Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, hay que saber que llegamos a los temas con la historia ya empezada.

Daniel Da Rosa
la lluvia. estoy dentro de la caparazón. la lluvia no me moja. golpea las ventanas para entrar. golpea las puertas. golpea el techo con desmesura. golpea la caparazón. el viento la acompaña. alguien entre las nubes saca fotos. alguien ruge. las últimas hojas del otoño vuelan como mariposas de colores insípidos. caen de cabeza contra las ventanas. contra las puertas. caen sobre el techo. al caer no hacen ruido. el ruido es el de la lluvia. un ruido como olas de mar que vienen y van sin respiro. estoy dentro acurrucado. seco. mis ojos cerrados. mañana seguirá lloviendo y yo estaré de pies mirando por alguna de las ventanas como el agua insiste en querer entrar. tomaré café. tranquilos mis ojos soñarán soles venideros. días luminosos. esperaré sin esperar después que algún día vuelva. la lluvia.
La Madriguera presenta
Twain, siempre Twain

Consejos de Mark Twain (Samuel Clemens), para escribir. este es un servicio de La Madriguera Libros para los escritores nóveles de la ciudad más Bella.
1. Empieza por los acontecimientos
Primero dale forma a los hechos, luego podrás distorsionarlos tanto como quieras.
2. Escribe correctamente
Emplea una gramática correcta. Usa la palabra adecuada, no su prima segunda. En cuanto a los adjetivos, si tienes alguna duda, cárgatelo. Dios solamente exhibe sus truenos y rayos a intervalos, por eso nos llaman la atención. Esos son los adjetivos de Dios. Si tú muestras demasiados rayos y truenos, el lector se cansa poco a poco.
3. Sé paciente y perseverante
No esperes tener el libro a la primera. Trabaja, edita, reescribe.
4. Olvídate de los adverbios
Escribe la palabra «jodidamente» cada vez que vayas a escribir la palabra «muy». Tu editor lo borrará y el texto será como debería ser.
5. Pon distancia de por medio
Levántate de vez en cuando para dar una vuelta a la manzana y dejar que los sentimientos se diluyan. Hay una única cosa que no soporto y no soportaré: el falso sentimentalismo.
6. Sé conciso y directo
Usa un lenguaje simple y sencillo; palabras cortas y frases breves. Esa es la forma de escribir en la época moderna y resulta la mejor manera. Recuerda: no dejes que fluyan la pelusa, las flores y la verborrea.
7. Empieza cuando crees que has terminado
El tiempo para empezar a escribir un artículo es cuando crees haberlo terminado y estás satisfecho. En ese momento empiezas a percibir con claridad y lógica lo que realmente quieres decir.
Ahora no me conocés
Deportes/homenaje

Ahora no me conocés
de la edición anterior
Raúl Seni, Jhonny Vique
y Silvia Salvioli , en el
Gimnasio Mormón.
Omar Adi
Pío Nono
Si bien una cosa es el Papa Gómez y otra el Papa Pío IX, los dos tienen algo en común: respiraron el mismo aire de glicinas.
Giovanni María Mastai-Ferreti, era un joven sacerdote que venía en calidad de auditor a América del Sur.
Llegó maltrecho a nuestras costas en enero de 1824 y alguien (algún agente turístico, que nunca faltaron) le recomendó descansar en el Baden-Baden uruguayo.
Según los datos de don Pepe Monzeglio, lo hizo en una casa del hoy Bulevar José Batlle y Ordóñez entre Ituzaingó y Rocha, lo que equivale a decir que el hombre estuvo más cerca de Santa Lucía que de Wanderers..
En aquel verano de 1824, nuestra ciudad vio pasear por sus calles a un curita pálido y supongo frágil que veintiún años más tarde sería Pío IX, conocido como Pío Nono y, según se dice, querido por todos.
Desafíen, pecadores, a las ciudades vecinas, a ver si alguna ha tenido un sucesor de San Pedro caminando por ahí. Qué van a tener…
Si usted espera algún comentario sobre el fantasma de turno, permítanos decepcionarlo. En este caso, para no despertar la ira divina, no diremos ni pío mientras nos papamos una porción del pío nono que hace mi tía Hortensia, que no cree en dioses pero cocina como ellos.
Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
MARIA CURIE
Nuestro personaje nació en Polonia, que en ese entonces se llamaba Zarato de Polonia y estaba bajo la administración rusa, el 7 de noviembre de 1867, en la ciudad de Varsovia. En 1891, a los 24 años se radicó en París con su hermana mayor, Bronislawa Dluska (Bronia). Adquirió la ciudadanía francesa pero conservó celosamente sus raíces polacas, tanto que a sus dos hijas les enseñó desde pequeñas el idioma polaco y, además, le llamó Polonio al primer elemento químico que descubrió.
Sus principales logros en materia científica fueron los siguientes: desarrollo de la teoría de la reactividad tal como ella la denominó; creación de técnicas para el aislamiento de isótopos radioactivos; el descubrimiento de dos elementos químicos a los cuales llamó polonio y radio. A su vez dirigió los primeros estudios que se realizaron para el tratamiento de tumores cancerosos mediante el uso de radiación. Fundó los Institutos Curie de París y Varsovia, importantes centros de investigación médica. Creó, además, los primeros centros radiológicos para uso militar, durante la Primera Guerra Mundial, que eran unidades móviles de rayos X que fueron operadas por ella misma y por su hija Irene.
En 1903 fue galardonada con el premio Nóbel de Física junto con su esposo, Pierre Curie, y Henri Becquerel. En 1911 obtuvo por segunda vez el premio Nóbel, esta vez de Química, por el descubrimiento del radio y del polonio. Fue la primera persona en obtener dos Nóbel consecutivos en diferentes campos de la ciencia. Su hija mayor, Irène Joliot-Curie siguió sus investigaciones y obtuvo el Premio Nóbel de Química por el descubrimiento de la radioactividad artificial.
La familia Skladowski
Su familia, que vivía en Varsovia, pertenecía a la clase media y, en los primeros años de la infancia de María, disfrutaban de una buena posición económica: el padre era profesor y director adjunto de una escuela de varones donde enseñaba física y matemáticas y la madre era directora y administradora de un internado para niñas.
En esa época Polonia no era un país independiente sino que, había sido absorbido por el imperio ruso y administrada por funcionarios del Zar. El ruso era el idioma oficial y se empleaba en los institutos de enseñanza. Las últimas sublevaciones nacionalistas polacas habían sido derrotadas sangrientamente y algunos de sus líderes principales fueron ajusticiados y otros deportados a Siberia.
El ambiente político estaba cargado de tensión y el sentimiento nacionalista se canalizaba ahora en preservar el idioma y las costumbres polacas, así como su religión católica. En las escuelas polacas se seguía, en forma clandestina, hablando y enseñando en este idioma, instruyendo a los alumnos acerca de la historia de este país y de sus escritores, poetas y artistas. Había un odio soterrado hacia los funcionarios zaristas que se extendía a los polacos que colaboraban con el «invasor».
En estas circunstancias comenzó a volverse inestable la situación de la familia de María. Las autoridades decidieron como represalia disminuir las horas dedicadas al estudio de las ciencias, por lo cual el padre resolvió traer a la casa los instrumentos que se usaban en la escuela para enseñar física y que luego emplearía para instruir a sus hijos en esta disciplina.
Más adelante lo transfirieron a otro colegio, ya sea porque cayó en desgracia o porque querían poner a un ruso en su lugar, y tuvo que mudarse de barrio (vivían en el centro en el mismo edificio donde enseñaba); el nuevo instituto estaba cerca del barrio judío y tuvieron que mudarse a otra casa. Pero, a cambio, lo ascendieron a subinspector, mejorando sus ingresos. Por esto y, tal vez con motivo del nuevo estatus social de la familia, la madre dejó su trabajo en la escuela de señoritas para dedicarse por entero a la crianza de sus nueve hijos, de los cuales María era la quinta. Persona muy culta y de carácter alegre, tenía también vocación de artista (tocaba el piano y cantaba), además de enseñar a las niñas a remendar la ropa y confeccionar ella misma los zapatos que usaban los pequeños.
Ilustraciones gentileza de Pablo Pose,
Battiste e Imoda y otros hurtos.
Alfredo Gómez
Carta a mi padre, el que no era.
Hoy sé que la voz se te ponía agria de tanto apretar sollozos de chiquilín. Pero entonces no lo sabía. Esto sí: desde el primer momento y apenas te conocí, ví en vos un niño apenado, sensible y curioso.
Para otros, o para casi todos, eras demasiado inteligente, mordaz y sentencioso, intimidante por sobre todo. Pero yo no sentí nada de eso frente a vos. Fue como ver a mi padre, como quise verlo siempre. Eso te lo conté una vez; nunca entendí como se parecían tanto siendo tan distintos. No sé si sería la voz, si el tono de tu discurso y las pausas, o algún efecto del alcohol en tus ojos que observé en los de él en mi infancia temprana. Creo que tal vez por eso fue natural amarte con total confianza desde el principio y aún después, cuando nunca más te vi, igual que como me pasó con él.
«Los versos duelen, pero no son el dolor. El dolor no se calma con versos, pero no hay otra cosa…» y así pasaríamos esta tarde discutiendo amablemente, disimulando los dos, vos los tuyos y yo los míos.
Y te mostré una canción y me pediste que te repitiera una línea, y supe que te había gustado sin que hiciera falta que me lo dijeras. Así supe que de ahí en adelante escribíría solo para vos, que no me importaría el juicio de nadie nunca más, ni fama, ni reconocimiento. No podía existir satisfacción más grande en el mundo que arrancarte una sonrisa con un verso afortunado.
El tiempo de la poesía es distinto al de los hombres, de muchas maneras. Por eso hoy no importa que esta carta anacrónica esté tomando forma, sin que sepa bien por qué. Creo que me ha llegado tu dolor, o uno de ellos, en esta tarde lluviosa. No están tus cigarrillos negros, ni el whisky, ni el mate de guampa, aunque está una guitarra que estuvo entre nosotros en grandes momentos. Sin embargo, tu presencia está en el aire, en este silencio que me rodea, y en algo agrio que me anda por dentro. Esa dulzura que duele, y las palabras que uniste para siempre haciéndolas tuyas, me han tomado por asalto desde hace días. Por eso te escribo, amigo, que es como se le habla a quien ya ha muerto.
Sé que eras débil, como lo soy yo, frente a ciertos dolores. Sé que hoy estarías diciéndome lo que nadie me ha dicho, y que no sé lo que sería, aunque lo necesito. Sé que compartíamos algunas certezas imposibles de explicar, y por eso los poemas; que el éxtasis frente al universo, nos sobrepasaba constantemente, y que entonces había que cambiar de tema, porque ya no nos cabía en el cuerpo, ni en el alma, ni en los versos.
Entonces hoy, por ejemplo, sería mejor estar sentados en un muelle, calladamente y que de la nada me preguntaras su nombre y lo repitieras. Y sosteniendo su nombre acariciaras mi corazón dolorido, como se acaricia a un niño cuando está enfermito. Ahora mismo siento una lágrima, que no es mía, sino tuya, amigo.
O sería mejor aún que estuviéramos en tu casa y te parases a buscar un libro de Vallejos, y al sacarlo del estante sonara ese trueno que ahora escucho a lo lejos. Que encendieras un cigarro al ir buscando la página, y leyeras asintiendo con un movimiento negativo de tu cabeza.
Y frente a tus palabras, o mejor dicho: las de Vallejos, tu voz agria dándoles vida, y con ese pensamiento, en esos pocos segundos, vos y yo no estaríamos ni vivos ni muertos. Porque así estaremos siempre, o de vez en cuando, cuando no hay otra cosa más, que algunos versos.
Para Hegel el periódico era la relación matutina del hombre moderno: llegaban el café, la tostada y el periódico, todo formaba parte de lo mismo. Hoy las noticias como tales son online. La primera cosa que hay que aprender es que el periódico no está ligado a la llegada de noticias: tiene que estar ligado a la profundización. Siguen luchando como si tuvieran que darlas para adelantarse a los demás, cuando lo que deberían es ofrecer el sosiego de una interpretación a personas que ya están informadas. FS

Deja una respuesta