El evocar a Artigas trae consigo, junto al aspecto histórico y formativo de la idiosincrasia de nuestras gentes, el rememorar, desde un punto de vista psicológico y social la figura mítica del padre de una comunidad que luego devino Nación.
Asimismo, reconocer al padre supone el desafío de aceptar y respetar la distancia que separa al hombre de la función que se ve convocado a encarnar, en virtud de su gesta. Es decir, verlos en la atmósfera y con la escala de valores de su tiempo y, a partir de esa mirada intentar extraer conclusiones y hasta enseñanzas.
Hablamos de la persona y la imagen que su figura proyecta a través de los tiempos.
En nuestro caminar, iremos, en un sentido simbólico, desde el pisar el adoquinado aldeano a hacer huella en la tierra negra, tachonada de piedras y surcada por malezas, de la vasta y sugerente llanura de nuestra espacialidad oriental hace algo más de dos siglos.
El paso de la aldea al campo, de lo estructurado a lo abierto y salvaje será, en definitiva, un viaje del espíritu que buscará, en unidad con las gentes de la campaña, recrear una manera de ver y de pensar el mundo a partir de su propia percepción, aunque apoyado en el conocimiento que la Ilustración trajo y cuya prédica instaló en los espíritus libres – en particular nuestro Conductor y principales colaboradores – tal inquietud, que devino en fermento libertario cuya huella y surco el tiempo, lejos de borrarlas, las profundiza y aclara.
Por todo título, el de ciudadano
El célebre historiador uruguayo Setembrino Pereda, realizó, a nuestro entender, un justo comentario al referirse al momento en el que se le ofreciera a José Gervasio Artigas la representación y grado de una Capitanía General de Provincia, bajo el título de Protector y Patrono de la Libertad de los Pueblos. En tal sentido, extraeremos un párrafo de dicho estudio, que dice así:
«La moral del más puro republicanismo brilla en cada una de sus líneas pues no se concretó a rechazar los títulos y honores que entrañaban los términos de la resolución, sino que por el contrario exhortó a sus autores a fijar la mirada, sobre todo, en la conquista de la libertad y bienestar de la Provincia, sin perder el tiempo, por lo tanto, en asuntos de carácter secundario cuales eran, a su criterio, los simplemente pomposos. Quería eliminar para siempre los homenajes que pudieran confundirse con los acordados durante el coloniaje por la monarquía hispana.»
¿Qué título mejor para un patriota de sus relevantes cualidades, que el de ciudadano de una Patria Libre?
Así lo comprendió y así lo expuso Artigas en su respuesta fechada en Purificación, el 24 de febrero de 1816: «Es superfluo que empleemos lo precioso del tiempo en cuestiones inútiles, los títulos son los fantasmas de los Estados, y sobra a esa ilustre Corporación tener la gloria de sostener su libertad sobre el seguro de sus derechos.»
A lo que añade: «Este rasgo de filantropía, le constituye superior a cualquier otro homenaje que eternizará ciertamente la memoria de sus representantes. Yo quiero prescindir por un momento de los motivos que han justificado hasta la presente la posesión de su tratamiento, pero no puedo persuadirme sea ajustado a una crítica juiciosa.»
Dice más: «El mundo espectador observa aun nuestros menores movimientos y los hombres libres miran con indignación que besemos todavía las cadenas de nuestro envilecimiento. La España recompensó los servicios de Montevideo con esa gloria efímera, y su memoria debe sernos odiosa.»
Para terminar así: «Hemos rotos los vínculos con la Provincia y debemos borrar hasta las heces de nuestras antiguas amarguras. El cielo quiere proteger nuestros votos y mientras se acercan tan felices momentos es mi parecer que V.S. ajuste su tratamiento al que le conservan los demás cabildos. Por lo mismo, he conservado hasta la presente, el título de un simple ciudadano, sin aceptar la honra con que el año pasado me dio el Cabildo que V. S. Representa. Día llegará que los hombres se penetren de sus deberes y sancionen con escrupulosidad lo más representante al bien de la Provincia y honor de sus conciudadanos. Tengo la honra de saludar a usted con mi más afectuosos respetos, José Artigas.»
Nos preguntamos nosotros y, por reflejo a usted: ¿Es necesario, acaso, comentar algo luego de tamaña enseñanza de civismo y consideración para con los otros?
Su patria, la América del Sur
En la Proclama de Artigas a sus compatriotas en la villa de Mercedes, al iniciar la campaña el 11 de abril de 1811, hallamos estas reveladoras palabras: «Vencer o morir sea nuestra cifra y tiemblen esos tiranos de haber excitado vuestro enojo sin advertir que los americanos del sur están dispuestos a defender su patria y a morir antes con honor que vivir con ignominia en afrentoso cautiverio.»
Luego, toda idea de integración, de complementación entre los pueblos de la región, es una idea que viene con la historia, que está en la tierra y en el cielo de nuestros respectivos horizontes de vida. Y en esto, que se sepa, la permanencia de un anhelo, la vigencia de una idea, trasciende al individuo y se inserta en la lógica misma de los procesos históricos: América del Sur tiene un destino y este no es sino el de su vigencia como nación de naciones, tierra de un solo patio sin diferentes y sí con hermanos, como Artigas solía llamar a los suyos, a los americanos del Sur.
Héctor Valle

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