Recordando a Nelda

Debajo de un enorme Ibirapitá, allí se colocó la plaqueta a la Maestra
Nelda López, que dice: “En tu querida Escuela dejaste con tus actos una
huella viva en nuestro diario andar”.
Nada fue al azar, este 27 de mayo cumpliría 90 años, ¿dónde colocaron
esta plaqueta?, en su querida Escuela Nº 156 Clemente Estable y debajo de
ese frondoso árbol de tanta leyenda, que ella mismo plantara, ante
familiares directos, como sus hijos, amigos y compañeros, explicó la
maestra directora Julia González. Agregó que se coincidió en realizar un
sencillo homenaje pero que fue un encuentro de mucha emoción, con
abrazos y recuerdos, porque no sólo se reunió la gente vinculada a esta
Escuela 156, sino también a toda la comunidad que recuerdan a la maestra
Nelda.
Los niños corearon un feliz cumple, cantaron repletos de alegría,
característica que también marcó su personalidad. Aunque de generaciones
muy alejadas, allí estuvo presente el recuerdo de la maestra se volvió a
conjugar la vocación, el esfuerzo y la tenacidad que le caracterizaban como
ser humano y docente. Todas esas virtudes fueron las recordadas por
compañeras maestras y funcionarios que trabajaron junto a ella, pero fue
elegido el testimonio del maestro Jorge Gallero para realizar una sincera
semblanza de Nelda López.
Primero expresó su alegría porque él mismo enseñó muchos años en este
centro. El maestro Jorge comienza definiéndola “bajita, ojitos pequeños
muy iluminados, pícaros, hablaba ligerito, fue divina maestra, divina mujer,
divina madre, divina compañera…hablar de Nelda es hablar de entrega,
dedicación, fue una especialista en enseñar a leer”.
Jorge no leyó un discurso ni una biografía, porque efectivamente sólo
habló con el corazón. La recordó solidaria y constante, quienes la
conocieron asentían al escucharlo. La definió como una enamorada de su
carrera, de los niños y de la escuela. No se fijaba en horarios estrictos,
venía antes a la escuela para ayudar, regalaba su tiempo con amor.
Organizaba un ropero, porque en épocas muy difíciles había frío y poco
abrigo, la recordó hincada en el piso poniendo medias a los niños que no
las tenían o curando problemas de pediculosis.
Nelda era entrega, era amor y se podrían hablar de tantas cosas lindas
vividas gracias a sus virtudes como docente y como ser humano, pero
siempre vivirá en nuestro recuerdo, indicó finalmente el maestro Jorge.
Sin dudas la Maestra Nelda seguirá por siempre en la memoria del corazón
de quienes la conocieron y de quienes no. Aún para esos escolares y

maestros de hoy, para ayudar a reflexionar sobre lo noble de la
reciprocidad de aprender y enseñar en la escuela.
Y.S.

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