El mejor homenaje de una hija
Se trata de una beca a una tesis doctoral extraordinaria ordinaria, que va a
otorgarse una vez al año y que comienza en este 2019.
La científica Silvina García Rubio, encargada de desarrollo químico en
Bridge Medicines, indicó que su idea es la de honrar y perpetuar en un
contexto de educación y excelencia científica, la memoria de sus padres
Nancy Rubio Santoro y Walter García Varela, que fueron médicos toda su
vida en la ciudad de Santa Lucía.
Junto a Carlos Batthyàny, director ejecutivo del IP Montevideo, la
investigadora Silvina García Rubio firmó el acuerdo para la creación del
premio que lleva el nombre de sus padres.
Estarán participando todas las tesis defendidas en un año lectivo en el
Instituto Pasteur, cuya área es la biomedicina. Pero no van a haber
distintas categorías ni un área específica y serán mil dólares anuales. La
científica especificó que el jurado para este premio lo estará componiendo
con miembros que designe el Instituto Pasteur, pero aseguró que será algo
muy objetivo, con un criterio de números de publicaciones, impacto de
publicaciones científicas de la calidad del doctorado y del trabajo.
Silvina es Química Farmacéutica graduada de la Udelar, realizó su
doctorado en España. Allí tuvo una beca del Instituto de Cooperación
Española, donde se dedicó a síntesis orgánica. Luego realizó un
posdoctorado a Cornell donde fue piu fellow. Se trata de una beca que se
brinda a diez estudiantes latinoamericanos por año, por parte de este
prestigioso instituto. Explicó que pasó a la industria en el 2001 y desde
entonces ha trabajado en diferentes industrias y ahora en pequeñas
compañías de biotecnología.
Su mayor intención es ayudar a que una idea de laboratorio traslade
rápidamente en todos los requisitos para que un medicamento llegue al
paciente.
Con Santa Lucía en el alma
Cuando se vive en un pueblo, se es médico todo el día, siempre hay gente
que toca el timbre a cualquier hora. Silvina recuerda cuando, incluso, ella
misma aprendió a cortar sangrados. Es que por ser médico se está
expuesto a muchas cosas de la medicina diaria y de hecho era un trabajo de
24 horas. Además, ese médico y su señora, la doctora, eran los vecinos que
andaban en las calles, en la feria del pueblo. Por esa cotidianeidad tenían
otra realidad, no sólo sabían lo que les estaba afectando a sus pacientes
físicamente, sino todo el entorno, qué les había pasado, lo que forma gran
parte de lo que constituye nuestro estado de ánimo y determina la salud,
reflexionó. Agrega que su padre tenia la sabiduría del diagnóstico por haber
visto muchos pacientes, porque trabajar en Salud Pública expone a casos
que de otra forma no se ven. A ninguno de sus padres, especialmente a su
padre, nunca le interesó subir en rangos administrativos porque a él le
gustaba estar en contacto con sus pacientes, destacó.
Esta presentación fue de pocas palabras pero de mucha emoción, hubieron
sonrisas, anécdotas con vecinos de Santa Lucía, que brindaron por esta
decisión de recordar por siempre a Nancy y a Walter, médicos entrañables
para esta comunidad.
“Santa Lucía estaba en su alma, siempre vivieron y se desvivieron por sus
pacientes, eran médicos excelentes podrían haber hecho carrera en
cualquier lado y decidieron hacerlo allí, ser médicos de familia era su gran
virtud”, remarcó Silvina. Recordó las veces, cuando estudiando en el
fondo, vio a su padre intercambiando alguna receta de cocina con algún
paciente, o con el comentario de éste o aquel otro nene que había
enfermado porque no se dio la vacuna, todo lo que le permitía amar su
vocación de médico, para conocer e interpretar mejor la salud de sus
pacientes.
Ese García Varela junto a su señora la doctora Nancy, que tanto recuerda la
gente de Santa Lucía, están en la memoria viva de esta hija científica, de
tan prolífica trayectoria.
Silvina también heredó la sensibilidad santalucense de sus padres, por eso
en estas tristes circunstancias de las últimas crecientes en la ciudad, tuvo su
forma de aportar “un pequeño granito de arena”, como mencionó.
Precisamente, ofreció la casa paterna para hacer una especie de refugio
donde la gente pudiera ir a lavar ropa, se cocinó y se preparó chocolate
caliente para llevar a los damnificados que se encontraban en el Gimnasio
Juan XXIII.
Agregó que en estos días verá en qué más se puede ayudar a Santa Lucía.
También contactó al embajador uruguayo en Estados Unidos para ver cuál
sería la forma más fácil de ayudar, para que los compatriotas que están
fuera pudieran contribuir. Surgió de inmediato una excelente respuesta,
como poner una cuenta para colaborar.
Silvina García Rubio hace doce años que vive en New Jersey. Sencilla y
amable agradeció a cada uno que fue a presenciar el anuncio de este premio
en homenaje a sus padres. Reiteró, ante todo, su amor por su país que
siempre defiende en cuanto puede hacerlo.
El vestido que llevó en la presentación es de una diseñadora uruguaya en
Estados Unidos y siempre que puede va a comer al restaurante de Ignacio
Mattos en Nueva York, porque siempre que puede se acerca a Santa Lucía
desde donde esté, porque también, como sus padres, la lleva en el alma.
Y.S.

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