La Ford T

Ya que vivimos en tiempos políticos de tanto fervor, si imaginamos aquel
Uruguay de la consolidación democracia, política, la reforma social y la
prosperidad económica (1903-1930), seguramente en fotografías de época
podremos divisar alguna Ford T.
En el contexto del último “Día del Patrimonio”, a principios de
octubre,Santa Lucía vivió su “Patrimonio sobre Ruedas”, sumándose al 7°
Encuentro Anual Ford T, con representantes de distintos puntos del país,
que este año le tocó organizar a Canelones.
El que también pudiera llegar a Santa Lucía, pudo lograrse gracias a las
gestiones del Municipio Local y a la colaboración del Supermercado El
Paseo, indicaron sus organizadores.
El primer Ford T salió a la calle en 1908 y fue el primer auto global de la
industria y se produjo hasta 1927.
El Primer y Único Club Uruguayo de Ford T fue fundado con el
padrinazgo del Club Argentino de Ford T. Se formó a instancias del
centenario, del legendario vehículo en el 2008, subrayaron Néstor Boidi y
German Canto.
Construido entre 1908 y 1926 y fue el automóvil que realmente movió al
mundo. El objetivo de Henry Ford era que fuera popular; de acuerdo a su
pensamiento quería producir un auto que sus obreros pudieran tener uno.
Boidi agregó que precisamente salió sencillo, con respecto a los coches en
aquel momento, que eran de gran porte, lujo y alto costo.
Haciendo la patria
Es cierto que como se coincide, la Patria se hizo a caballo y por eso tanto se
abraza la tradición criolla, pero el país se hizo a caballo y en la Ford T. El
Uruguay que creció, el país moderno, se fue transformando junto a las
Ford T, al ser tan accesibles, era fácil encontrar esta mecánica. No sólo
fue un vehículo para transportar personas, la Ford T se podía encontrar en
aserraderos, en la actividad agrícola, como bombas de agua, afirma Boidi.
Recuerda cuando su padre y su tío en el año 40, con los pesitos que tenían
remataron una Ford T que estaba para desguazar, e instalaron una
industria, hicieron una , un molino y fue el origen de la empresa familiar.
Ese ejemplo ha pasado en todo el país, en las chacras, las granjas, en las
arroceras.
Quien tenía una Ford T, la usaba donde fuera, en la ciudad,en el campo, se
le ponían cadenas o cuerdas en sus ruedas y salían por cualquier camino

Además, siempre se podían mejorar porque tenían más de mil accesorios,
incluso algunos sumamente curiosos, argumenta.
“Fue nido de amor, lugar de llantos, emergencia de enfermos, porque el que
tenía una cachila era al que llamaban para casamientos, velatorios, una
garufa, que podía terminar de distintas maneras. La Ford T era todo, como
lo fue el caballo en su época”, indica Boidi.
Tesoros a conservar
Este amor por los Ford lleva mucha paciencia, mucha búsqueda. Los más
excéntricos quieren tener la pieza original, que hay que buscar o
reconstruirla.
Las ruedas finas de 30 por tres y medio, se hicieron hasta el año 26 cuando
aparece otra rueda más gruesa, utilizada también por el primer Ford A en el
28.
El chasis del modelo T, era simple fuerte y liviano, aportaba 20 caballos de
potencia, con una velocidad máxima en torno de los 65 a 70 kilómetros por
hora. Este motor podría ser montado en cualquiera de los nueve tipos de
carrocería que disponía y permitía recorrer 10 kilómetros con un litro de
gasolina.
Hoy con las redes hay otra facilidad para adquirir cosas en el exterior,
sobre todo desde Estados Unidos, se encargan repuestos nuevos originales,
hechos en el momento, ya que quedaron muchas matrices originales de
fábricas, por los que se pueden mandar a hacer.
“A la mayoría de nosotros nos gusta ir a la feria, a recorrer, ir a pueblitos es
como ir a la búsqueda de esos tesoros”, afirma Boidi.
Hace algunos años era muy común que salieran muchos desde Uruguay
hacia el exterior. Por suerte aun se conservan muchos, ya que hay
comisiones del patrimonio que trabajan para conservarlos en el país y hay
leyes que, incluso, permiten importarlos.
Se indicó que actualmente tienen fichados más de 40 Ford T andando con
su mecánica original.
De Santa Lucía en este encuentro Ford T participaron los hermanos
Cacciatore, Jorge Delgado, pero se sabe que siempre hay más gente
alrededor.
Boidi y Canto indican que el motivo de estas muestras es que las nuevas
generaciones, que ya no anduvieron en esos coches también las conozcan,
valoren y las cuiden para los que vendrán.
La gente grande, de más años, las ve y las recuerda porque formaron parte
de su vida y de sus familias, es como cuando se ve el tren y se siente
emoción viendo y sintiendo una locomotora a vapor.

Para llegar a lo que hoy tenemos, hubo un proceso que vino a partir de esas
mecánicas que hoy pueden parecer tan simples, pero que fueron las que
realmente revolucionaron el mundo moderno, puntualizó Boidi.
Y.S.

Compartir