Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, En nuestra lista de libros de 2016 hay varios del año pasado, del anterior y de hace siglo y medio.  Felix Montaldo

PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Nikola Tesla

Apostillas/Comentarios sobre su obra
En lo que respecta a su labor científica, hubo dos etapas bien definidas en la vida de Tesla. En la primera alcanzó la fama y la celebridad merced a sus brillantes aportaciones. Su nombre era referencia obligada en lo que respecta al electromagnetismo y la explicación de sus inventos y descubrimientos, tanto en conferencias como en escritos, eran recibidas con respeto y admiración por científicos, técnicos, empresarios y otras personas de relevancia. En la segunda etapa, comenzó a declinar y perder importancia, de modo que, con el tiempo, las nuevas generaciones de ingenieros eléctricos apenas lo conocían. No obstante, sus aportaciones del primer período fueron la base de grandes emprendimientos que otros llevaron a cabo posteriormente.
Su amigo Swezey dijo, después de su muerte:
«La prodigiosa genialidad de Tesla brilló en todo su esplendor durante los diez o doce años anteriores al cambio de siglo y se fue apagando a partir de 1900. Lo que pergeñase a partir de entonces podría considerarse como el esbozo de algunos de los avances que vemos en la actualidad, pero jamás los llevó a la práctica, ni sobre el papel ni en ningún otro soporte…» . [i]
En el tiempo que le tocó vivir, surgió la electricidad como una nueva forma de energía, destinada, junto con el petróleo, a suplantar al vapor. Tesla se apasionó con la nueva ciencia y dedicó su vida a su desarrollo y aplicación.  Sus ideas y aportes se materializaron, en el marco de la llamada «Segunda Revolución Industrial», en los Estados Unidos, un país inmenso con un enorme potencial a desarrollar, donde su nombre llegó a ocupar los primeros planos.
La cultura de su época se caracterizaba por una fe sin límites en las posibilidades de la ciencia y la tecnología para cambiar el mundo. El joven Tesla estaba influenciado por esta idea  y soñaba con que la tecnología electromagnética traería una era de paz y prosperidad a escala universal, donde una energía a bajo costo sería accesible para todos. Asimismo orientó sus estudios a la posibilidad de controlar el clima para acabar con las sequías e inundaciones. Algunos de estos proyectos fueron utópicos, por lo menos para su tiempo. [ii] A esto se agregaba una manifiesta ineptitud para manejarse en el ámbito comercial y empresarial.  Edison lo consideraba «un bardo de la ciencia».
Este idealismo de Tesla lo llevó a diferenciarse claramente de otros inventores con los que tuvo que competir. Es el caso de Edison y Marconi. El primero de ellos no llevaba a cabo ninguna innovación si no estaba seguro de que le produciría algún beneficio económico; esta decisión la tomó en junio de 1869 cuando inventó una máquina automática para registrar las votaciones en el Congreso de Estados Unidos: apretando un botón los diputados registraban su voto, pero los políticos la rechazaron por el temor de que contribuyera a abreviar las discusiones en detrimento de la argumentación. Esta experiencia fallida lo decidió a encaminar sus inventos por el camino de la viabilidad de la aplicación práctica de los mismos. También Marconi utilizó sus dotes innegables para la invención a los efectos de poder comercializar luego lo que fue la obra de su vida: el inalámbrico. Para eso creó su propia compañía en sociedad con un primo suyo, para luego asociarse, en Estados Unidos, con Edison en la Marconi Wíreles dirigida por Tom Edison Jr. (año 1898). Estos emprendimientos y otros posteriores fueron sumamente exitosos.
Tesla carecía de la mentalidad del negociante. Si bien no despreciaba el dinero y apreciaba, como él decía, «vivir a lo grande», en cuanto se abocaba a sus inventos, perdía de vista el interés monetario y no estudiaba la posible rentabilidad  de sus proyectos. Si era algo que, a su juicio, significara un avance con respecto a las tecnologías usuales y prometiera un progreso en la vida humana, él se lanzaba a la aventura de ponerlo en práctica sin titubear ni pensar en las consecuencias económicas. Tenía una inclinación por los megaproyectos y, en ocasiones, despreciaba desarrollar pequeños inventos que, además de ser útiles aún en menor escala, podían darle beneficios que lo salvaran de sus apremios. Pero cuando lo hizo, obtuvo buenos resultados como es el caso de un velocímetro para automóviles que actuaba por fricción con el aire, al cual patentó en 1916.
Su concepto acerca de la vida
lo expresaba de la siguiente manera:
«Todos debemos tener un ideal que gobierne nuestra conducta y nos asegure satisfacción, pero es irrelevante que se trate de un credo, un arte, una ciencia o cualquier otra cosa, siempre y cuando cumpla la función de una Es esencial para la existencia pacífica de la humanidad como conjunto que prevalezca una concepción común.» [iii]
Si bien no abrazaba ningún dogma en particular, conservó el espíritu religioso que le había transmitido su ámbito familiar. Aunque en su familia eran cristianos, el veía en todas las religiones enseñanzas estimables y, en especial, en el budismo y el cristianismo. Es más, profetizaba que en el futuro la humanidad se decantaría por una única religión que sería la síntesis de estas últimas.
Tesla explicaba así su punto de vista:
«Aún cuando no soy creyente, en el sentido ortodoxo, recomiendo la religión; en primer lugar, porque todo individuo debería tener algún ideal -religioso, artístico, científico, humanitario- para darle sentido a su vida. En segundo lugar, porque todas las grandes religiones contienen sabias prescripciones relacionadas con la conducta vital, que mantienen la vigencia de cuando fueron promulgadas.» [iv]
Según Tesla las religiones nos enseñan que todos los seres humanos somos uno; el individuo y sus realizaciones son efímeras, pero el ser humano permanece. El budismo lo explicaba de  una manera, el cristianismo de otra pera la verdad esencial es siempre la misma.  [v] Las diferencias entre los individuos también constituyen esa unidad. Así lo explica nuestro científico:
«…Aunque tenemos libertad para pensar y actuar, nos mantenemos unidos como las estrellas en el firmamento, por unos lazos irrompibles. No podemos ver estos lazos, pero los podemos sentir. Me hago un corte en el dedo y me duele: el dedo es parte de mi. Veo un amigo que sufre y sufro yo también: mi amigo y yo somos uno. Veo a un enemigo caído, un trozo de materia que, de todos los trozos de materia que hay en el universo, es el que menos me importa , aún así, me aflije. ¿No prueba esto que cada uno de nosotros es una parte de un todo?» [vi]
Como vemos, no creía en el libre albedrío, pero sí en la voluntad y la determinación para llevar adelante un objetivo definido. Lo demostró en muchos actos de su vida y en su labor científica.

 

Luis Fernando Iglesias

El Comandante Cohen

El hombre viejo de impecable traje azul ingresa a escena. Toma su sombrero, lo apoya contra su pecho y agradece al público con una expresión mezcla de satisfacción y asombro. «Nos sentimos honrados de poder tocar para ustedes esta noche».
Leonard Norman Cohen nació en Montreal, Canadá, el 21 de setiembre de 1934. De familia judía, su padre, Nathan Cohen, tenía un negocio de ropa fina y siempre vestía elegantes trajes de estilo inglés. Su madre, Masha Cohen, era hija de un rabino, poseía un carácter mucho más desenfadado que su esposo y gustaba de cantar mientras realizaba sus tareas. Leonard adquirió el gusto por la pulcritud y por la vestimenta formal del padre así como el amor por la música de su madre. También heredó la manera de ser melancólica y carismática de ésta. Nathan falleció cuando Leonard apenas tenía nueve años. Ese día el niño hizo una nota y la enterró en el jardín como privada ceremonia de despedida. Fue su primer texto y ha dicho que no recuerda qué escribió. Por mucho tiempo cavó hoyos en el jardín en busca de aquél papel. «Tal vez sea lo único que hago: buscar esa nota».
Volver a la carretera.
Cohen plantea una dificultad importante para quienes no son angloparlantes. Sus textos son parte fundamental de sus canciones. Bono, uno de sus admiradores, dijo que cualquier compositor estaría feliz si pudiera revisar la papelera de Cohen para utilizar lo que él desecha. Es necesario vencer esa primera resistencia, escuchar sus temas más de una vez, adaptarse a esa voz profunda, y acaso leer alguna traducción de sus textos para comenzar a apreciar y entender, por ejemplo, su feroz franqueza cuando confiesa que «Todos mis amigos se han ido, y mi pelo está gris, me duelen los lugares en donde solía jugar» («Tower of Song»). Si bien sus álbumes se fueron espaciando, tanto I`m Your Man (1988) como The Future (1992) lo muestran en su plenitud. Predominan los teclados, las canciones son más rítmicas y hasta pegadizas pero sus letras siempre están en el centro de la cuestión. Poco a poco, Cohen se fue retirando de la escena. Los años comenzaron a pesar y su búsqueda espiritual lo llevó a ordenarse monje budista internándose en el Monasterio de Mount Badly. Todo parecía encajar en un plan perfecto. Sentía que había superado su depresión crónica y al ser una persona austera, sus ahorros alcanzaban para asegurarle una vida tranquila tanto a él como a sus hijos. Hasta que en 2004 se enteró de que su dinero se había esfumado. Su manager, amiga y ocasional amante, Kelley Lynch, era la responsable del desvío de cinco millones de dólares de sus cuentas. Luego de un juicio tan áspero como doloroso, Lynch se dio a la fuga sin devolver el dinero e inició una campaña de acoso y desprestigio contra el cantante.
Tal como lo describe la letra de su canción, el futuro parecía sombrío. Tenía más de setenta años y hacía mucho tiempo que no pisaba un escenario. Cohen no sabía si podía volver a cantar en público y aquél viejo temor que sintió cuando interpretó por primera vez «Suzanne» parecía renacer. Fue el promotor Rob Hallett quien lo convenció. Accedió a ocuparse de todos los gastos que insumiera formar una banda y la organización de una gira con una cláusula que cautivó al cantante: si no estaba convencido en cualquier momento podría renunciar y no le debería nada. Los ensayos llevaron mucho tiempo hasta que en 2008 tuvo lugar el primer concierto de una especie de pre gira que se había organizado para ajustar los engranajes de la banda. Simmons cuenta que antes de entrar al escenario del pequeño teatro, el cantante estaba muy nervioso. «Si la madre de Leonard hubiera estado allí le hubiera recomendado que se afeitara». Era su costumbre seguir ese consejo. Si estaba confundido, nervioso o no sabía qué hacer, se tomaba su tiempo para darse una buena afeitada mientras las cosas parecían acomodarse en su cabeza. Pero no había tiempo. Cohen tomó su sombrero, lo puso sobre su pecho, murmuró una breve oración y entró al escenario. La ovación fue impresionante mientras el público se ponía de pie. Ese hombre que no le teme a la muerte «pero sí a los preliminares» y que opina que su mayor mérito es la sobrevivencia, volvía a nacer sobre un escenario. Comenzaba el primero de los cientos de conciertos que ha ofrecido en estos años, cautivando a la audiencia con sus canciones y sus palabras. En 2012 editó su décimo segundo álbum, Old Ideas, y los conciertos seguirán durante todo el 2013. Al verlo disfrutar de esa calmada felicidad que irradia al público, con sus setenta y ocho años a cuestas, parece adquirir nuevo significado una de las frases más bellas de su canción «Anthem»: «Toca las campanas que aún pueden sonar, olvida tu oferta perfecta, hay una grieta en todo, así es como entra la luz».
(fragmento de El Paìs Cultural. Luis Fernando Iglesias Herrero. «Luces en las grietas»)

 

Alfredo Gomez

Quietud

Pena grande, corazón,
aire y espuma, ramas y venas.
Burbuja que quiere estallar
como fruta que cae,
como planeta.
Pena grande, sinrazón,
hueco del tiempo, sólo silencio.
Mientras todo ríe alrededor
algo se ha quedado quieto.

Yatire

BORRACHO

causas risa borracho
¿quien te olvidò?
la de cuello fino ¡te pudo!
a tu cuesta tantos ganan
a tu cuenta ¡cuantos! pierden
aquella niña de ojos tristes,
tristemente te miran
solo te miran, no te observan
a los borrachos se los mira
a los borrachos no se los observa
no se observa el vuelo de las palomas
ni de los jilgueros
¿porque hemos de observarte borracho?
¡ah borracho! comprender demasiado tarde
no es comprender .-

Omar Adi

Canción parca

Esperando sepan disculpar la pálida, pero con la íntima convicción de que hay que prepararse porque somos los muertos de mañana, les paso bajo la puerta (toco timbre y salgo corriendo) uno de los textos que integraban aquella
«Cantata de la Fundación» que retazos de Grupo Gente escenificó allá por 1982, en los 200 años de Santa Lucía.

Agazapada detrás del hoy
vendrá con sus brazos milenarios
a abrazarte y a lamerte
corbata y abecedario,
tristeza de navidades,
recuerdos, discos, zapatos.
Te alcanzará en silencio
mientras el café o el diario,
mientras fornicas o ríes,
mientras crees ser feliz,
mientras revuelves la olla
o si te toca en suerte
mientras oyes unos versos
que le cantan a la muerte.

«El mismo lobo tiene momentos de debilidad, en que se pone del lado del cordero y piensa:
Ojalá que huya.»

Ahora no me conocés
Dos y el elefante

Compartir