una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de EL Pueblo. Arrebato de júbilo, ternura y nobleza en boca de un libertino borracho.-
Ahora no me conoces
Homenaje al periodismo

Ahora no me conocès de la edición anterior
Monseñor Damiani , José Martelletti y …(Susana López)
Daniel da Rosa
SErie Miníma:
17
Ella era como Marilyn
Ella era muy rubia y con sus tacones crema su altura llegaba al metro setenta y
ocho. Se pintaba los labios con un rojo rabioso y delineaba los ojos resaltando
sus azules de cielos brillantes.
Su sonrisa iluminaba su entorno y a quienes la rodeaban. Su cuerpo sumaba
envidia en otras mujeres y sabía usar la ropa adecuada para sugerir la belleza de
sus bondades físicas. Lo único inapropiado en ella era su voz. Por ese motivo no
era de hablar mucho en grupos o en fiestas de amigos. Y aún estando a solas con
ella, le costaba revelar su voz, prefiriendo el arrumaco, los besos, la escucha de
una buena música. Incluso, en las tiendas de ropa, ella escribía sobre el modelo
que estaba viendo, color, talle, etc. De manera que era muy común verla con una
libreta negra y el lápiz en diversos lugares de ventas. Pero pese a ese defecto de
la voz, tuvo la suerte de encontrarse conmigo, pues yo padecía de lo mismo. Nos
conocimos en una feria de antigüedades. Me escuchó hablar cuando me hicieron
enojar discutiendo por el precio de un jarrón chino. Ella se acercó y me habló
muy despacito en el oído, pidiendo que me calmara. Al escuchar su voz me
quedé paralizado. Inmediatamente me olvidé del jarrón y tomándola de un
brazo la llevé a un bar cercano. En un rincón, después de escribir en la libreta
que queríamos café, estuvimos hablando de nuestras vidas. Aquello fue muy
hermoso. Mi voz era tan o más chillona que la de ella. Nos enamoramos
perdidamente y a partir de entonces comenzamos, cada vez que salíamos a
algún lugar, a compartir la libreta y el lápiz.
Alfredo E. Gómez
Yo no sé
Hay días, y no digo hoy, aunque tal vez sí,
en que vuelve ella, no ella; quiero decir: la tristeza.
Con el tiempo vuelve a ser dulce lo que se había vuelto amargo,
por una alquimia perversa, ¿o bendita?, del pensamiento.
Hay momentos de paz tan fuertes…yo no sé…
Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS/Osiris Rodríguez
Castillos
Nueva mudanza de Osiris
Obligado por las circunstancias el poeta debió trasladarse a una vivienda
precaria que habitaba María Rodríguez, ubicada a 20 cuadras de distancia de su
domicilio anterior, en San José de Carrasco, del lado norte de la Avenida
Giannattasio. Era un vecindario muy humilde con casas muy modestas,
generalmente de bloques que contrastaba con la mejor apariencia de aquellas
situadas en el lado sur.
La vivienda que le tocó en suerte, aparentemente era propiedad de los
abuelos paternos del hijo de María, estaba sin terminar y constaba de un
ambiente, careciendo de agua y de luz. Había una estufa a leña que servía de
calefacción y se usaba también para cocinar. En el lugar había montes de pinos,
de acacias y algunos eucaliptos. El poeta cortaba leña acompañándose de los
versos de “El montaraz”:
“Hacha, hacha, hacha
Que el árbol no tiene penas;
Penando lo tala el hombre
Para qu’el fuego no muera.
[…] 1
Allí cocinaba Osiris su clásico arroz integral acompañado, a veces, con
filete de merluza. El agua para el mate la sacaba de una cachimba. Continuaron
allí los ensayos con Fernández Cabrera. María le dijo a un vecino: “estoy de
secretaria de Osiris Rodríguez Castillos, que volvió hace poco de España”. A su
vez el poeta nativista justificaba su estadía en ese lugar diciendo: “Es que a mi
me gustan las cosas sencillas. Así como el rancho de María”.
Decía que estaba trabajando en un ensayo que tenía por título “Los de
adentro y los de afuera”. Lo hacía de noche hasta altas horas de la madrugada y
se alumbraba con la luz de la vela. En una entrevista con la revista Tres
describió el tema de su obra: “En él historizo la vida socioeconómica y cultural
del país, dividiéndolo en dos como ya estaba dividido desde la época colonial. El
país de afuera y el de adentro, la gente de afuera y la de adentro. La gente de
afuera es la que conservó principios artiguistas, revolucionarios y democráticos
– a la manera criolla- y la de adentro fue la heredera de la administración
colonial, cambiaron los títulos nobiliarios por los universitarios: por algo los
políticos son todos abogados”. También hablaba del pensamiento de Artigas
refiriéndose a que habría sido heredado de la época de su vínculo con los
charrúas y al cual define como un socialismo primitivo. Negaba la influencia de
los pensadores de la Ilustración como Rousseau y Diderot como decían los
secretarios del héroe nacional y, en cambio, la atribuía a los caciques indígenas
como Zapicán o Abayuba (Basilago-Pellegrino, pags. 427-428). Este trabajo
nunca se llegó a publicar.
El último día de febrero de 1995 caducó su empleo como becario. Eran
puestos de tipo político, convenios a término que cesaban con los cambios de
gobierno, aunque, en algunos casos, pudieran renovarse. No tuvo mayores
repercusiones económicas por lo exiguo de la retribución pero sí del punto de
vista anímico porque después de este suceso quedó muy solo.
El último cambio de vivienda
En la primera mitad de 1995, a sugerencia de Zuzu, se trasladó a la
residencial estudiantil Alonso ubicada en la calle Gaboto 1364 donde vivían
jóvenes estudiantes del interior que venían a Montevideo para estudiar; era el
único viejo en ese lugar. Su amigo Zina lo volvió a ayudar en la mudanza. Se
trataba de un pequeño departamento que constaba de un hall, una sala de cierta
amplitud, un dormitorio, baño y kitchinette. La vivienda era cómoda para vivir
una sola persona pero resultaba bastante claustrofóbica por carecer de
ventanas: su única fuente de aire y de luz consistía en una claraboya en el techo
de la sala que, no obstante tenía su lado bueno porque podía ser visto u oído
desde otros apartamentos en caso de problemas urgentes de salud.
Solía visitar a María en San José de Carrasco y le llevaba dinero para ella
y su hijo. Su intención era que se alimentara mejor pero, aparentemente, ella
gastaba mucho en alcohol. Tampoco Osiris comía bien porque, pese a tener en
su nueva vivienda donde cocinarse, acostumbraba comer afuera donde adquiría
alimentos que no constituían una dieta adecuada.
Su estado de salud no era bueno: se fatigaba al caminar, tenía hinchazón
en las piernas, hipertensión arterial y otros problemas. Como sólo podía
atenderse en hospitales públicos, su amigo, Alejo del Castillo, que había sido
alumno en sus clases de guitarra, lo llevó a una clínica privada en Pocitos,
llamada MEDICEN. Según el doctor Juan Laviña “Le hicimos todos los estudios
que pudimos y le detectamos una insuficiencia cardiaca que traía de arrastre
desde un tiempo atrás. Por eso se fatigaba mucho al caminar y se le hinchaban
las piernas. Empezamos a tratar de compensarlo con tratamiento médico y
anduvo bien durante un tiempo.” 2
Recibía pocas visitas en su nuevo domicilio. Una de ellas fue la de
Rodolfo Martínez, ex integrante de “Los Carreteros”, grupo folklórico nacido en
San José. Se encontraron por casualidad un día en que el poeta salía de la
pensión. En una de las visitas que le hizo Martínez, Osiris le mostró unos
manuscritos de novelas policiales que estaba escribiendo. Posteriormente, a su
muerte, dichos documentos no pudieron ser encontrados. A veces iba a verlo
Zulma Di Pólito para saber como andaba de salud, y, por supuesto, su gran
amigo Julián Zina. Entre sus papeles se encontraron fotos de sus nietas: Valeria
e Imasul, hijas de Federico que vivían en España y de Krystel, la hija de Pilar
con la cual se encontraba distanciado después de su discusión en Parque
Miramar.
Sus arranques de malhumor y agresividad continuaron manifestándose:
Cierto día concurrió a CX 44 Radio Panamericana sin haber sido invitado.
Igualmente y, tratándose de quién era, le hicieron un lugar en la programación
que utilizó para reivindicarse como “el mejor y el más prestigioso exponente del
folclore uruguayo” y criticar duramente a otros conocidos artistas como Ruben
Lena y Washington Benavides. Fue una experiencia muy dura y lastimosa
escuchar a quién había sido en otras épocas un artista brillante, descargar toda
su amargura y resentimiento.
La Madriguera presenta
Baile de Perros
Como Falcó o Alatriste, el nuevo héroe de Arturo Pérez-Reverte es, en
apariencia, fiel a su amo, aunque sólo pelee por sí mismo, como confiesa en la
primera línea de la novela, y por sus amigos, individualista feroz. Se gobierna
por los valores de la épica: audacia, astucia, valentía, amistad, lealtad. “Un perro
no es más que una lealtad en busca de una causa… hasta el sacrificio y la
muerte”. Los perros de Pérez-Reverte repiten los esquemas heroicos de sus
personajes principales. Y si alguno se parece a los canes codiciosos, perezosos y
aprovechados de las fábulas de Esopo, en general se atienen a la sentencia de
Samaniego: “Un perro infiel, ingrato, / no merece ser perro sino gato”. No son
perros habladores como los perros de Cervantes, Berganza y Cipión, admirados
ellos mismos del portento de oírse pronunciar palabra: ladran, gruñen y rugen
en castellano, alguna vez con acento francés, mexicano o argentino, e incluso
parafrasean al canciller López de Ayala (“Pensando yo en la vida de este mundo
mortal / que es poca y peligrosa”), o citan las películas caninas de Disney. Su
mundo es muy humano, en torno a algo parecido a un bar, el Abrevadero,
desagüe de una destilería de anís, administrado por una cantinera porteña
—una boyera de Flandes, nada menos, feminista—, desde donde las
indagaciones de Negro nos acercarán a tipos y lugares de la novela criminal: de
las casas de los perros bien a los bajos fondos; de los chuchos de mala vida a los
sobornables perros policía de la comisaría del barrio o de antinarcóticos; del
cuartel general de la reina del tráfico de huesos
Los perros duros no bailan. Arturo Pérez-Reverte. Alfaguara, 2018
162 páginas.
Ilustraron : Rodolfo Torres y Rodolfo Fuentes ( dos que bien bailan).
Vavel.com.Cine Radio Actualidad.Gentileza JG
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Nuestra sociedad, se ha convertido en unos grandes almacenes. Está abarrotada
de cosas y anuncios efímeros. Ha perdido toda alteridad, toda extrañeza. De este
modo no es posible el asombro.BHC

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