Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo,. todo es lo que parece ser, y un poco menos. Los signos son permanentes, las palabras flotan, y
somos olvido en la página siguiente.
Ahora no me conoces

Un vecino en París.


Ahora no me conoces edición anterior
Enrique Apratto, Waldemar Pedrazzi y Oliver Icardi (José Pepe Torres)
El Maestro Enrique Ilera
El vecino del fondo debe ir al peluquero
En uno de los últimos cuartos de la pensión, infestado de moscas durante el día
y atormentándolo de mosquitos en horas de la noche, vive desde el principio de
los tiempos aquel inquilino de aspecto desapacible, groseros modales y a quien
no se le tiene visto por varias generaciones.
Dicen las malas lenguas, que es un ex recluso al que se le empleaba en la perrera
municipal por su despego a todo lo que fuese vida. Pero también se afirmaba de
él que cuando el tiempo estaba tormentoso, se especializaba en amasar unas
tortas fritas muy bien preparadas y con la caprichosa forma que el demandante
le encargara.
En épocas remotas, cuando el vecino de uno de los cuartos del fondo de la
pensión era más visible, otro inquilino le encargó tres tortas fritas.
A saber:
Una con forma de jeroglífico, otra parecida a un criptograma y la tercera y
última lo más similar posible a un acertijo.
El vecino del fondo – y a pesar de los insectos- dejó tan satisfecho a su cliente,
que obtuvo como reconocimiento a su artesanía un poco de tabaco como para
armarse más o menos dos cigarros y un frasco con tres o cuatro cucharadas de
jarabe para la tos.
Y fue después de estos acontecimientos que se le volvió a ver.
Hasta que un día, después de haber tenido la pensión muchos caseros,
resolvieron unos últimos interesarse por el ladino inquilino, para ver qué le
sucedía, ya que nunca estaba visible. O por lo menos saber si estaba vivo o
muerto, porque los meses en que no se le viera se habían convertido en años, los
años en décadas y las décadas en siglos.
Se llamó a su puerta con discreción y se aguardó. Nada.
Se colvió a insistir varias veces y cuando ya se le había dado por muerto…el
escurridizo inquilino abrió la puerta.
– ¡Debe ir al peluquero!- le dijeron todos sin pausa alguna.
El aludido en cuestión repuso:
– Tengo todas las intenciones de hacerlo, lo que pasa es que me quedé
dormido por un rato.
Dicho lo cual se puso en camino.

Pero cuando ya estaba como a tres cuadras de la pensión, la punta de sus pelos y
de sus barbas aún permanecían en su cuarto sin mostrar ninguna señal de
movimiento.

 

 

Edgardo Taranco
En la página web de Afe están disponibles los horarios y tarifas de los trenes a
25 de Agosto y Sudriers.
Lo que no están disponibles son los trenes.

 

Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Jorge Luis Borges
También escribió un poema en recuerdo a su gato Beppo -así se llamó
también el gato de Lord Byron- y que fue el compañero de sus horas de soledad.
Después de su muerte lo extrañó mucho y le dedicó estas estrofas:
“El gato blanco y célibe se mira
En la lúcida luna del espejo
Y no puede saber que esa blancura
Y esos ojos de oro que no ha visto
Nunca en la casa son su propia imagen (…)
Me digo que esos gatos armoniosos,
El de cristal y el de caliente sangre,
Son simulacros que concede al tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Enéadas (…)
En otro de los poemas incluidos en este libro, llamado “Aquel”, nos
describecon humildad los hitos más importantes de su vida, su obra literaria,
sus desgracias, y su vergüenza por no haber tenido un hijo:
“Oh días consagrados al inútil
empeño en olvidar la biografía
de un poeta menor del hemisferio
austral, a quién los hados o los astros
dieron un cuerpo que no deja un hijo
y la ceguera que es penumbra y cárcel,
y la vejez, aurora de la muerte,
y la fama que no merece nadie,
y el hábito de urdir endecasílabos (…)”

En “Buenos Aires”, rememora con nostalgia a la ciudad de tiempos de su
niñez y de los relatos de sus padres:
“He nacido en otra ciudad que también se llamaba Buenos Aires.
Recuerdo el ruido de los hierros de la puerta cancel.
Recuerdo los jazmines y el aljibe
Recuerdo una divisa rosada que había sido punzó.
Recuerdo la resolana y la siesta.
Recuerdo dos espadas cruzadas que habían servido en el desierto.
Recuerdo los faroles de gas y el hombre con el palo.
Recuerdo el tiempo generoso, la gente que llegaba sin anunciarse. (…)” 1
Estos son algunos pocos ejemplos de los numerosos poemas y otros
escritos que contiene este libro.
La Navidad de 1981 y, posteriormente el Año Nuevo de 1982 fue invitado a
almorzar en la casa de Viviana Aguilar donde pasó con su familia. El escritor
diría después: “Fue un almuerzo maravilloso, hacía tiempo que no lo pasaba tan
bien”
Nueve ensayos dantescos
El 2 de diciembre de 1982 se publicó este pequeño libro por la Editorial Espasa
Calpe de Madrid. El estudio de la obra de Dante Alighieri siempre entusiasmó a
Borges. Comenzó en los tiempos en que trabajaba en la Biblioteca Miguel Cané y
viajaba en tranvía desde su casa hasta la Biblioteca; durante este largo viaje
aprovechaba para leer al Dante y de allí surgió la idea de hacer este trabajo,
fruto del cual surgieron varios artículos que se publicaron en el diario La Nación
y en la revista Sur (el artículo El último viaje de Ulises se publicó en La Nación
de fecha 22 de agosto de 1948. El libro del que hablábamos es una recopilación
de los artículos mencionadosmás algunas líneas agregadas por el autor a modo
de posdata. Borges nos relata este proceso creativo:
“El azar (salvo que no hay azar, lo que llamamos azar es nuestra ignorancia de la
compleja maquinaria de la causalidad) me hizo encontrar tres pequeños
volúmenes en la librería Mitchell’s… Eran los tomos del Infierno, del Purgatorio
y del Paraíso, vertidos al inglés por Carlyle. Eran libros muy cómodos, editados
por Dent. Cabían en mi bolsillo. En una página estaba el texto italiano y en la
otra el texto en inglés, vertido literalmente. Imaginé este modus operandi: leía
primero un versículo, el mismo terceto en italiano, y así hasta llegar al fin del
canto. Luego leía todo el canto en inglés y luego en italiano…”
Los estudios de Borges sobre Dante incluyen aquellos personajes que más
conmovieron a nuestro escritor: el encuentro de Dante con los “paganos
virtuosos” que no conocieron el cristianismo por lo cual Dios no los castiga pero
tampoco los premia (los ubica en el Limbo, primer círculo del Infierno,
habitando en el “Castillo de los Paganos”); allí destaca la presencia de Virgilio,
Homero, Horacio, Ovidio y Lucano. Luego viene “El último viaje de Ulises” que,
en su afán de aventuras, se aventura en su barco más allá de las Columnas de
Hércules (en el estrecho de Gibraltar) y se interna en el hemisferio sur,
buscando la montaña del Purgatorio. Se introduce así en un territorio que, de
acuerdo a la cosmogonía cristiana medieval, estaba vedado a los hombres (su
barca zozobra y es tragada por el mar). También se ocupa del romance de Paolo

y Francesca ubicados en el segundo círculo del Infierno. Finalmente se produce
el encuentro con Beatriz con quién Dante recorre el Purgatorio y contempla el
ascenso de Beatriz a los círculos del Cielo.
En el Prólogo, Borges nos manifiesta su admiración por el lenguaje literario de
Dante (“en su libro no hay palabra injustificada”). También nos habla del
universo del autor italiano, dominado por la astronomía de Ptolomeo y por la
teología cristiana.

 
Daniel Da Rosa
sobre la cabecera del escritorio hay un mapa de pocos ríos
en el fondo de la cava hay un borracho dormido
el viento empuja la hamaca vacía
la lluvia anega de gorgoritos el estanque sereno
el perro arrollado sobre si mismo duerme intranquilo
los relámpagos juegan en la oscuridad de la noche
a iluminar iglesias bares lupanares a los que no pueden dormir
el mundo gira sobre su eje de rotación un poco más rápido
igual que mi corazón.
cuyo latido no se le oye por unos segundos por un trueno
de elefante que desaparece
tras de un ligero suspiro del cielo no visible
ahora
el mapa sigue ahí
el borracho fue un sueño
y el viento sigue empujando la hamaca vacía.

 

Alfredo Gomez
Pena grande, corazón,
aire y espuma, ramas y venas.
Burbuja que quiere estallar
como fruta que cae,
como planeta.
Pena grande, sinrazón,

hueco del tiempo, sólo silencio.
Mientras todo ríe alrededor
algo se ha quedado quieto.

Ilustraron: Cfm (imm), F.Scianna, Edward Hooper

Hay revoluciones secretas. Hacia 1425, en el taller de un convento de Florencia,
un pintor que era fraile dominico hizo algo que no había hecho nunca nadie
hasta entonces: en vez de cubrir con una lámina de oro el fondo de una escena
sagrada, pintó en él un trozo de cielo azul muy profundo, el que vería uno sobre
los tejados y las colinas de la ciudad, por la ventana a la que se asomara el fraile
pintor, a quien nadie llamaba todavía Fra Angelico.AMM

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