Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, y esta obligación de tener que verse avanzar resbalando en la baldosa.
Ahora no me conoces

En dónde estamos?

Ahora no me conoces de la semana anterior
Los alumnos de la escuela Martiriné (José Pepe Torres)

Historias de Música
De lunes a viernes, de 12.00 a 13.00 horas.

Conducción de Luis Fernando Iglesias.Emisora del Sur 94.7 Fm.-

Eduardo Mollo

Esposas, parejas , hijos y nietos de Los Beatles ( 2 )

2.- John Lennon.
John Winston Lennon, nacido el 9 de octubre de 1940 en Inglaterra, y fallecido
(*) el 8 de diciembre de 1980, en EE.UU.-
( Este año se cumplen 40 de su desaparición física )
(*)Asesinado por Mark David Chapman, nacido el 10 de mayo de 1955, quien
ursa desde 1981, condena a cadena perpetua. De sus casi 65 años, ha pasa casi
40 en la cárcel.-
2.1.-Primera esposa:
Cynthia Powell( CynthiaLillian Powell ), nacida el 10 de setiembre de 1939, y
fallecida el 1 de abril de 2015, en España, a los 75 años.-
Se casaron el 23 de agosto de 1962 y se divorciaron en 1968.-( Lennon fue el
primer Beatle que se casó. )
2.1.1.- Hijos. Del matrimonio nació un único hijo, llamado John JulianLennon(
conocido como JulianLennon ) y que nació un 8 de abril de 1963.-
2.1.2.- Nietos.-JulianLennon no tiene hijos.-
2.2.- Segunda esposa:
YokoOno. Nacida el 18 de febrero de 1933.( Es 7 años mayor queLennon ).
Actualmente, tiene 87 años.
Se casaron el 20 de marzo de 1969, luego de un tiempo de convivencia en
pareja.-

2.2.1.- Hijos. Del matrimonio nació Sean Taro OnoLennon( SeanLennon ),
nacido el 9 de octubre de 1975, en EE. UU, precisamente el día del cumpleaños

número 35 de su pa padre.-

2.2.2. Nietos. Tampoco Sean Lennon tiene hijos.-

Félix Montaldo

PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS

Joseph Conrad

La aventura africana
La muerte del capitán danés Freisleven del vapor Florida que estaba al
servicio de la compañía hizo posible que Conrad fuera contratado por tres años
por la Sociedad para el Comercio del Alto Congo, empresa que se dedicaba a la
explotación del marfil. Partió de Bruselas hasta el puerto francés de Burdeos
donde tomó un barco para Africa. El navío recaló en algunos puertos africanos
donde desembarcaban empleados de aduanas y soldados; más que
desembarcarlos, algunos eran tirados en el lugar bajo condiciones peligrosas
según lo cuenta el autor de El corazón de las tinieblas: “Algunos, yo lo oí, se
ahogaban en las rompientes, pero nadie parecía demasiado preocupado de si
sucedía o no. Eran arrojados allí, y seguíamos.” En el viaje tuvo oportunidad
de presenciar a un barco de guerra francés que bombardeaba constantemente la
costa poblada de selva sin que se observara signos de que la región estuviese
habitada (la artillería jugó un rol muy importante en la conquista de Africa por
los colonialistas europeos).
Conrad estaba muy desencantado con el destino que había elegido y
tampoco encontraba una compañía agradable entre los demás pasajeros: “…Mi
ociosidad de pasajero, mi aislamiento entre aquellas gentes con quienes yo no
tenía nada en común, el mar aceitoso y lánguido, la oscuridad uniforme de la
costa, parecían tenerme apartado de la verdad de las cosas, en el dolor de una
triste e indiferente desilusión”.
En estas condiciones, con el clima tórrido y las fiebres que hacían estragos entre
los europeos que se aventuraban por ese lugar, el contrato de tres años firmado
por Conrad parecía muy difícil de cumplir. Se necesitaba un espíritu muy
especial para soportar todo esto con posibilidades de perdurar. Una viajera
inglesa, dijo al respecto: “Hay cierta constitución que ofrece mejores opciones
de sobrevivir el clima de la costa: la del hombre enérgico, delgado, nervioso pero
ligero de ánimo, capaz de disfrutar lo que se presente, incapaz de ceder a las
preocupaciones o a las incomodidades.”
El barco que lo trasladaba después de pasar por varios puertos africanos, arribó
a Boma, en la desembocadura del río Congo, centro administrativo del Estado
Libre del Congo. De allí tomó otro barco para Matadi donde llegó el 13 de junio.

Tuvo que permanecer en este lugar unos 15 días pero tuvo la oportunidad de
conocer a Roger Casement, patriota irlandés conocido por sus denuncias del
maltrato y la explotación de los indígenas en el Congo y en la Amazonia.
Casement trabajaba en este momento para la Compañía du Chemin de Fer du
Congo reclutando trabajadores para la instalación del ferrocarril. Enseguida
congeniaron y Conrad encontró a alguien con quien poder hacer una verdadera
amistad lo que lo compensó por el aislamiento y la soledad en que había vivido
hasta el momento.
De Matadi partió a pie para Kinshasa en compañía de 31 porteadores nativos. Lo
acompañaba un empleado de la compañía que regresaba del Congo: era un
hombre enfermizo que no podía resistir las caminatas y, a menudo tenían que
cargarlo en una hamaca, para disgusto de los porteadores. Cubrieron una
distancia de 370 kilómetros. El 1º de agosto, el día antes de llegar a destino,
Conrad escribió en su diario: “Mosquitos, ranas… horrible. Me alegro de llegar
al final de esta estúpida caminata. No me siento muy bien.”
Cuando llegó al edificio de la Compañía le esperaba su director, Camille
Delcomunne con quién no tuvo una buena relación. Después partieron río
arriba en el vapor Roi des Belges, comandado por un capitán danés (L. Koch),
iban con ellos varios agentes de la compañía. Su tripulación estaba constituida
por bantúes provenientes del interior del Congo; según Conrad, dichos
indígenas eran caníbales. La travesía tenía por objeto auxiliar al vapor Ville de
Bruxelles, navío que, aparentemente presentaba problemas para navegar. En el
viaje Conrad tomaba nota meticulosamente de todo lo que sucedió en el
trayecto, información que le fue muy valiosa cuando tuvo que asumir el mando
por enfermedad de su capitán el 6 de setiembre. En el viaje de regreso se
produjo la muerte de un agente de la compañía llamado Georges-Antoine Klein,
que estaba enfermo de disentería. Se piensa que este suceso fue su fuente de
inspiración para escribir la escena de la muerte de Kurtz, punto culminante de
su relato en El corazón de las tinieblas, cuyo tema central es precisamente la
búsqueda de este personaje, el enigmático Mr. Kurtz, agente de la Compañía
para la recolección del marfil, que vivía en la selva y cuyo verdadero perfil se
rebeló cuando finalmente lo encontraron. Es de hacer notar que esta novela no
surgió del relato de sucesos reales ocurridos en el Congo. Sus vivencias en este
lugar le sugirieron ideas que el autor transformaría según su imaginación.
El 24 de octubre de 1890 estaba de vuelta en Kinshasa. Su percepción del Congo
era muy negativa, según una carta a su amiga Marguerite Porodowska, a quién
le escribió: “Todo es repugnante por aquí”. Esperaba hacer un viaje de
exploración por el río Kasai y participar de una expedición con Delcomunne
pero la compañía le asignó tareas que no le gustaron: una de ellas fue el
acondicionamiento de marfil en barriles (“tarea idiota” dijo Conrad). Luego fue
enviado en canoa a Banou, aldea situada a 50 kilómetros de Kinshasa, “para
seleccionar madera y hacerla cortar para la construcción de la estación local”.
El clima selvático del lugar debilitó la salud de Conrad quien enfermó
gravemente de fiebre y disentería. A fines de octubre fue trasladado en hamaca
de Kinshasa a Matadi y su contrato fue rescindido. En diciembre, nuestro
escritor, ya recuperado pero aún débil y deprimido, partió de regreso a
Inglaterra donde llegó en enero de 1891. Fue una experiencia desalentadora. Por
eso, más tarde, al evocarla en su novela, se percibe una atmósfera muy sombría
que por momentos parece una pesadilla.

Omar Adi
Reflexiones en tiempos de Coronavirus

Acá te quiero ver.
Pero no te veo.

El COVID 19 causa temor o, al menos preocupación ,y nos obliga a quedarnos en
casa para proteger y protegernos.
Pero hay otro virus absolutamente terrorífico de imposible erradicación que es
pandemia desde siempre en este extraño mundo enfermo. Este virus, conocido
como PRIYO (*), obliga a quien lo padece a mirar permanentemente su propio
ombligo.
En este duro tiempo pandémico, en el cual debe importarnos más que nunca el
otro, asoman ejemplares de seres humanos que degradan la condición de
sapiens.
Cuando debería ser imprescindible el recogimiento y la solidaridad de mano
franca tendida, somos testigos de actitudes personales que empiezan y terminan
en el ego siempre enfermizo de sus protagonistas.
Unos, preocupados en qué ocupar su tiempo, inventan mil formas de escapismo
seguramente porque si intentan mirarse adentro saben que pueden sentir el
infinito terror de no encontrar a nadie. Pero el virus en estos casos está en su
primera etapa y puede no ser demasiado nocivo. Y si se manifiesta con humor y
mejor si es negro, queda claro que el virus no ha entrado en el organismo
porque el humor es el refugio de la inteligencia.
La alarma se enciende cuando esa gente comienza a ser autorreferente todo el
tiempo. Son yoyos sin hilito que van más en bajada que en subida.
Se miran el ombligo y en él comienza y termina su mundo conocido, un universo
minúsculo lleno de pelusa.
No tienen la cabeza lo suficientemente bien amueblada como para tender una
mano, para meterse en los zapatos de los desamparados y caminar juntos
aunque sea unos metros.
Otros, muestran cómo disfrutan su obligatorio tiempo de reclusión
compartiendo fotos que siempre son obscenas aunque estén comiendo un
pancho. He visto a conocidos levantando en estos días vasos de whisky con un
fondo de parrilla suculenta en foros supuestamente preocupados por la suerte
de los demás sin hacer referencia jamás a esos demás.
Algunos se visten de solidarios y hablan y hablan y peroran y peroran aquí y allá
pero a la hora de los bifes, copitos de maíz con leche descremada.
Todos ellos se miran su ombligo personal, sin importarles el vecino solo, el que
vive en la calle, el compañero de trabajo enfermo, la gente de la salud que deja el
alma en la cancha. Practican el distanciamiento social pero desde siempre, con
pandemia o sin pandemia. Se importan a sí mismos. Y exportan lástima si los
juzgamos con misericordia y asco si los juzgamos con sentido crítico.
Pido perdón por no ser misericordioso.
Por suerte hay mujeres y hombres que le hacen honor a su condición de seres
humanos (de verdad humanos).Y son ellos los que te reconcilian con tus

semejantes, abrazados todos en un abrazo universal, que suena a tontería new
age pero es una de esas verdades de a puño que nos define desde siempre como
seres plenos.
Bien sé que hay quienes abrazan sin sentir en el alma la solidaria calidez de toda
cadena de unión, pero lo hacen ante la calamidad. Y no está mal.
Galdós se preguntaba si no es triste que sólo la desgracia haga a los hombres
hermanos.
Es verdad, tanto como es trágico que haya quienes aunque digan que lo son,
jamás serán hermanos de nadie.
Estas palabras pueden ser hirientes, lo sé.
Fontanarrosa decía que una palabra puede herir pero que un martillazo es feroz.
Ando con ganas de dar algunos martillazos.

 

Daniel Da Rosa
más que gustarme escribir cartas
me gusta recibirlas
a veces llegan sin sellos
pero no me importa sino por su contenido
me es grato saber que la soledad
se ha ido de paseo cuando repaso mi caligrafía
muy bien cuidada
en cuyo léxico se nota cierta pobreza
de vocabulario
pero lo que más me entusiasma es el saludo
donde me recuerda
todo el amor
que tengo para dar
la firma es una garabato
que me recuerda a un cisne negro
y la posdata
es generalmente
un deseo incumplido
un sueño loco
una risa apagada
un lágrima escondida

ilustraron: Amado B. Casaballe, David Hockney, Joseph Conrad Society , s/d,

 Un hombre saltó del muelle para salvar a un niño que se estaba ahogando. Una
semana más tarde, el marinero fue abordado por una mujer que le preguntó: “¿Eres el
hombre que salvó a mi hijo en el muelle?” El marinero respondió modestamente: “Sí,
señora”. “Entonces eres el hombre que estaba buscando. "¿Dónde está la gorra del
niño?” WCh

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