una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo,
somos un mero hábito.

Serie Mínima / Daniel Da Rosa
13
La búsqueda
El Arcipreste de Margat dejó su bolsa polvorienta sobre el piso de ladrillos y tomó agua del balde que estaba al lado del pozo. Miró hacia un costado de la casa abandonada descubriendo el monte rosado de ciruelos en flor que recortaba el cielo como un cuadro de Renoir. Retomó el camino por el sendero que conducía a una maraña de enredaderas de flores de elefantes rojos. Al llegar tuvo que bajar la cabeza para seguir pero pronto se encontró encerrado hasta que vio al fondo un pequeña luz. Siguió caminando, con cierta dificultad, debido al espeso verde,logrando llegar al pequeño faro, la única estrella en esa inmensidad, donde crecían ruidos extraños, de animales en cierne. Cuando logró traspasarlo, la luminosidad de un campo de trigo que se perdía en lo alto de una colina lo encegueció por unos instantes. Acostumbrado después a la claridad del día bajó hacia el llano con pasos ligeros y silbando despacito. Sabía que pronto encontraría la parroquia principal de ese territorio. Sin embargo la noche lo alcanzaría y con ella el desaliento. Todo lo que había encontrado era un pueblo derruido con su parroquia en ruinas. Aquella noche se durmió bajo el abrigo de las dudas, después de volver a leer aquella vieja y amarillenta hoja de diario dónde el titular anunciaba el fin del mundo.

 

La Madriguera presenta
Es cine, es Welles
Peter Bogdanovich se inició en el cine escribiendo de el, buceando en su historia, profundizando en la personalidad , el estilo y las claves de los directores que crearon el gran cine norteamericano, oriundos y europeos emigrados que encontraron en Hollywood los medios adecuados para expresar su talento.. Ciudadano Welles, que recoge numerosas conversaciones (o ambiciosos interrogatorios) a lo largo del tiempo entre Bogdanovich y su venerado Orson Welles, algunas de ellas en épocas florecientes para el primero y desastrosas para el segundo, buscándose la vida mediante la interpretación o la publicidad televisiva, sabiendo que todo dios le considera un genio pero que le resulta titánico o imposible lograr financiación para su cine, no puedo dejar de pensar en cierto y amargo paralelismo en el malditismo que sufrieron el maestro y su discípulo. Y escuchar a Welles es fascinante, aunque en muchos temas intente fugarse o revisar su pasado. Pero Bogdanovich insiste sin tregua y Welles, tal vez por aburrimiento, acaba contestando. Y habla de muchas de las cosas que le ocurrieron entre Ciudadano Kane y Sed de mal, con la que se cierra este libro tan instructivo como apasionante.(babelia)
Colección Ensayo/Ciudadano Welles/Conversaciones con Peter Bogdanovich Orson Welles/Prefacio de Jonathan Rosenbaum/Introducción de Peter Bogdanovich/Traducción de Joaquín Adsuar

 

El Maestro Enrique Ilera
El Cartero
El encargado de repartir la correspondencia, calándose los huesos bajo la lluvia o achicharrándose simplemente bajo el sol, era conocido por todos simplemente como El Cartero. Desempeño que al igual que su padre, su abuelo, su bisabuelo y quien sabe cuántos ascendientes más, cumplía con mucho esmero y dedicación.
Muchas eran las veces que se había prometido abandonar esta extenuante actividad para dedicarse a otras tareas menos insalubres, como el adiestramiento de gorilas, la apicultura o bien la caza de serpientes venenosas. Aunque tampoco había desechado la idea de pasar a retiro con una jubilación que le permitiese chupa un caramelito para festejar el carnaval o las fiestas tradicionales.
Una plomiza tarde de tiempo tormentoso, le tocó ser entregado un sobre barato de papel azul que llevaba como destinatario, El Cartero.
Llamó a la puerta de su casa y al ser atendido por el mismo entregó por él mismo entregó la correspondencia. Luego esperó muy impacientemente la finalización de sus horas de trabajo para ver cuál era el contenido de la misiva.
Cuando el fin llegó la hora de regresar a su casa corrió para leer la carta.
En ella se le comunicaba que sus servicios serían sustituidos por señales de humo o bien palomas mensajeras.
De su jubilación no se decía una palabra.

 

Ahora no me conoces
hermanos, primos y hermanos

Ahora no me conocés de la edición anterior
El Mono Capitán Villalba , Pepe Ferreira, Pablo I. Barceló, Pablito y Mauricio Suárez (Susana López)

Rodolfo Torres
Un Beatle de
cualquier lugar
Eran los sesenta.
Era la Beatlemanía…John, Paul, George y Ringo desde las radios y pasadiscos, abrían una puerta a lo irreversible con la bendición de la Utopía .
Eran las 18…era Radio Sarandí donde comenzaba esa misa hereje, sin catecismos ni escapularios, con un ¨…one…two…tree…four…¨ como campanadas, que daba paso a ¨La vi parada ahí¨ para que la voz de Elías Turubich en acuerdo con las ritualísticas y conjuras beatlerianas, por media hora nos abrazara a esas emociones encontradas y paradójicas, que tanto nos llevaban a un silencio cautivo como a sentimentales contorneos de inigualable guitarrista en un punteo frenético de brazo abierto o escoba…o a redobles infernales de avezado baterista en la falda del jean.
Era ÉL… integrante de una familia donde las tradiciones eran altares, El País, Clarín y Carve, y donde su pasión beatleriana era un puente roto sin remedio con ella.
A las 18 de cada día como tantos miles y miles, en su dormitorio de puerta cerrada con llave, con su Spika, una escoba de paja y una toalla chica, armaba ese mundo donde era un beatle de verdad y sin pudores.
Prendía la veladora de su mesa de luz la que dirigía a la pared, se colocaba la toalla sobre su cabeza casi rapada a modo de pelo, tomaba la escoba y se colocaba entre la luz y la pared y cuando los Cuatro arrancaban la cuenta, Él ya estaba pronto y en la banda para tocar.
Entonces la magia se daba, magia de lunes a viernes…de media hora… pero magia al fin…en la pared, desde el corazón y la silueta era uno de los ellos.
Él era uno de los Beatles…
Han pasado muchos años…pero me he enterado por alguien cercano a ÉL, de que aún… dos por tres… repite la magia de ese show, aunque hoy con un pasadiscos.
No sé si eso está bien o no…pero estoy seguro de que Ellos, aunque hayan muchos que se nieguen a reconocerlo igualmente que a las Utopías, no están desaparecidos…continúan y continuarán por que están en cada uno de nosotros, más allá del tiempo y de las vcircunstancias, tanto como en esa silueta de una pared santalucense.
Al fin y al cabo no somos ¨hombres de ningún lugar¨, todos fuimos, somos y seremos de alguna manera un Beatle…o sea JOHN, PAUL, GEORGE,RINGO, ÉL y yo.
Y eso es irreversible.

 

Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Osiris Rodríguez Castillos
Participación en organizaciones nativistas
Osiris se interesaba por todo aquello relacionado con la figura del gaucho. Es así que, vestido a esa usanza, comenzó a participar en los desfiles a caballo, ya sea en conmemoración de fechas patrias como en diversos tipos de cabalgatas. Realizaba largos recorridos por parajes del Departamento de Canelones y también a Minas. Lo acompañaba su amigo Julián Zina quién tenía una vivienda con mucho terreno en Paso Carrasco donde albergaba 6 caballos.
Zina, que trabajaba como corredor de cambios, era muy aficionado a la equitación, le regaló un caballo advirtiéndole que era un animal difícil de montar y, en ocasiones podía resultar peligroso, pero Osiris lo aceptó gustoso porque se tenía fe como jinete y le agradaban esos desafíos. Le llamó Tupamaro.
Concurría a la Sociedad Tradicionalista Los Cimarrones que tenía su sede en el kilómetro 1,200 de Camino del Andaluz ubicado en Toledo, departamento de Canelones, cerca de Montevideo y participaba de sus actividades. Dicha sociedad se fundó en 1956. Su objetivo, como la de otras de la misma índole, era difundir las tradiciones nacionales frente a una invasión de temas extranjeros, muchos de ellos norteamericanos, a través de medios audiovisuales lo que se veía como una amenaza para la cultura nacional. Ellos lo expresaron de la siguiente manera:
«fomentar el amor por las cosas de la tierra, rendir culto a nuestras tradiciones, procurando formar una conciencia nacional, que les dé el verdadero valor que tienen como bases de la nacionalidad, honrar a los hombres y a las generaciones que formaron una patria libre».
Allí conoció a Zulma Hipólito (Zuzú), adolescente de 16 años (él tenía alrededor de 30). Se veían en los eventos que tenían lugar los domingos y comenzó un romance que eclipsó su relación con Margot. Luego el poeta tomó distancia, por un tiempo, diciéndole que si se relacionaba con él no iba a tener futuro aunque igual se siguieron viendo a menudo. Años después se casaron y tuvieron una hija a la que llamaron Pilar.
A comienzos de 1956 Osiris terminó de escribir una obra teatral que llamaría «1904 – Luna Roja», poema dramático con 3 actos y un cuadro. En ese año el poeta recitó algunos fragmentos de su trabajo en la Sala Verdi y recibió muchos elogios, entre ellos el del hijo de Elías Regules. Fue publicada al año siguiente en Montevideo y Buenos Aires. Recibió un premio del Ministerio de Instrucción Pública como mejor obra teatral.
El personaje central era un gaucho llamado Jacinto Luna, poeta guitarrista y cantor. Su padre fue un famoso caudillo saravista que murió en el alzamiento de 1897 junto a sus dos hijos mayores. En 1904, siguiendo el ejemplo de su progenitor decidió participar en el levantamiento revolucionario de Aparicio Saravia contra la opinión de su madre que intentaba convencerlo para que renunciara a la guerra que tantas desgracias trajo a su familia y se dedicara a cultivar su arte.
El joven Jacinto desoyendo esos ruegos se unió los rebeldes, pero luego recapacita y comprende que son inútiles esos derramamientos de sangre entre uruguayos y que la patria no puede construirse de esa manera. Incluso confraterniza con un teniente del ejército a quién salva la vida cuando había sido encargado de fusilarlo. Luego de eso y después de varias andanzas, se convierte en un cantor errante que recorre los campos con su guitarra sin rumbo determinado, llevando su mensaje a través de sus canciones.

 

Es la incertidumbre lo que le encanta a uno, todo se hace maravilloso en la bruma. F.D.

 

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