Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

La Madriguera presenta

La fascinación

Pascal Quignard nació en Normandía en 1948, hijo de una familia de profesores y músicos, autista de niño, pintor, músico y profesor en su juventud, destacó pronto como ensayista, llegó a ser profesor de francés antiguo, formó parte del consejo de lectura de Gallimard, empresa de la que llegó a ser secretario general de ediciones, mientras fundaba como músico el Concierto de las Naciones con Jordi Savall y dirigía el Festival de Música Barroca de Versalles, hasta que, tras algunos graves problemas de salud y dos depresiones, lo abandonó todo para dedicarse sólo a su obra literaria, de la que también parece haberse apartado en los últimos tres años.

Pequeños Tratados

 «Leo a Montaigne; supongo a Montaigne: veo el castillo, las salas, las escaleras, las vigas. Veo el vaso de vino tinto del que decía que no bebía sino una vez concluida la comida. Leo a Virgilio; supongo a Virgilio; supongo a Virgilio: veo la pequeña hacienda cerca de la Volta Mantovana. Veo la orilla del Mincio, los hayucos mezclados con los guijarros, las flautas de sauce. Los libros están locos. Abro “la puerta del libro”. En el libro, el autor se encierra con su lector. Es una escena peligrosa».

En efecto, el mundo de Quignard es un lugar peligroso, del que no se sale incólume. Su inteligencia penetra como una daga en lo más hondo de la conciencia del lector. Su cultura clásica resulta infinita. Su introversión jansenista, extrema. Leerlo equivale a contemplar una naturaleza muerta que ignora la caridad hacia el prójimo. Debemos subrayarlo las veces que sea necesario: Quignard es el gran escritor europeo de nuestros días. El más perturbador e inquietante, desde luego.nuevarevista.net.

Pequeños tratadosAutor: Pascal Quignard/Editorial: Sexto Piso España/Páginas: 904

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