Desde siempre la conducta individual violenta y la violencia social, han sido motivo de investigaciones, análisis  y publicaciones en  los más diversos ámbitos del conocimiento. Es tema de la sociología, de la psicología y psiquiatría y desde luego que desde el punto de vista filosófico. Todas son áreas del conocimiento que  estudian la conducta humana.
Algunos de estos estudios por su claridad llegan a tener mayor difusión entre el público no especializado.
Los habitantes comunes de este mundo, tenemos derecho a buscar y entender causas, significados y posibles soluciones de los problemas sociales que nos rodean.
Nuestras familias, nuestros afectos,  la comunidad toda que integramos estamos todos expuestos  a la violencia.  Habitualmente nos informan de hechos violentos, pero prácticamente no existen programas televisados por ejemplo,  en que  especialistas analicen con fundamento las causas de esos hechos. Tampoco se divulgan estudios sobre causas de la agresividad.
Los noticieros refieren  hechos pero no analizan causas ni consecuencias.
Si nos centramos en la violencia en el ámbito del futbol, es frecuente que en las publicaciones sobre este tema,  aparezcan referencias a los “hooligans” ingleses.
Las primeras referencias de prensa en un partido de fútbol en Inglaterra sobre actos vandálicos perpetrados por espectadores  a quienes se identificó como “hooligans”, datan de 1898 y 1902.
En 1912 hubo que suspender un  encuentro entre los Clubes de Liverpool y de Manchester United por acción de los hooligans.  Hacia las décadas de 1960 y 1970 el hooliganismo alcanzó importante apogeo.
En 1985 ocurrió el llamado “desastre de Heysel”. Se trató del suceso ocurrido el 29 de mayo de 1985 en el estadio de Bruselas de nombre “Heysel”, en la final de la copa europea entre el Juventus italiano y el Liverpool inglés. Fanáticos  ingleses atacaron a los del Juventus provocando el derrumbe de un muro. Se reportaron 39 muertos y numerosos heridos.
En aquellos años la prensa señalaba que casi todos los clubes ingleses entre sus hinchas tenían “hooligans”, verdaderos vándalos que se reunían en la previa a los partidos para beber alcohol, consumir drogas y entonar cánticos agresivos. Incluso señalaban la exhibición de símbolos neonazis. Los actos de vandalismo los realizaban en los estadios y en las calles de las ciudades donde se jugaban los partidos.
Por ese entonces también en las ciudades europeas aparecieron grupos de hinchas de fútbol violentos a los que llamaron  “ultras” y que en Italia se les llamó  “Tifosi”.
Cuando se producían enfrentamientos entre dos grandes cuadros de futbol, los “hooligans” de cada equipo entendían que era también un enfrentamiento  entre las barras (o bandas).
Violencia similar se desarrolló en los estadios de América del Sur, recibiendo distintas denominaciones según los países, en los del Río de la Plata se les llama “barras bravas”.
Ante la presencia de estas barras bravas violentas, en gran parte de los países en donde el futbol tiene mayor y más prolongado arraigo, cabe que nos preguntemos: ¿se trata de un fenómeno social ocasionado por las mismas causas en todos esos países?
O por el contrario ¿las causas son diferentes pero coinciden en estimular la agresividad que en mayor o menor grado existe en cada individuo?

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