Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, como un enorme tren trepidando con sus gritones pasajeros ;y bebés y canastas de picnics y gatos y
perros todos ellos preguntándose quién es el de la cabina allí adelante manejando el tren, si es que hay alguien.
Ahora no me conoces
La orquesta (para el guitarrista, con afecto)

Ahora no me conoces de la edición anterior
Pecoche y Beltrán (Susana Lopez)
Alfredo Gomez
Letras en camiseta
Ecuestre
Hogueras lejanas, relámpagos fatuos,
el inmenso cielo que nubla los ojos,
las letras de un nombre que ya no pronuncio,
tañido de campana que nunca se calla.
Espiral que sube, montañas de Asturias,
caminos de partida, caminos de regreso,
el amor y sus rizos, la fe y los rezos,
el valle siempre, llamando a lo lejos.
Un tajo en el pie de una niña descalza,
un borracho irredento golpeando a la puerta,
la amarga sidra danzando en el aire,
danzando los besos, danzando los vasos.
Guitarra que resucita desde un catafalco,
trayendo canciones de mineros y barcos
que partieron sumidos en sueños y quebrantos,
de los que se hundieron, de los que llegaron.
Pan con cebolla y cebolla con pan
y para la cena rebanada de viento,
un beso en la frente y agua,
si hay.
Pero arriba, más arriba en la montaña,
madura en la ladera un melocotón temprano,
en un arbolito que quedó solitario,
y como al descuido siguió dando flores,
y de puro rebelde a morir se ha negado.
Así es a veces el amor, empecinado,
como un caballo sin dueño que ronda los establos.
Al relincho de la hembra,
a su olor, responde,
y siendo el más libre, se ve prisionero,
atado a la brama, al flujo que corre,
al cuero que llama.
Y una noche cualquiera, cuando la luna se oculte,
llegando la madrugada,
cansado de no alcanzarla,
se alejará galopando.
Galopando, galopando, galopando,
teñirá de sangre al horizonte más rojo,
cuando su corazón estalle.
Una estrella reflejada en el ojo de arriba,
y una gota de rocío en el otro, contra el pasto.
(No hay piedra más dura que este silencio,
ni nieves más frías que estas memorias.)
Rosina More
Llegó en el canto de cada pájaro
En el misterio de la mariposa
En la risa del encuentro
En el verso de todos los besos
Llegó para que algún día nos fuéramos
Juntas, a la misma hora.
Secretamente juntas…mi vida y yo
La carpeta de Monsieur Fourcade
2
Borges nos pidió que detuviéramos el automóvil, justo enfrente a la Iglesia de la
ciudad, cuando en ésta sonaba las campanas de la medianoche. ¿Oyen ustedes
esas campanadas?, preguntó. Y agregó: ¿acaso no se percatan de su peculiar
sonido? Nada significativo dije, pero claro, estaba acostumbrado a oír las
campanas de la iglesia.
Bioy Casares escuchaba con atención así como Norah (hermana de Jorge Luis) y
Silvina (Ocampo) que en aquella ocasión nos acompañaba. La plaza estaba
desierta y el otoño ya era un abril que había tapiado de hojas muertas sus
pérgolas. Cuando terminaron las campanadas, el Cadillac Fleetwood azul,
comenzó a marchar lentamente hasta la esquina de la plaza, dónde uno podía
descubrir a lo alto de la ochava de una casa allí ubicada, un cartel en relieve qué
decía “Casa Viuda Gallo de Marteletti”.
Félix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Joseph Conrad
El 6 de abril de 1917 se produjo la declaración de guerra de Estados Unidos
contra Alemania que Conrad calificó como una “travesura bélica”. El suceso
produjo en el novelista sentimientos encontrados: por una parte se sentía
agradecido por la ayuda que significaría para Inglaterra esta decisión
norteamericana pero seguía siendo escéptico de los verdaderos móviles de la
joven potencia. Esta reticencia provenía de la guerra contra España de 1898
donde le arrebató las colonias de Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam. En ese
año los norteamericanos invadieron Cuba con el pretexto de que los españoles
causaron la voladura de su acorazado Maine, cuando en realidad la explosión
ocurrió dentro del buque como se comprobó en investigaciones posteriores. A
Cuba le concedería la independencia en 1902 a cambio de concesiones
territoriales (instalación de bases militares) y comerciales. El escritor también le
reprochaba los grandes negocios que había hecho en el tráfico marítimo en el
curso de la Primera Guerra Mundial mientras que la economía inglesa se
deterioraba. En su libro “Nostromo”, Conrad habla sobre el expansionismo
norteamericano y “alerta sobre la retórica acaramelada en la que descansa
habitualmente, una máscara de la ambición pura y la avaricia”. En este mismo
libro pone en boca de uno de sus personajes, Holroyd, esta tajante declaración:
“Mandaremos en todo: la industria, el comercio, la ley, el periodismo, el arte, la
política y la religión, desde el Cabo de Hornos hasta el estrecho de Smith, y más
allá también, si aparece algo que merece la pena quedarse en el Polo Norte. Y
luego nos daremos el gusto de apropiarnos de todas las demás islas y
continentes del planeta. Nosotros llevaremos los negocios del mundo, le guste al
mundo o no.”
También en lo personal sentía cierto rechazo por sus ciudadanos: “¡Oh! ¡Esos
americanos! Todos ellos parecen tener algo mal en la cabeza”. Según el
testimonio de su amigo Retinger “esta aversión a los norteamericanos y su
mentalidad”, se atenuaría y volvería más positiva después de los viajes que hizo
el escritor en 1923 a Nueva York y Nueva Inglaterra.
En lo que respecta a la revolución rusa de 1917 Conrad tenía dudas sobre
escribir acerca del tema porque no quería aparecer como una opinión
autorizada. Incluso cuando su viejo amigo Garnett, admirador de la cultura
rusa, le pidió que prologara su libro acerca de Turgueniev que consistía en una
recopilación de los prólogos que había escrito para las obras del escritor ruso
que fueron traducidas por su esposa. Conrad lo invitó a su casa de Capel House
para discutir el tema y finalmente accedió a escribir el prólogo donde hace
comentarios elogiosos para Turgueniev; también se ocupa de Dostoyevski con
quien discrepa con sus enfoques políticos y le causa rechazo su emotividad,
aunque su libro Crimen y castigo despertó su interés. Tal vez le chocara la
religiosidad del famoso autor ruso quien, en su juventud, se vinculó a un grupo
socialista que conspiraba contra el zarismo, motivo por el cual fue condenado en
primera instancia a muerte, pena que fue conmutada y sustituida por cuatro
años de prisión en Siberia, durante los cuales leyó la Biblia y otros textos
religiosos, adhiriendo firmemente al cristianismo y renunciando a sus antiguos
ideales vinculados al racionalismo de la Ilustración y al ateísmo, priorizando el
cultivo de los valores morales y las cosas permanentes por sobre la lucha por el
cambio social. En su obra Los hermanos Karamazov, pone en boca de uno de
sus personajes la frase: “Si Dios no existe, todo está permitido”.
El Maestro Enrique Ilera
Caminos Cruzados
En un hecho sin precedentes, el Dr Lex Otán , de la clínica del mismo nombre,
invitó al Dr Zapicán del Hospital de Alienados Dr Codo Fodín a un desayuno de
trabajo para intercambiar experiencias.
-Me ha tocado un caso que dejó huellas imborrables en toda mi carrera-
comenzó diciendo el titular de la Clínica, mientras revolvía su taza de té con
leche que acompañaría con scones recién horneados.
Fue el de un paciente atacado por una paranoia tan aguda que afirmaba ser
perseguido por el sol, y como creía que los paraguas o sombrillas le tarían mala
suerte, solo salía al jardín los días nublados.
-Yo recuerdo todavía claramente un caso muy perturbador- Repuso el Dr
Zapicán dando vuelta el mate de yerba usada-Tuve internado en el hospital un
esquizofrénico con tantas y tan diversas personalidades, que cuando era
llamado por su nombre demoraba mucho rato en encontrarse a sí mismo,
apareciendo luego con imaginarios compañeros de un supuesto grupo coral o el
resto de la comparsa de negros lubolos inexistente que él creía integrar.
Luego el Dr lex Otán continuó relatando casos relevantes a su invitado y éste,
recordando para relatar al dueño de casa, casos tan patéticos que hubieran
hecho poner la piel de gallina a otro que no fuera su anfitrión.
Así transcurrió el tiempo tan rápidamente que la hora del desayuno comenzó a
aproximarse mucho a la del almuerzo, poniendo en serio riesgo (solo al Dr Lex
Otán) que la comida del mediodía no fuera servida en hora y con todas las
atenciones acostumbradas por sus pacientes que al decir de algunos procedían
de muchas partes del mundo.
Por su parte del Dr Zapicán, muy reconfortado por los testimonios aportados
por su colega, emprendió el regreso al Hospital de Alienados Dr Codo Fodín.
Pero lo que el Dr Lex Otán y el Dr Zapicán ignoraban era que ambos, abrumados
por los relatos de uno y del otro, equivocaron sus designios y el dela clínica fue a
internarse en el Hospital y el del Hospital pedir asilo psiquiátrico en la Clínica.
Daniel Da Rosa
La vida misma
es poesía
una manzana roja una flor amarilla el pecho descubierto
la tristeza larga el pelo suelto la mancha en el papel
la semilla al sol la piedra bajo el agua el pasto verde el rayo escondido
esta fiera dormida esta pausa justo en el medio
es delmira de un tiro
la ese devorada los hombros encogidos la mirada pérdida
el sueño repetido la noche sesgada el filo de la lengua cortando el aire
el refucilo del puñal puesto en la camisa
el cielo redondo
la puerta de fuego
es cuando uno cierra su casa y se da media vuelta hacia la calle
y descubre que el mundo no es el mismo de ayer.
la mueca de una risa las lágrimas de cocodrilo
una boda donde todos callaron para siempre
el niño que vive en mi
el viejo barbudo
la vida angosta
es idea sin onetti
el botón bajo el sillón la araña peluda la mosca en la boca
un pedazo de pan seco una copa de vino vacía
un cigarro apagado contra un espejo roto
la curva de un adiós
la foto sepia
una máquina de coser palabras
la pollera ajada
el alma dobladita en dos
la fina la delicada y tierna belleza del amor.
la vida misma
es poesía.
Ilustraron: Pablo Picasso, George Seurat, s/d, Edward Hooper.
La huella de un sueño no es menos real que la de una pisada. GD

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