Es redundante. Es tema convocante. No desciende. Sube como espuma. Es Uruguay un país violento? A quienes dicen que no lo es, le preguntamos: cómo se le califica a un lugar donde faltando dos días para terminar el primer mes, ya murieron cuatro mujeres y una se debate entre la vida y la muerte, como consecuencia solamente se ser de ese género? Y el segundo mes del año, ya arrancó con la quinta muerte de una mujer a manos de su esposo.
No vamos a relatar aquí, porque ya lo hemos hecho, qué nos genera toda la situación de violencia contra los trabajadores honestos, las rapiñas y copamientos. Ya hubo un ataque con balazos incluidos cuando ni siquiera transcurrió enero.
Hoy me convoca la violencia intrafamiliar, la muerte de más y más mujeres a manos de sus parejas (o ex), las consecuencias en la familia, las madres que perdieron a sus hijas, los hijos que perdieron a su madre, el dolor eterno de nunca más ver, oír y sentir a esa persona que se amaba.
Lo irreparable, parece imposible de frenar.
Con un policía involucrado, un jovencito de 22, un agresor que no dudó en disparar delante de sus hijos, el panorama no se presenta alentador.
La pregunta es, si hay una manera, y cómo y a quién compete aplicarla. Estamos hablando de tomar una decisión extrema como es la muerte. Del valor nulo que se le da a la vida en estos casos. DE tomarse la libertad de decidir que esa mujer no verá crecer a sus hijos, ni sus hijos podrán contar con su madre nunca más, desde aquí y hasta que se mueran, porque a un hombre se le ocurrió que así fuera.
Una persona decidió y otra vida se terminó. Un periplo de juzgados, encarcelamientos, exequias y luego, el olvido de la agenda pública porque todo sigue. Porque ya no recordamos cada día a las 45 mujeres asesinadas entre noviembre de 2015 y noviembre de 2016. Porque ya no nos ponemos a pensar frente a las fotografías (difusas algunas) de mujeres que nos miran desde los afiches y cuyos casos no han sido resueltos, como el de la joven Nadia Cachés cuyos  restos fueron hallados en Margat, en pleno monte, el 23 de abril de 2012, cuando había desaparecido en diciembre de 2010.
Tenemos que martillar sobre nuestros hijos, la idea del respeto, valoración y cuidado por la vida. La propia y la ajena. Somos el ejemplo vivo que ellos siguen. La educación arranca en casa y a nivel curriculae en la escuela.
Quizá podría empezarse desde allí para que sepan que otro mundo es posible.
Y Espacio 40 Canelones está dispuesta a colaborar en lo que se necesite, para lograrlo. Todo por tal de no seguir enterrando mujeres, hombres, niños ni a nadie cuya biología no llame al descanso eterno.
Basta de crímenes, de impunidad y de mirar para el costado. A estudiar en serio lo que se pueda hacer y, de ser necesario, traer expertos de otros países. Recursos, sabemos que sobra porque descontamos que existe voluntad de erradicar este mal del país.

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