Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de EL Pueblo, hemos sido influenciados por lo que heredamos, por nuestra crianza y las personas que nos rodearon;
eso significa que nuestro poder de maniobra es en realidad mucho más pequeño de lo que creemos.
Ahora no me conoces
Los campeones del pedal

Ahora no me conocès de la edición anterior
Gutierrez, Ferreyra, Marichal, Delfino, Suárez y Deus. (Susana López)
Daniel da Rosa
No sé cómo escribo
Lloro sin consuelo
No sé cómo escribo
No sé cómo veo estando mis ojos cerrados de mares negros
Cómo escribo con estas manos que siguen el temblor de mi alma
Cómo es posible que en el desierto blanco del papel
habiten palabras con ventanas abiertas
escribo con la tinta del dolor
bajo el ardiente silencio de la noche
no sé cómo escribo
con la garganta cercenada por la angustia
las lágrimas que bajan apretando mi cuello
el pecho hundido por la levedad del tiempo
no sé cómo
porque no sé qué escribir
qué se puede escribir sobre el olvido
qué escribir de la velocidad de la vida
de lo poco que queda en uno
ahora
nadie me siente llorar
nadie me mira escribir
no sé si quiera
si alguien me va a leer.
Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Jorge Luis Borges
Su trabajo en la Biblioteca Municipal
En 1937, por intermedio del Director de la Biblioteca Municipal, logró su
primer trabajo estable como auxiliar 1º en la sucursal Miguel Cané. El sueldo
inicial fue de $ 210 mensuales que luego aumentaron a $250. Formaba parte de
un grupo de 21 empleados que tenían como tarea clasificar libros no
catalogados. Al principio se tomó muy en serio su trabajo y logró una gran
productividad en su tarea, pero sus compañeros le advirtieron que tenía que
bajar ese rendimiento porque, de lo contrario, se iban a quedar sin tareas con
que justificar su empleo. La biblioteca tenía 50 empleados y nuestro autor
formaba parte de un grupo de veintiuno para clasificar los libros no catalogados.
Borges manifestaba que era un trabajo poco útil ya que los libros se podían
encontrar igual sin necesidad de clasificarlos.
Como el trabajo era poco, lo hacía en una hora y en las cinco restantes se
iba al sótano del edificio a leer o escribir. Le dio el tiempo para leer todos los
volúmenes de “Historia de la República Argentina” de Vicente Fidel López.
También leyó a Claudel, Groussac y León Bloy. Además propuso a las
autoridades incorporar algunos libros en inglés para mejorar la disponibilidad
de la biblioteca y su sugerencia fue aceptada; el mismo eligió las obras y también
le dio el tiempo para leerlas. Entre 1937 y 1938 fue ascendido a tercer oficial.
Cada tanto obsequiaban a los empleados con un kilo de yerba. Al llevarse ese
regalo para su casa se sentía humillado. Estuvo nueve años en este trabajo que,
en sí no le dio satisfacciones fuera de ganarse un sueldo que en verdad
necesitaba y muchas horas libres para progresar en sus propias actividades
literarias. A eso se le agregaba el del viaje en tranvía (una hora de ida y otra de
vuelta) donde hizo la traducción de “La Divina Comedia” en italiano.
Con los compañeros de trabajo, salvo una excepción, no tenía nada en común
como para relacionarse amigablemente. El decía que a ellos sólo les gustaba el
fútbol, las carreras y contarse cuentos verdes, temas que a nuestro escritor
realmente le disgustaban. En una ocasión, uno de ellos, leyó en una enciclopedia
que mencionaba el nombre de Borges como autor de ya cierta fama y,
aparentemente, no se le ocurrió asociarlo con el de su compañero de empleo.
Sin embargo su estancia en este lugar le sugirió el tema de su cuento “La
Biblioteca de Babel”, 1941. La obra llegó a Italia donde fue leída por el escritor
Humberto Eco quien más tarde recrearía en su novela “El nombre de la rosa” un
personaje inspirado en el propio Borges: un monje ciego llamado Jorge de
Burgos, poseedor de una enorme erudición que dirigía la biblioteca del
convento. Eco leía asiduamente al autor argentino y era admirador de su obra.
El año de 1938 ocurrieron desgracias que lo afectaron: el 24 de febrero murió su
padre a causa de la rotura de aneurisma (accidente cerebrovascular
hemorrágico). Ya no era ciego porque había recuperado la vista gracias a una
operación de cataratas realizada por el Doctor Natale. El fallecimiento de su
progenitor le inspiró un personaje de su cuento: “Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius”
quién también murió de forma similar.
En ese mismo año se suicidó Leopoldo Lugones. Borges lo admiraba aunque en
su juventud le había hecho ciertas críticas bastante duras, pero después
revalorizó su obra y lo consideró un maestro del cual tomaría su estilo de
escritura claro y conciso.
Sufre un grave accidente
En vísperas de Navidad tuvo un serio percance que casi le cuesta la vida. Fue a
la casa de una amiga para llevarle un regalo. Como el ascensor de los
apartamentos no llegaba, el escritor se puso ansioso y subió corriendo las
escaleras golpeándose la cabeza contra una ventana recién pintada que había
quedado abierta. El accidente le causó una profunda herida que se contaminó
con la pintura fresca. Lo curaron en el hospital pero de regreso en su casa
comenzó a subir la fiebre hasta 40º. A los dos días tuvieron que internarlo
nuevamente porque contrajo una septicemia. En un estado muy grave lo
operaron pero su recuperación muy difícil. Durante un mes estuvo sin hablar,
tenía delirios y gritaba.
Al inicio de su recuperación sintió que había perdido la noción de lo ocurrido y
tuvo miedo de que su cerebro estuviera dañado, a tal punto que se negaba a que
le leyeran libros. Su madre, que lo había cuidado todo ese tiempo, insistió en
leerle una obra de C. S. Lewis que el mismo le había encargado y, al comprobar
que la podía entender perfectamente se puso a llorar de alegría. Cuando estuvo
en condiciones de escribir nuevamente eligió comenzar con un cuento y de allí
surgió “Pierre Menard, autor del Quijote”.
La Madriguera presenta
Mi vida es un libro abierto
Lucía Berlín
Mi madre escribía historias verdaderas; no necesariamente autobiográficas,
pero por poco. (…) Lucia decía que eso no importaba: la historia es lo que
cuenta”. Así acaba Mark Berlin, el hijo de la escritora, el prólogo de este
volumen. Tiene razón: si leemos los cuentos de Una noche en el paraíso y los
cotejamos con el apunte biográfico sobre Lucia Berlin, nos damos cuenta de que
estas historias se cosen en una extensa narración autobiográfica. Madres
alcohólicas mantienen impecable la cocina; los maridos abandonan a sus
esposas y otros maridos, músicos de jazz, se pinchan heroína; mujeres sin pareja
estable limpian casas, ejercen de profesoras y se rehacen para sacar adelante a
unos hijos que las conocen y no las culpan: Berlin forja una mirada,
escondiéndose y mostrándose simultáneamente, y fundiendo los hitos de su
experiencia con máscaras, heterónimos, personajes-Frankenstein, voces en
primera y tercera persona.(Martha Sanz)
Alfredo Gomez
De tul y jazmín. (Zamba para A. Abalos)
Quién sabe, zamba de tul y jazmín,
en algún patio regado,
tus giros y tus volados
a quién está enamorando.
Noble y humilde princesa
tu cintura de guitarra,
con seis cintas te la amarra
para que así te acaricie.
En lo más evocativo
de los versos que derramas,
están los cerros que llaman
con las voces de la tierra.
El cielo azul de mi casa,
enredado a los pañuelos
y el lucero de febrero
en tu frente anacarada.
Y en las frías madrugadas
de escarcha vuelves vestida
y con tu pecho abrigas
las penas de los poetas.
Zamba de tul y jazmín
aire apenas, pan y lágrimas
sos un capullo que alcanza
para vivir otro día,
dame un poco de alegría
con el vino de tu jarra.
Ilustraron: David Hockney, Buddy Berlin, s/d, Pablito Berriel.
No tengo nada en contra del confort, pero creo que hay que saber interrumpirlo
con sobresaltos. La vida es así, y creo que el arte debe parecérsele. M H

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