Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Pepe Sacapuntas
Vuele bajo
Estábamos con un grupete de amigos reunidos, en un asado bien regado, cuando me quedé profundamente dormido en una reposera, ubicada debajo de un gomero. No puedo decir si fue un sueño o una experiencia del más allá. Lo cierto que un tipo grandote y barbudo, de patillas gruesas al estilo de la década de los setenta, con un abundante entretejido de la «époque», se apareció de golpe para decirme:
-Periodista de cuarta, despertate y poné atención a lo que te voy a decir porque sino vas a ser boleta.
Quise levantarme pero con sólo sentir la fuerza de su brazo derecho sobre mi hombro, me convencí que lo mejor era abrir bien las orejas y no intentar nada.
-Quiero que le cuentes a los lectores de tu país que son unos cornudos por decirlo en forma elegante. Cuando yo era un niño en Clichy, leía historias en el Río de la Plata sobre famoso el anarquismo expropiador. Españoles, italianos y otros europeos que se fugaban del hambre y del la expoliación burguesa habían adoptado una modalidad un tanto peculiar, tanto que se dedicaban a «expropiar» a los bancos.
-Así es señor, mi tío abuelo me contó más de una vez el asalto del cambio Messina en el año 1928 que realizaron unos anarquistas españoles en el que murieron varias personas. Pero debo decirle que detrás de cierta aura de romanticismo, estos tipos eran muy sanguinarios y su motivación bastante dudosa. A propósito me puede decir ¿con quién tengo el gusto de escuchar?
-No te hagas el payaso que te puedo romper todo. Me llamo Jacques Mesrine, fui considerado el enemigo público número uno de Francia en la década del setenta del siglo pasado. Asaltaba bancos, secuestraba millonarios, robaba casas suntuosas no solo en mi país sino en Canadá, Estados Unidos y otros lares.
-Una joyita, con su permiso. Conozco algo de su peculiar historia, además le gustaba dar notas en los diarios y revistas mientras tenía a toda la policía de Francia en sus talones. Ello sin contar que escribió un libro sobre sus actos delictivos, y algunos asesinatos. Recuerdo que en un momento pretendió justificar sus andanzas como un revolucionario que venía a destruir el orden burgués.
-Veo que pese a que la policía de Francia me acribilló a balazos en 1979, todavía sigo vivo. Pero volviendo al tema que me tiene mal, no comprendo cómo en Uruguay Uds. permiten que la red bancaria se haya convertido en un verdadero expropiador de sus ahorros con la complicidad de todo el aparato político.
-Señor Mesrine, ¿puede ser más específico? Me interesa el tema.
-Más que detalles te voy a contar la «hermosa» ley de intermediación financiera que han creado en tu país los buenos para nada más, que no sea empalarlos. Los pagos de los sueldos, los honorarios de los profesionales, las nuevas jubilaciones, pensiones alimenticias, todo, absolutamente todo, no lo van a poder cobrar más directamente. Y ello no es una opción para el buen ciudadano, es «de pesado», te guste o no. O sea; la platita primero va a pasar por la red bancaria para que Gran Hermano sepa hasta el color de los calzoncillos que Uds. usan.
-Y supongo que por esas módicas sumas manejadas a costillas de Juan Pueblo , la banca no nos va a dar un carajo, sumado a que tampoco podremos disponer por día otro dinero que no sea el que autoriza cada banco, le acoté a este gánster que ya me caía algo mejor.
-¡Por supuesto! Todo sumado a que te podes encontrar que los cajeros automáticos están vacíos en los fines de semana largos. Ni sueñes con que te van a atender mejor…hay bancos que cuando vas a depositar en el cajero, lo cierran un ratito (de veinte a treinta minutos) mientras procesan los depósitos, y la gilada parada esperando. ¡Una joyita, Pepe! Tu plata, fruto de tu yugo no es más tuya, sino de ellos.
– Lo parió.
La verdad que este tipo con un aire del Jean Paul Belmondo de la película «A bout de soufle» me desacomodó. Le iba a contestar cuando sentí como una especie de tortazo y la voz inconfundible del Gordo Billetera que me decía:
-¡Bo, salame!, el Turco Gandul ya hizo la cuenta; son trescientos setenta y cuatro pesos por barba, todo incluido.
Como corresponde, metí la mano en el bosillo y cuando estaba contando la guita, el Gordo Billetera me atajó:
-¿Qué hacés? ¿Tas loco? Ni se te ocurra darnos la plata. Apuntá bien; Banco Iteafano, Caja de Ahorro Sucursal El Ensarte, Número 00 911 007. Cuando el cajero te ponga el concepto, ni se te ocurra mentir. No vayas a poner «otros», porque te mandan la DGI.
Y fue allí, en el fragor de la insania de los tiempos que corren, cuando recordé la poesía del enorme Facundo Cabral, en su fraseo de la canción «Vuele bajo»:
«No crezca mi niño, no crezca jamás… Los grandes al mundo le hacen mucho mal/ El hombre ambiciona cada día más/ Y pierde el camino por querer volar».

Buenas Noticias
Teatro Pilares
El grupo de teatro Pilares ha clasificado con la obra «Historias encontradas» para participar en la Bienal del Teatro del interior a realizarse en Octubre, en la ciudad de Paysandú.
b) – La joven actriz Fiamma Scagni fue nominada como mejor actriz por su papel en «Historias encontradas»
c) – Daniel Da Rosa fue nominado como mejor dramaturgo en «Texto original de ATI» por «Historias encontradas».
3.- El grupo de teatro Pilares estaba ensayando «Las tres viejas» de Alejandro Jodorowsky pero se ha suspendido, por el momento, por problemas de salud de la actriz Ana Perdomo-. Se estudia otro proyecto para realizar. Para Setiembre, seguramente, comenzarán las representaciones de «Historias encontradas», preparándose para la Bienal de Paysandú.

Café Sportman, Memorias
El viernes 16, en la Quinta Rodó, se presentó ese manojo de maravillas llamado «Café Sportman, memorias» de Daniel Da Rosa, Participaron, Rodolfo Eduardo Torres con una muestra de collages ( excelente, es poco) , Julio Valdez con musica en vivo ( de los hemanos no se vale hablar), el editor Gustavo Wojciechowski y el autor.

Esto es lo que se dijo por parte de Da Rosa:

El prólogo que no se escribió
Si alguien hubiese escrito un prólogo a este libro, (yo mismo, si lo hubiera hecho), seguramente, habría empezado diciendo que hubo una vez en la ciudad de Santa Lucía, por sus historias fantásticas, un lugar cuyo nombre era : «Café Sportman»
Allí había un largo mostrador donde uno de sus extremos se perdía en la niebla y una ancha mesa de billar, cuyo verde esmeralda, era cruzada por temibles tacos sin tiza.
Y si querías algo diferente sólo tenías que subir por una escalera que te llevaba a una peluquería , situada bajo el cielo mismo y escuchar increíbles o mágicos relatos o vivir escenas terribles o maravillosas .
Pero además, en ese sitio, era posible encontrar también una confitería, al otro lado de una delgada mampara, en donde una vitrina te separaba de las deliciosas mil hojas, los pasteles adornados con frutillas de rubí y pastelitos de dulce de leche, mientras se te hacía agua la boca.
En esa confitería era posible el rito, la ceremonia de sentarse en una mesa, con una botellita de vidrio de coca cola, junto a la ventana que daba a la plaza mientras hacíamos temblar la rockcola con la música que más queríamos; la que nos paría, como decía Darío.
Por esas ventanas veíamos transcurrir el tiempo en la arbolada plaza, con sus hermosas pérgolas, dónde el amor se escondía a menudo, sólo para besarse. Podíamos reconocer historias de vida, viendo llegar los ómnibus de Ferrero o de Roquero, quienes traían a los de la carretera del medio, la gente de lo de Gesto o de lo Evaristo Fourcade y que antes de que volvieran a sus casas, en la espera horaria de esos vehículos, tenían que pasar, unos por placer, otros por religión, por el mismísimo corazón del Sportman. Es que venir a la gran ciudad era para ellos una de esas cosas que embellecía la vida. Venir a hacer compras en las tiendas de ropa, venir a cortarse el pelo para después ir a bailar a la Cancha de Bochas o al Club 23 de Marzo o simplemente venir al cine, al 18 de Julio o al Palace y regresar después con otros sueños y dispuestos a ser «encadilados» en la noche estrellada con el traje de Gary Cooper o con la sonrisa de Bette Davies.
Pero si tuviera que elegir un epígrafe para que se abrieran las puertas del Café, las puertas de este libro, sería el siguiente:
«Estábamos allí en el centro del bar, como si estuviéramos en el centro del universo, de brazos cruzados, asombrados, viendo como Garín con su guitarra «quemaba esas cartas».

 

 

Rosina More


«Aquella luna calcinada a los pies del corazón cobarde. Cuantos tallos de margaritas deshojadas solo para confirmar una y otra vez el peso de Nada. Hoy: la misma y otra luna brillando,latiendo en el corazón de cualquier margarita. Todo en Nada. Nada en Todo»

Ahora no me conoces
Foto de Rodolfo Fuentes

 

Ahora no me conoces de la semana pasada

Hugo Battiste y familia….(Susana Lopez)
Todos Battiste? (Ruben Acevedo)
Batiste??? (Alejandro Alonso)
Por allí veo a la izq. al niño Hugo Battiste y en el extremo derecho a su papá Omar Batistte. Pero los señores del centro no sé ubicarlos, aunque me arriesgo («por parecidos»con los antes dicho) sean los abuelos de Hugo.(Jorge Aguiar)

 

 

«Somos buscadores de belleza, pero evitamos la extravagancia. Admiramos el aprendizaje, pero no nos impresiona la pedantería.»
P.

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