Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, la dificultad consiste en saber si este puente es un detalle,una distracción o un vínculo
Ahora no me conoces
El final de la escapada

Ahora no me conoces edición anterior
Arturo Cravea, José Ferraro, Gustavo Suárez y Marcelo Goyos (José Pepe Torres)
Historias de Música.
-Lunes a Viernes de 12 a 13 horas.
Conduce: Un tal Luis Fernando Iglesias. Emisora del Sur 94.7 FM
EduardoMollo
La obra de Alfredo Zitarrosa ( 5 )
b) José Batlle y Ordóñez
Cómo se adora a Dios
Poesía: José Batlle y Ordóñez
Música: Alfredo Zitarrosa
No adoremos a Dios como expulsados
Traficantes del templo,
Con palabras vacías de sentido
Y sin la fe profunda
Que aclara el pensamiento.
Se adora a Dios en el cincel de Fidias,
Que admira el universo,
Con la brocha inmortal de Miguel Ángel,
Con las notas sublimes de Rossini,
Con los cantos de Homero.
Se adora a Dios con la cabeza erguida
En medio del combate,
Despreciando las iras del protervo,
Y hundiendo a los tiranos en el polvo,
Con su hueste execrable.
No adoremos a Dios como expulsados
Traficantes del templo,
Con palabras vacías de sentido
Y sin la fe profunda
Que aclara el pensamiento.
El poema que canta Zitarrosa, tiene algunas variantes con respecto del orginal.
Puede escucharse en YouTube y en Spotify, una prueba ( grabación no
profesional ) de este tema que nunca llegó al disco, y que tiene la siguiente
presentación:
Alfredo Zitarrosa, acompañándose con su guitarra, realiza una prueba durante la
composición de una canción sobre el poema “ Como se adora a Dios ”, de José
Batlle y Ordóñez.
En cuanto a la poesía original, está escrita en
quintillas: cinco versos de arte menor con rima consonante y esquema variable.
En el caso de “Como se ama a Dios”, Batlle y Ordóñez utiliza tres versos
endecasílabos (de 11 sílabas) y los dos restantes, heptasílabos (de 7 sílabas) con
rima consonante, a lo largo de nueve quintillas.
En verso publicó Batlle en El Espíritu Nuevo, con su
firma, cinco composiciones: "El desengaño y la fe", "Recuerdos" , "La ramera",
"Cómo se adora a Dios" y "El mendigo". ( Del libro “ Batlle y Ordóñez y el
Positivismo Filosófico ”, de Arturo Ardao, Ediciones NÚMERO, Montevideo, 1951
).-
"El Espíritu Nuevo", era un semanario de Ciencias y
Literatura, que se publicara desde noviembre de 1878 a setiembre de 1879.
José Batlle y Ordóñez: ( 1856 – 1929 ). Abogado, político, periodista y escritor
uruguayo, que ocupó por dos veces la Presidencia de la República.
Vocabulario:
Fidias: Escultor griego, fue el artista más famoso del mundo clásico, y el maestro
que llevó la escultura a los niveles más altos de perfección y armonía.-
Protervo: Perverso, obstinado en la maldad.-
Alvaro Ojeda
Craso
Hay un declive allí,
un momento en donde todo sobra,
o mejor aún: sobra alguna cosa
y el mundo
–aquel mundo–
se detiene en un error.
El cielo azul surcado por aviones,
la azotea, la claraboya, el hijo, el padre
y aquellos ojos de ambos
urdidos en el infinito humedal
de un parpadeo.

Hugo Fontana
La visitante
voces de niños. vasta madrugada.
somos yo o mi hija regresando de la escuela
y otros y otros niños. horas de rondas
en derredor del árbol. en la oscura, silenciosa habitación
a mi lado una mujer duerme serenamente.
no es la madre de mi hija
ni quien convivió conmigo durante diez años
ni la frugal adolescente que iba a la escuela con aleyda
ni la niña del cabaret
ni aquella a quien tanto aterrorizaban los gatos
ni that me leía sus poemas con voz apesadumbrada
ni la tenue muchacha de mano pequeña y débil.
voces y risas de niños, la lámpara de la calle, un motor distante como la luna.
con qué furiosa velocidad ha pasado la vida.
Félix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Joseph Conrad
Cuando llegaron a Zakopane, Conrad y su familia se hospedaron en la lujosa
pensión Willa Konstantynówka, una hermosa y amplia edificación construida
enteramente en madera al estilo de las edificaciones de esa zona; la regenteaba
su prima Aniela Zagórska ayudada por sus dos hijas quienes procuraron darles
tranquilidad a sus preocupados huéspedes. El clima del lugar era inusitadamente
frío y a medida que pasaban los días la situación se volvía mas angustiante; en
una carta a Pinker de fecha 15 de setiembre de 1914 le contó: “Estamos aquí
privados de medios, sin ropa de abrigo, y en una situación francamente
deplorable”; también le solicitó ayuda económica y le informó de su plan para
salir del lugar: ir a Cracovia, de ahí a Viena donde pedirían ayuda al embajador
norteamericano, que representaba los intereses de Inglaterra en el imperio austro
húngaro, para poder viajar a Italia. Mientras permanecieron en Zakopane,
Conrad se ocupaba de conversar acerca del desarrollo de la guerra y conocer la
literatura polaca. Alternó con importantes escritores y artistas como, por
ejemplo, el novelista Stefan Zeromski y el joven pianista polaco Arthur
Rubinstein, quién se haría célebre por sus excelentes ejecuciones de las obras de
Chopin y otros famosos autores. A principios de octubre volvieron a Cracovia,
primero en trineo y luego en el tren nocturno, pero permanecieron atrapados
durante once horas en la estación donde se había improvisado un hospital de
campaña al que llegaban muchos heridos en penoso estado. Finalmente
consiguieron viajar a Viena en un tren atestado de personas. Al llegar pasó unos
días en cama atacado de gota, y luego llamó al embajador norteamericano
Frederic Penfield para que arreglara el viaje a Italia. Tuvieron suerte porque,
según lo relatado más tarde por Penfield, las autoridades habían ordenado
retener a Conrad hasta el final de la guerra, pero, afortunadamente para nuestro
escritor, la carta que contenía esta disposición se habría perdido. Finalmente
pudieron salir de Viena y se dirigieron a Italia. El 20 de octubre llegaron a Milán
desde donde el escritor telegrafió a Pinker pidiéndole dinero para el viaje de
regreso a casa: tuvieron que ir a Génova donde se embarcaron en el buque correo
holandés SS Vondel con destino a Inglaterra pasando por el Canal de la Mancha
que estaba lleno de barcos de guerra. El 2 de noviembre de 1914 desembarcaron
en Gravesend, ciudad ubicada en el condado de Kent, en la ribera sur del
Támesis. El costo del viaje fue muy alto: Conrad llegó cansado y enfermo y
durante un tiempo no pudo volver a trabajar (fue incapaz de escribir artículos que
le encargaron sobre el tema). Sufría el desgaste que traen los años, tenía
menguada su vitalidad, empezaron los problemas en el corazón y se encontraba,
según las palabras del escritor en una “especie de apatía enfermiza”. En enero de
1915 se sintió mejor y pudo retomar sus escritos. Comenzó por una serie de
artículos llamados Polonia revisitada para la revista estadounidense Saturday
Evening Post. Era un largo artículo autobiográfico y la publicación lo rechazó
alegando que no relataban “las experiencias actuales de la guerra”. Finalmente
Pinker logró venderlo en Inglaterra al Dayli News mientras que Eugene F. Saxton
y Doubleday lo colocaron en Estados Unidos en el periódico Boston Evening
Transcript. Al mes siguiente comenzó a esbozar la idea para un nuevo libro,
Primer mando que luego renombró como La línea de sombra donde rememora
su primera experiencia como capitán ocurrida durante el paso hacia la edad
adulta. También esbozó la idea para La flecha de oro: recuerdos de su primera
juventud acerca de episodios de la guerra carlista.
Daniel Da Rosa
recuerdo sin haberte conocido
la hermosura de tu otoño
el agua en llamas
el silencio descuajado
la flor hecha fiera
lo breve suelto en tu boca
pidiendo besos como peces
el patio del inútil espejo de los ojos
las sillas atadas a lo sórdido de una tristeza
que crecía sola y sin palabras
recuerdo el aire blanco de tu mano
en mi espalda ya emplumada.
Todos vamos muriendo.
Es así de necesario para que la vida pueda seguir adelante.
Alfredo Gomez
Letras en camiseta
De caballos y nombres I1)
En los primeros años de mi niñez, mi abuelo era guarda parque, y además
cuidaba varias casas en el barrio. Una de esas casas era “lo de” Regialdo. La casa
quedaba en el bulevar, entre la que entonces era Virrey Vértiz y Tajes. En esa
casa vi por primera vez una mesa de pingpong y también una caballeriza, porque
además de la casa, mi abuelo se ocupaba de cuidar allí a una yegua blanca,
hermosa, que es el primer caballo en mi memoria: la Sirena.
Mi abuelo tenía un trato especial con los animales, mágico para mi, pero sin duda
adquirido a través de su larga vida. Había sido tropero y domador, encargado de
una estancia allá por 1900 en La Pampa, Argentina, pero eso darå lugar a otros
relatos que irán apareciendo más adelante, espero. Para el caso de este, lo
importante es dejar aquí claro que sus destrezas de domador no se basaban en el
rebenque y la espuela, nada de eso, no: él domaba con caricias, ganándose la
confianza y el cariño del animal. En este día que estoy recordando habíamos ido a
“lo de Regialdo”, y ensilló a la Sirena que me parecía inmensa desde la estatura de
mis tres años. Después me preguntó si quería montarla, y claro que sí, cómo no
iba a querer! Me alzó y me puso en el recado, pero una vez allí me dio miedo. No
miedo del caballo, ni de caerme, miedo de verme tan alto, tan lejos del suelo. Me
invadió una sensación de soledad, como si todo hubiese cambiado y todo lo
conocido me hubiese abandonado para siempre. Esa pequeña y a la vez profunda
angustia, duró apenas un instante y enseguida dio paso a la maravilla del calor
del animal cerca de mis rodillas, de las crines y el honrado olor (con el permiso de
Miguel Hernández) de la Sirena, que fijaría ese recuerdo en mi memoria para
siempre.
Todavía por entonces los caballos estaban muy cerca de nuestras vidas, los carros
de los verduleros, los panaderos, los lecheros, eran parte activa del paisaje de
Santa Lucía.
Hasta para las mudanzas había un carrero al que llamaban Cristóbal. Cristóbal
también se ocupaba de repartir las encomiendas que llegaban por el ferrocarril.
Lo curioso con respecto a este hombre, es que creo recordar que alguien una vez
me dijo que su nombre no era Cristóbal, pero que lo había heredado de quien
fuera el carrero antes que él, como quien hereda el nombre de un negocio. Así
cuando hacía falta llevar algo de un sitio a otro había que llamar a “Cristóbal”,
que en su cédula tal vez era Juan o José, vaya a saber. Era fácil encontrarlo ahí
nomás, cerquita de la estación esperando algún tren o cargando algún paquete.
Otros que recuerdo en su carro son: el Vasco Poyú, panadero, que según con
quien se cruzara en el andar lerdo de su yegua, a ella le daba un nombre
diferente: Ruuubia, Gooorda, Morooocha…etc. Eso sin dejar de mirar en ningún
momento para adelante, para no revelar esa broma que hacía para sí mismo y
nadie más. También recuerdo a Arlotto que vivía a la vuelta de nuestra casa y
tenía muchos caballos. También había uno al que le decían El Macho Doble,
porque siempre andaba en el carro en compañía de su mujer, nunca supe cuál
sería su nombre. El Macho Doble, a quién se le habrá ocurrido ese apelativo!
Nunca han faltado poetas en este pueblo.
Ilustraron: Rodolfo Torres, Pablo Pose Malacrida, Edgar Degas, s/d.
“Había un tiempo en que para escribir poesía había que saber escribir poesía”. SS

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