Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, reivindicamos la imaginación, la fraternidad, los goles de cabeza,  los altos valores y la fe en lo maravilloso.

Felix Montaido

PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS

Anécdotas de la vida de Tesla
De niño era muy inquieto y de  carácter vivaz, pero, tal vez, también temerario y alocado. Esas aventuras infantiles, junto a otros acontecimientos, lo llevaron en múltiples ocasiones a vivir experiencias muy traumáticas, donde estuvo en peligro su vida. A los cinco años le toco presenciar la muerte de su hermano Daniel de 12 años en un accidente de equitación. Este era un niño al que se atribuía una inteligencia prodigiosa en el que sus padres habían depositado grandes esperanzas, por ser además el hijo mayor. Le habían regalado un caballo árabe que había pertenecido al padre. El animal se espantó, causándole  heridas mortales. [vii]
A la edad de 6 años quedó encerrado en una capilla solitaria situada en las montañas que era visitada únicamente una vez al año. Al lado había un cementerio. El pequeño Nikola buscando nidos de gorriones entró en la capilla, pero no pudo salir y pasó allí una noche aterrorizado pensando en «los fantasmas de los muertos». Finalmente fue rescatado, pero este percance reafirmó en sus padres la idea de destinarlo al sacerdocio.
Poco después sufrió otro accidente que pudo haberle costado la vida: corriendo sobre el tejado de unas construcciones en la granja de sus padres, cayó encima de una olla de leche hirviendo. Cuando lo sacaron de allí sólo tenía una ampolla en la rodilla. El nuevo suceso, que se interpretó como un hecho milagroso, nuevamente hizo pensar a sus padres que llegaría muy lejos en el desempeñó del sacerdocio. Cuenta Tesla que ellos exclamaron: «¿No ha sido prodigioso? ¿Se ha oído jamás semejante cosa? Seguro que será obispo o arzobispo, puede que patriarca.» [viii]
Otras veces estuvo a punto de ahogarse,  pese a que era un gran nadador, por intentar proezas superiores a sus fuerzas, o por sorprender a sus amigos, pero en el último momento pudo aferrarse a una idea salvadora. También enfermó gravemente de cólera.
De niño demostró excepcionales capacidades para la invención: construyó una rueda hidráulica sin paletas (tal vez predecesora precoz de su famosa turbina). Tenía obsesión por el vuelo de los pájaros y un día decidió imitarlos, arrojándose del tejado con un paraguas, pero fracasó en su intento, cayendo al suelo. Su madre intervino a tiempo y tuvo la fortuna de sufrir sólo leves heridas. Creaba ingeniosos aparatos para generar movimiento. También intentó desarmar el reloj de su abuelo pero falló al intentar armarlo de nuevo, por lo cual tuvo que suspender por muchos años su afición por la relojería. Donde sí logró un gran éxito fue en ocasión de inaugurarse una nueva estación de bomberos en su pueblo: la bomba se atascó y el agua no salía por las mangueras; el jovencito fue hasta el río, descubrió el defecto y lo solucionó; el agua comenzó a salir a borbotones; Nikola quedó como un héroe y la gente lo paseó en andas por el pueblo. En otra oportunidad, en una conversación con su tío, le manifestó que, algún día, iría a Estados Unidos  para inventar una forma de obtener energía de las cataratas del Niágara, lo cual se cumpliría treinta años después.
El entorno familiar
La influencia de su padre fue importante en su formación cultural que alcanzó altos niveles; pero fue de su madre que heredó sus dotes como inventor. Tesla lo relata así:
«Mi madre descendía de una de las familias más antiguas del país y de un linaje de inventores. Tanto su padre como su abuelo habían creado muchas herramientas para uso doméstico y agrícola, entre otros. Verdaderamente era una gran mujer, de un talento, valor y fortaleza como no abunda, que había aguantado las tormentas de la vida y que había pasado por muchas experiencias difíciles. Cuando tenía dieciséis años, una peste virulenta azotó el país. Su padre fue llamado para administrar el último sacramento a los moribundos y durante su ausencia ella acudía sola para asistir a una familia vecina, que estaba postrada por la terrible enfermedad. Todos sus miembros, cinco en total, sucumbieron en rápida sucesión. Ella bañó, vistió y amortajó los cuerpos, los decoró con flores de acuerdo con la tradición del país y, cuando su padre regresó, se lo encontró todo listo para una cristiana sepultura. Mi madre era una inventora de primer orden y creo que habría alcanzado grandes cosas si no hubiera estado tan alejada de la vida moderna y de sus múltiples oportunidades. Inventó y construyó todo tipo de herramientas y dispositivos y tejió los diseños más finos con lana que hilaba ella misma. Incluso plantaba las semillas, cultivaba las plantas y separaba las fibras. Trabajaba infatigablemente desde el amanecer hasta entrada la noche y mucha de la ropa y del mobiliario era producto de sus manos. Cuando ya tenía más de sesenta años, sus dedos todavía eran lo bastante ágiles para hacer tres nudos en una pestaña.» [ix]
De su padre nos relata lo siguiente:
«…El era hijo de un oficial que había servido en la armada del gran Napoleón y, al igual que su hermano -profesor de matemáticas en una institución destacada-, había recibido educación militar, pero, sorprendentemente, terminó por abrazar el clero, en el ejercicio de cuya vocación alcanzó la excelencia. Era un hombre muy erudito, un auténtico filósofo natural, poeta y escritor, y de sus sermones se decía que eran tan elocuentes como los de Abraham a Sancta Clara [así llamaban al sacerdote austríaco Johann Ulrich Megerle, famoso por sus discursos y escritos]. Tenía una memoria prodigiosa y con frecuencia recitaba interminables obras en diversas lenguas. Muchas veces decía en broma que, si alguno de los clásicos se perdía, el podría recuperarlo. El estilo que tenía al escribir era muy admirado. Redactaba oraciones cortas y lacónicas, llenas de sátira e ingenio.»[x]
Estas cualidades se trasladaron al hijo, las cuales quedaron de manifiesto en su refinada cultura, su forma de expresarse y en su afición por la poesía.
Vocación por la ingeniería
A los 18 años, habiendo terminado su formación general se encontró en una encrucijada muy difícil de resolver. Sus padres habían resuelto que debería emprender estudios sacerdotales, pero él quería ser ingeniero eléctrico. La solución le llegó de una forma muy dramática.
Habiéndose desatado en la población una epidemia de cólera, su padre, para que estuviera a salvo, lo envió al campo a formar parte de una partida de caza. Al joven le extrañó esta decisión porque el sacerdote era muy crítico con este tipo de actividad, por lo cual, a la primera oportunidad volvió a Gospic y, en seguida, contrajo la enfermedad. Encontrándose muy grave y, temiéndose por su vida, su padre, que permanecía junto a él, tratando de darle ánimos le decía que todo iba a ir bien a lo que el joven le contestó que quizá se mejoraría si le permitiera estudiar ingeniería. Su progenitor le prometió entonces enviarlo a la mejor universidad. Se produjo, entonces, el milagro y el joven se recuperó rápidamente ayudado, quizás, por medicamentos de tipo natural (Tesla lo atribuye a «una decocción amarga de cierto tipo de habas»). Lo enviaron, entonces, a pasar un año en el campo para consolidar su recuperación y luego inscribirlo en la Escuela Politécnica de Graz.
Fue tal el entusiasmo del joven, que, todos los días, se levantaba a las tres de la mañana y se pasaba estudiando hasta las 11 de la noche. Así pudo aprobar dos años en uno y sus profesores  le tomaron una gran consideración; pero, a su vez, le enviaron cartas a su padre, advirtiéndole del sobreesfuerzo que realizaba su hijo lo que podría serle perjudicial para la salud. Lo cierto es que cuando Tesla le mostró con orgullo sus notables calificaciones no encontró en aquel el estímulo esperado, sino una áspera respuesta: «Ya se yo como se obtienen estos méritos», le dijo. Esto decepcionó sobremanera al joven. Con el tiempo, cuando leyó el mismo esas cartas, se dio cuenta de la verdadera razón de esa actitud. Fueron muy comunes a lo largo de su vida (especialmente en su juventud), estos períodos de frenética actividad, seguidos por otros de ocio forzado debido al tremendo desgaste que le ocasionaban.

[i] Margaret Cheney, «Nikola Tesla, el genio al que le robaron la luz», Turner Publicaciones, Madrid 2009, p. 358./[ii] «Firmado: Nikola Tesla», prólogo de Miguel A. Delgado, Turner Publicaciones, Madrid, 2012, p. 13./[iii] «Yo y la energía», p. 230./[iv] «Firmado: Nikola Tesla», p.p. 82-83.
v «Yo y la energía», p. 241[vi]/[vii] Nikola Tesla, «Yo y la energía», Turner Publicaciones, Madrid, 2011, p. 152./[viii] «Firmado: Nikola Tesla», p. 36/[ix] Idem, p.p. 154-155./[x]  Idem, p.p. 153-154.

 

«No había niebla en Londres hasta que Whistler empezó a pintarla» OW

 

Omar Adi

Aqui, donde me (nos) ve

Queridos baisanos:
Permitan ustedes que desde su infinidad de singulares, hoy hable el custodio del cajón. En una de sus canciones, Aute reivindica lo que uno mismo siempre ha reivindicado: el espejismo de intentar ser uno mismo.
Uno mismo plural, porque uno es a la vez sus padres, sus abuelos, su mujer, sus hijos, sus amigos, su pueblo, su circunstancia y ser vasto y contener muchedumbres, como cantaba Whitman no se contrapone con ser yo y mi mismísima mismidad, como enfatizaba Unamuno.
Se trata de intentar que el espejismo de Aute sea oasis cierto, dátiles y agua fresca. Si caminamos con nuestras propias muchedumbres (jeques, camellos, odaliscas) hacia el agua del oasis, veremos reflejado en ella lo que a muchos puede aterrar: sólo un rostro, el propio (la muchedumbre sólo se refleja sutilmente)..
Es que somos muchos y a la vez uno, es que vamos con todos, es decir solos. Si somos fieles a la cabeza y al corazón del yo que es también el nosotros, si respetamos a los demás a partir del respeto a uno mismo, si no esperamos -jamásrecompensas, ni siquiera de las odaliscas, nunca podrá sorprendernos lo que nos devuelva el espejo de agua. Si no nos disfrazamos de engolados visires porque somos malolientes camellos y seguimos siempre los dictados de esa voz interior ( el genio de la lámpara?) que si está entrenada siempre es sabia, la imagen del lago siempre será la nuestra (aun arrugada, sedienta, hastiada) y estará bien.


Aunque esto tenga un bobón tufillo a new-age, no hay otro misterio.
Algunos -pocos, eso sí- tratamos día a día de conjugar la fidelidad a uno mismo con una condición -que no se ha propuesto pero que se ha asumido con lo que implica de huida- de gente outsider, inapresable, de tipos sin secta ni partido, no integrados a caravana alguna ni por desiertos ni por praderas.
Pero, esa condición es causa o es consecuencia de no colocarse las máscaras apropiadas a cada circunstancia y de tener bien claro que, en definitiva, aunque estemos rodeados, en las que duelen (yo, nosotros, todos) estamos más solos que el uno, mirándonos a nosotros mismos y a nuestras íntimas muchedumbres en el espejo de cada oasis?.
Es posible que se trate de un mecanismo de defensa para sufrir menos. Nada pierde quien nada espera, nos grita Bukowski muy mamado.
Me parece que tiene razón.

(Cajón de Turco)

Julio Valdez

MEMORIA DE LA CAMPERITA

Un vez que andaba en serio
Por Rincón y Treinta y Tres
A un vecino pregunté:
Dónde vive el tal Valerio?.-
El de los vinos Misterio
Que suele tomar el Pata
Muchos gurises y a gatas
Saca pa’parar la olla
Planta boniato, cebolla
Y algunas filas de Papas.-

Y mire que papelón
Cuando nombrarlo quería
El almacén de García
Ahora es de De León.-
El gaucho, manso, sobón
Paciencia de bolichero
A don Calvo el carnicero
No me lo quiero olvidar
Y enfrente debía de estar
El canario, el carpintero.-

Y me acordé que Cristóbal
El carrero de la esquina
Y que dicen las vecinas
Que gusta mucho del fóbal.-
Pero el amigo Cristóbal,
Vecino de los Carreño
De los Vitello, y el sueño
De ver en Maracaná
A Carranza, al Satanás,
Al Tachuela y al Rogelio!!

Trillo de la camperita
Que cruza de lao a lao
Y que tiene en los costaos
Tanta ilusiones marchitas
Pero la historia bendita
De tener un cacho e’historia
Donde anidan con euforia
Recuerdos de gurisadas
Tras pelotas embarradas

Ahora no me conocés
Sección deportes

 

Ahora no me conoces de la edición anterior
Esta foto si no me equivoco es de, categoría «peludos del club» y si la memoria no me falla creo reconocer primero a la izquierda a un jovencisimo Aturo Cravea y en el medio un no menos jovencisimo Alfredo Gomez.El tercero paso, y es una onda más bien motoquero.Serán fotos de la misma época y jóvenes contemporáneos en edad y del mismo palo como se dice ahora? A esperar para descifrar incógnita.Muy linda foto estimado. (Rúben Rodríguez)
Yo digo… No tiene nada más fácil estimado? Arriesgo… Arturo Cravea, Eduardo Guper y el tercero no se me ocurre nada. Bueno, por que soy una niña y juego, contesto, si no, no lo haría. Saludos (Ma. Julia Álvarez)
Arturo Cravea,Carlos Maggi y Pablo Posse.(Gonzalo Alonso)

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