La semana que pasó y concretamente el fin de semana, dejaron sabores amargos en los uruguayos. Dos hechos, uno trágico, vaciaron de alegría un domingo que nos enlutó y a su vez dejó en evidencia la vulnerabilidad de ciertos sectores que aún persiste.
El primero de ellos, sin duda, es la muerte de tres hermanos. Niños, todos ellos de 11, 8 y 4 años. Que no alcanzaron a salir de la escuela porque su corta vida se truncó. La causa, un incendio en la precaria vivienda que habitaban en un asentamiento llamado Barrio Kennedy, ubicado en el vecino departamento de Maldonado. Al cierre de esta columna, los padres se encontraban internados.
Por otra parte, el agua, tan necesaria para el país, mostró su peor cara: la del exceso. Cayó en abundantes cantidades y se hacía notar en Bella Unión, Salto, Paysandú y Río Branco: había alrededor de 200 personas evacuadas y estos números no cuentan los autoevacuados, es decir los que salen de sus viviendas por precaución y por su cuenta sin hacer uso de las asistencias oficiales,
Ambos hechos, se relacionan con temas recurrentes más que nada en la temporada invernal. Los que menos tienen, apelan a formas poco seguras de calentar el espacio que habitan. Usan calefactores en ocasiones caseros, que por desgracia cobran vidas o se llevan lo poco y nada en existencia. Más allá de lo material, que lógicamente no es comparable con la vida humana, también es cierto que quien vive en la miseria, pasa frío y hambre, lo sufre enormemente. En el caso que mencionamos, no trascendieron aún las causas del siniestro. De todas maneras, ya el daño es tan irremediable como doloroso.
La otra, las inundaciones: no cobraron vidas, sin embargo, desplazaron a ciudadanos de sus hogares. Compatriotas que ven, año tras año, cómo flotan sus pertenencias ante el avance del agua. Y seguramente no llegarán a hogares donde hay confort o mayores posibilidades de reponerse y volver a salir adelante: como hemos visto infinidad de veces, el agua arrasa, junto con lo material, con la esperanza de los compatriotas afectados.
Es ante estas situaciones que se extraña lo que alguna vez se fue. Evacuados hubo siempre. Sin dudas, basta con recordar la ciudad de Santa Lucía, Canelones, Barros Blancos y así sucesivamente. Y eso es peor: saber que durante décadas existe el mismo mal y no se soluciona nunca del todo, habla de la falta de eficacia de los sucesivos gobiernos.
Duelen la pobreza y la carencia. Duele enterrar tres criaturas. Duele el dolor de sus padres y sus familias. Duele pensar que a lo mejor, sólo buscaban calefaccionarse y estar a resguardo ante un clima que ya comenzó a mostrar su flanco más cruel. O cocinar algo para terminar la jornada.
Ahora se ve con más tristeza al que duerme en la calle. Además de estar solo y a la intemperie, siente frío. A todos nos han tocado el timbre pidiendo comida. Y más que aportar un mínimo grano de arena, no podemos hacer.
Esto nos lleva a pensar muchas cosas. No se podrá tapar el sol con un dedo ni es lo que se pide.
Pero así como comienza la lucha por una mejora para la educación -que es urgente-, debería atacarse este tipo de hechos. No basta solo con abrir más refugios, porque es una forma de resignarse a que esta realidad no cambiará. Quizá habría que apostar a terminar con la indigencia, con la calle como refugio de la vida misma.
Extrañamos lo que fuimos, aquella Suiza de América que soñaron nuestros antepasados cuando pisaron estas tierras.
Aún sin ser ricos, tuvimos un plato de comida en la mesa. Sin tener lujos, sabíamos que ir a la escuela era sagrado. Yo no recuerdo niños pidiendo en la vereda. No nos pueden decir que de esto hubo siempre.
Educar, apuntalar sin asistencialismo, proteger al desvalido, ser garantista de la libertad de circular sin temor. Trabajar para vivir y no vivir trabajando para aportar a un estado cada vez más insaciable y con arcas cada vez más grandes.
Sembrar rectitud y futuro para nuestros hijos, tener por cierto que lo que ganamos honradamente podemos invertirlo sin sentir que nos sacan tanto, que ni vale la pena. Un Uruguay sin el triste privilegio de tener el combustible más caro, jubilaciones miserables para algunos y alquileres de ciudades del primer mundo. Queremos trabajar, producir, progresar y hacer aportes acorde y no exorbitantes. Para esas mínimas medidas, se precisa administrar bien, no excepcionalmente bien, ni hacer magia. Simplemente tener la austeridad que requieren estos momentos hasta que el rumbo se enderece.
Finalmente nos enteramos que el presidente de la República, Tabaré Vázquez,y su delegación, iniciaron una gira oficial. La visita llevará al grupo por Austria, Egipto y Suiza. El fin, profundizar las relaciones comerciales en África .
Por unos días, la presidencia será ejercida por el vicepresidente Raúl Sendic. Que se mostró preocupado por «la falta de rigurosidad de la prensa».

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