sueltas, comoPortezuelo o jazmín. Daniela viste
vaqueros y una remera blanca; pasa su mirada por la cara pintarrajeada de la
veterana y mira para otro lado.
El Expreso Pocitos está lleno esta noche, casi todas las personas son mayores de
setenta y parecen conocerse, se saludan con la complicidad de un club privado, y
ese club no es este bar, es este barrio. Sus miembros son vecinos, compraron
casas en Punta del Este, tuvieron nietos y vieron juntos cómo la ciudad se
transformaba, el país sumaba otros dueños y la periferia se animaba a adquirir
propiedades, y si no podía, a pasear por sus calles. Miro por la ventana y afuera,
la calle Benito Blanco, ya no es Pocitos.
El señor que está sentado al lado de Daniela tiene unos sesenta y cinco años,
pero viste como un teenager: championes de marca, pantalones muy justos de
jean y camisa escocesa de colores fuertes. Tiene abundante pelo teñido de negro
azabache, la cara muy arrugada y los ojos grises. Con una mano hace tintinear
su gran anillo de oro con iniciales contra el vaso de whisky, y juega con el dedo
revolviendo el hielo, con gesto de playboy gastado. La otra mano descansa
distraída sobre el respaldo de la silla de Daniela, no la toca porque ella está
apoyada con todo su cuerpo sobre la mesa. Este señor tiene un color de piel más
pálido que los otros dos y le habla a Daniela con una sonrisa apenas sugerida
mientras mira furtivamente a la señora que tiene enfrente.
Hay algo extraño en ese trío, lucen como muñecos representando a tres seres
humanos, como en la serie de ciencia ficción de marionetas Joe 90. Todos los
detalles están cuidados y todos los accesorios los llevan puestos. No puedo saber
bien de qué hablan, solo tengo una sensación fea cuando veo sus bocas: el
sonido de sus palabras está ligeramente fuera de sincronía con el movimiento de
sus labios y ese delay me da miedo, y ese miedo me despierta.

Desde esta mesa solo puedo ver que están sentados contra la ventana, hicieron
un corral alrededor de Daniela y le hablan sin parar.
Esto pasa en el Expreso hoy, viernes de noche. Ordenan por ella otro refresco y
Daniela mira para cualquier lado que no sea su mesa. Acepta todo, rechaza todo.
Busca a alguien para regalarle su fastidio y encuentra en un rincón mis ojos
atentos, dispuestos a odiar si la causa lo merece.

Ilustraron Rodolfo Fuentes, S/d y Rodolfo Fuentes

-Entonces ¿dónde hay algo? –le pregunté.
-Alrededor, mirando alrededor. Ahí es donde se ven las cosas más
hermosas.EC

Compartir