Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de EL PUEBLO, solo porque nadie
renuncia a una búsqueda infructuosa
Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Thomas A. Edison
Asesor militar del gobierno
En 1916, en plena guerra mundial, comenzaron a agravarse las tensiones entre Estados Unidos y Alemania (finalmente Norteamérica le declararía la guerra en 1917). A solicitud del ministro de Marina, Joseph Daniels, el inventor pasó a integrar un Consejo Consultivo de científicos e inventores, del cual fue nombrado presidente, a los efectos de aportar ideas en beneficio del esfuerzo bélico.
Edison realizó numerosas propuestas a la vez que diseñó un conjunto de sistemas antisubmarinos, que eran el arma más temible de Alemania. También propuso la creación, por primera vez, de una carta marina con la posición de los barcos que habían sido hundidos a los efectos de determinar el radio de acción de los buques enemigos y la creación de un laboratorio de la Marina para el desarrollo de nuevas armas con dirección civil y sede en Nueva York.
El conjunto de elementos que diseñó para ser usados en el conflicto totalizaron 45 patentes, pero muy pocos fueron usados. Tampoco hubo aprobación para que el laboratorio propuesto tuviera dirección civil: el mismo fue conducido por militares y se fijó su sede en Washington. Estos desacuerdos ofendieron a nuestro inventor quién expresó así su desencanto:
«Durante la guerra desarrollé unos cuarenta y cinco inventos muy interesantes, pero a todos les dieron largas. Los oficiales de la Marina ven con malos ojos la intromisión de civiles en sus asuntos. Estos chicos forman una sociedad muy exclusiva.»
Paralelamente, sus empresas construyeron fábricas para la producción de productos químicos que, tradicionalmente se importaban de Alemania. Para sustituirlos fue necesario desarrollar nuevos métodos para la creación de artículos sintéticos. Terminada la guerra sobrevino un período de recesión en la economía norteamericana y estos establecimientos tuvieron que cerrar.
Manejo de sus empresas
Aparte de sus extraordinarias dotes como inventor también se destacó como empresario en gran medida exitoso. Su objetivo en la vida era que aquellos instrumentos que inventó o perfeccionó, funcionaran eficazmente en la práctica y se pudieran integrar al consumo masivo. De ahí esa combinación de roles. Por supuesto que eso no hubiera sido posible sin el trabajo paciente de cantidad de talentosos colaboradores, pero él tuvo la virtud de organizar y poner en marcha toda esa potencia creadora.
Como empresario tenía la concepción de los capitalistas del siglo XIX que se movían en el ámbito de la libre competencia. Le desagradaban los monopolios y por eso se retiró de la recién creada General Electric en 1872, empresa que surgió de la Edison General Electric fundada por él. Apreciaba, en cambio, la creación de variadas empresas que operaran en diversos rubros, o, dicho con sus palabras: «Una tienda en la que se venda de todo, ‘sin excesivos beneficios pero constantes’ » En el año 1911 se unificaron todas esas empresas en la Thomas A. Edison Incorporated.
Dirigía personalmente todos sus negocios y su laboratorio. Era una especie de «autocracia empresarial». El decía «aquí la organización soy yo». Era renuente a aplicar los nuevos sistemas de trabajo como la cadena de producción introducida por Henry Ford o el llamado «taylorismo», método de organización de la producción creado por Frederick Taylor para racionalizar al máximo el trabajo obrero y sacar los mayores beneficios. Edison siguió usando los sistemas tradicionales y su relación con los obreros tenía el estilo familiar de los viejos talleres que reunían las labores de tipo artesanal de sus operarios.
Su obsesión era dotar a sus productos de la máxima calidad. Según la opinión de su hijo: «Mi padre era muy orgulloso con respecto a la competencia. Cuando otra empresa sacaba al mercado un fonógrafo mejor, o un disco mejor, él tenía que superarlos a toda costa.» Pero era muy caprichoso y obstinado así como renuente a la hora de evaluar la realización de cambios en sus productos: así pasó con los cilindros de cera de sus fonógrafos que siguió fabricando por mucho tiempo después que se demostró que los discos de Berliner vendidos por su competidora, la Victor Talking Machine tenían mucho más aceptación en el mercado. Lo mismo sucedió con su empeño en seguir con el kinetógrafo, aún cuando este había sido superado por el sistema de proyección en pantalla de los hermanos Lumière.
Aún así logró crear un conjunto empresarial que empleaba a miles de trabajadores: fábricas de fonógrafos, de lámparas incandescentes, de baterías, de kinetógrafos y luego de proyectores de pantalla, estudios de cine, mines de hierro y, finalmente, establecimientos que producían cemento Pórtland de muy buena calidad (la Edison Portland Company que usó los cilindros trituradores de roca del emprendimiento minero de Ogden y un gigantesco horno giratorio patentado por Edison en 1905). Sin contar sus emprendimientos en la distribución de energía eléctrica hasta 1892.
La madriguera presenta
«El arte tiene la bonita costumbre de echar a perder todas las teorías artísticas».Duchamp

Marcel Duchamp. Una partida entre mí y yo. Es una obra realizada desde la admiración, como se encarga de señalar el propio Olislaeger, (Lieja, 1978) quien dedicó medio año a la elaboración de esta inclasificable novela gráfica: una especie de acordeón en el que la poesía, la ironía y el arte se entrelazan en un discurso compartido.
Mucho antes de erigirse en el signo de los tiempos, la obra de Duchamp supuso, hace casi un siglo, una radical ruptura de las convenciones. Con la complicidad, eso sí, de sus dos grandes amigos y colegas, Francis Picabia y Man Ray. A ese trío de vividores, unidos en el desprecio por el arte institucionalizado y, en general, por todo lo considerado «correcto».
Marcel Duchamp se adelantó al arte conceptual, elevó el objeto cotidiano a categoría creativa con los ready mades y revolucionó la idea que sus contemporáneos tenían de la belleza. Pero, antes de todo eso, Duchamp (1887-1968) fue un aprendiz de pintor en la Francia de entresiglos. Antes de contagiar su ironía desencantada al arte, Duchamp intentó dar con un lenguaje propio sobre la superficie del lienzo, como cualquier otro debutante de su generación. No tardaría en entender que la disciplina reina nunca lograría satisfacer sus necesidades creativas./
Ediciones Turner. Edición – Sep 2015/François Olislaeger – Autor Duchamp
Marcel Duchamp (Blainville 1887- Neuilly-sur-Seine 1968), artista visual francés, nacionalizado norteamericano.Duchamp es considerado uno de los teóricos del arte y provocador vanguardista más importante del siglo XX, inspirador de muchas de las vanguardias.
Rodolfo Fuentes
El fotógrafo de la plaza
Las personas de más de cincuenta años, seguramente recuerdan a los fotógrafos de las plazas, con aquellas enormes cámaras de madera, las «minuteras».
Esos cajones en realidad, eran un laboratorio fotográfico en miniatura, que les permitía revelar la toma original hecha en papel fotográfico, luego fotografiarla nuevamente (reproducirla) y revelar el positivo obtenido de esta manera. Este positivo, fijado a las apuradas y lavado en un balde, era lo que el cliente se llevaba. La acción del hiposulfito de sodio mal lavado, hacía que muchas de estas fotos fueran tomando un tono amarillento con el correr del tiempo.
Después vino la Polaroid y sus fotitos cuadradas y mas adelante, los sistemas digitales y la desaparición de estos tradicionales armatostes,.
Los objetivos eran generalmente tomados de alguna vieja cámara 6 x 9, y muchos fotógrafos de plaza ni siquiera utilizaban el obturador sino que exponían tapando y destapando el lente.
Ahora no me conoces
El voto que el alma pronuncia

Ahora no me conocès de la semana pasada
Enio Hernandez y después el Chato,la cupleañera paso y el DJ Malacrida (Ruben Rodriguez)
El Gran Mila!!!!, con el «Chato» y Enio Hernandez,(Josè Pepe Torres)
Cuanta vida en cuatro versos…Ennio,Jose Carlos,Marcelo Dany y la quince abriles…mmm.Otra galaxia cuando la discoteca se llamaba Blues.(Gonzalo Alonso)
El maestro Enrique Ilera
Fumar es perjudicial
para la salud
Más que con cautela con mucho resentimiento, me puse a descolgar las prendas que eran mías y estaban tendidas para secarse en el alambre oxidado, atando en un extremo al sauce y en otro al cogote del perro que tenían en la pensión. Animal inútil y poco servicial que solo sabía ladrar de noche despertando a todos los vecinos y era incapaz de diferenciar quien era un inquilino estable y quién no.
Las prendas a las que hacía referencia todavía estaban húmedas y como el lavarropas estaba descompuesto, se encontraban pésimamente lavadas a mano por uno de los inquilinos de esta pensión, al que se le daba albergue y eventualmente un plato de sopón insoportable a cambio de las tareas domésticas que fueran necesarias y él estuviera en condiciones de realizar, ya que el mentado convaleciente era un hombre que se había pasado la mayor parte de su vida internado en el Hospital de Alienados Dr. Codo Fodìn.
Extendí mis ropas sobre la cama y escogí vestirme con lo imprescindible. A saber alpargatas, pantalones y camisa. Obviamente sin uso de accesorios superfluos, como medias y calzoncillos. Que además estaban en un estado tan deplorable que de usarlos sería como no ponérmelos, porque me sentiría casi desnudo y con el culo desabrigado.
Temiendo por mi salud, que además de ser precaria estaba amenazada por la mala alimentación, me vestí como pude con las ropas llenas de manchas. Y tiritando como un titiritero debido a su humedad aún vigente, me puse en camino rumbo a la plaza principal de Rabo Corto, donde esperaba encontrar un lugar en algún banco que estuviera al sol, a fin de que al calor de sus rayos terminara de hacer lo que el tendedero no había logrado realizar.
Felizmente y en un sitio muy ameno por sus desarrollos, hallé un asiento público al que entibiaba la luz del sol y que prontamente haría mi vestimenta más confortable. Terminando su secado y cuidando mi salud.
Casi enseguida tuve un compañero que a ojos vista era también un veterano de guerra del celebérrimo manicomio.
– Me invita con un tabaco? – Me pidió el casi con seguridad desequilibrado.
– Yo no fumo. – Le mentí y pensando a mandarme a otro sitio.
– Entonces tenga a bien dejar lugar para que sí lo hace.
Dicho lo cual, quien había pedido para que me cambiase de sitio, cargo sobre sus endebles espaldas el banco de la plaza, para instalarse junto a una rueda de muchachos que echaban humo desde la vejiga.
Recién entonces yo me puse a armar mi cigarro cuidando de no expeler todo lo aspirado cuando me lo fumase. No fuera cosa de que otra vez volviera para pedirme por lo menos fuego.

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