80 años

El destino de aquél ómnibus decía Santa Lucía. Lisardo y Elena lo
abordaron en Montevideo. Al bajar vieron que no estaban en la Barra de
Santa Lucía de la que le habían hablado. Llamada también Santa Lucía,
ésta era otra ciudad y estaban en Canelones. Encaminaron sus pasos por la
calle Rivera, llegaron hasta la plaza. El destino les tenía un lugar elegido en
esta pequeña ciudad pegada al río.
Lisardo Rodríguez, nacido en Orense, Galicia, Elena Rodríguez en Ferrol,
Coruña. Jóvenes españoles con impulso y decisión de trabajar, leyeron un
cartel de se vende y se preguntaron: ¿por qué no? y allí se plantaron. Han
pasado muchos años de aquella intuición de haber encontrado su lugar en el
mundo. Lisardo abrió las puertas de Carnicería La Central un 1º de julio
de 1939, hace 80 años, hoy en calle Roosvelt, que alguna vez se llamó
Buenos Aires. Dieciocho días después llegó Elena con Ricardo, el hijo
mayor de la pareja, desde entonces se convirtieron en ciudadanos de Santa
Lucía.
Si bien los dos veinteañeros cruzaron el océano desde España con muchos
desafíos y preguntas, Montevideo en Uruguay, fue el lugar que su destino
les tenía marcado para conocerse, casarse y formar una familia.
Tuvieron cuatro hijos, su primera hija fallecida desde bebé, luego nació
Ricardo en Montevideo, Pocho y Elena en Santa Lucía.
Lisardo, desde que llegó a Uruguay siempre estuvo trabajando como
empleado de carnicería, Elena como empleada doméstica. Fue uno de sus
patrones que le incitó a independizarse al ser muy trabajador y tener
condiciones para el oficio de la carne.
Luego de comprado el negocio en Santa Lucía, el matrimonio remodeló la
casa y construyeron lo que es ahora la carnicería nueva donde está el portón
de chapa.
Pocho se hizo cargo de la carnicería en el año 68, cuando su padre Lisardo
fallece, posteriormente Ricardo.
Barrio viejo, clientes y consumos nuevos
Hoy la madera ha sido suplantada por el acero inoxidable y el cristal, sus
instalaciones se han ido adaptando a las nuevas épocas, pero sigue allí
donde comenzó hace 80 años.
Los gustos del cliente han cambiado mucho, como también la forma de
comprar la mercadería en distintos frigoríficos, indica Ricardo Rodríguez

3ª generación de La Central. Antes se elaboraba más, ahora se pide todo
más preparado porque la gente tiene menos tiempo de cocinar.
La mercadería también llega en forma diferentes, hay cortes distintos,
mucho que viene preparado al vacío. Señala que está entrando mucha carne
desde Brasil, porque el novillo está más barato que en Uruguay y porque
también se agrega que actualmente hay poco ganado preparado, según
expresan desde la industria frigorífica.
Ricardo fundamenta una rentabilidad muy fluctuante en los últimos años,
lo que ha venido cambiando la manera de administrarse. El solo hecho de
tener abierto el comercio ya insume un costo fijo y hay meses que no se
cubren, otros se empata y ahí se van tratando de equilibrar las cuentas.
Además, el trabajo de la carne es especial, se le tiene que sacar de la red la
grasa, el hueso, no es todo ganancia y no se vende todo lo que se compra.
Como todo oficio, hay que conocerlo bien, pero por el manejo de las
herramientas, como cuchillos, picadores el uso de las cierras, tienen su
riesgo, son peligrosas, hay que estar muy atentos, remarca Ricardo.
Uno de los costos más grandes significa la energía eléctrica por todo lo
que se usa como las cámaras frigoríficas, principal elemento para este
comercio. Se tienen que cubrir gastos importantes como OSE, al igual que
el teléfono, todo más caro al ser tarifas comerciales. Otro aspecto
fundamental es la higiene, se tiene que limpiar con hipoclorito y jabón dos
veces por día, lo que también suma. Además, el BPS significa un costo
importante para cubrirse.
Un aspecto algo incomprensible, señala que según disposiciones
bromotalógicas las carnicerías en Canelones hay cosas que no se pueden
vender, como milanesas empanadas ni alimentos cocidos, ni siquiera para
perros. Contrariamente a esa orden, se encuentra de todo en otros
comercios, pero las carnicerías tienen limitaciones, subrayó Ricardo.
Acerca de su clientela, agrega que a muchos conoce desde hace años y que
en su mayoría son mujeres que conversan como vecinas, que pelean y
chistean “¿tenemos que morder primero para ver si son tiernas”?, comenta
jocosamente Ricardo, pero la verdad que ellas conocen mucho de carnes,
agregó.
La familia Rodríguez, los que vinieron desde España, plantaron aquí en
Santa Lucía su semilla y desde aquel 1º de julio de 1939, esta carnicería
por su constancia y permanencia es la más añosa de la ciudad.
Otros Rodríguez, seguirán a Ricardo, también clientes desde hace muchos
años y otros seguirán llegando a “La Central”.
Puede verse el paso de los años en fotografías que orgullosamente la
familia destaca, al lado una nueva plataforma tecnológica que sustituyó la
clásica caja registradora a lo que también hubo que habituarse.
Agradecemos a Elena Rodríguez por haber compartido su historia familiar
y a Ricardo por contarnos el hoy de La Central, una empresa heredada pero

que tiene que seguirse a pesar de ser otros tiempos, otra gente, otros costos,
con el mismo empeño y dedicación con la que empezó allá en el 39 el
abuelo Lisardo.
Y.S .

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