Santa Lucía, 27 de marzo de 2019
Semanario El Pueblo
A quien corresponda
Por este medio, solicitamos que se nos permita responder a las palabras del párroco
Jorge Jaurena publicadas en su medio el día 20 de marzo del 2019 en referencia a
la marcha del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.
Nos parece que, para poder mantener un diálogo fluido y respetuoso, basado en
conceptos y no en prejuicios, hubiera sido pertinente también rescatar la opinión de
las decenas de mujeres que participaron de la marcha con cánticos, algunos
dirigidos a la Iglesia Católica.
Quizás sea necesario aclarar que nuestro colectivo es un grupo diverso de mujeres
con variados orígenes, creencias, edades, formaciones académicas y posiciones
económicas. Cada una elige participar de las actividades que organizamos de la
manera que siente correcta.
Con respecto a las palabras del párroco, nos sentimos subestimadas e insultadas
con el prejuicio de que estamos en contra de la Iglesia porque somos ignorantes. El
conocer lo que esta institución viene haciendo desde hace siglos es justamente lo
que nos lleva a repudiarla.
Las Cruzadas, la conquista de América –con los genocidios de los pueblos
prehispánicos–, la quema de sinagogas, la Santa Inquisición, la quema de libros
prohibidos, la matanza de San Bartolomé –el párroco elige hablar del Papa Pío XII
pero casualmente se olvida del Papa Pío V–, la persecución y el asesinato de
protestantes –como el saqueo de Magdeburgo, Alemania, donde cincuenta mujeres
fueron encontradas decapitadas dentro de una Iglesia y en total murieron 30.000
personas–, la legitimación de las dictaduras latinoamericanas, el subyugamiento y
denigración de la mujer, el encubrimiento de la pederastía, entre muchísimas otras
cosas, son hechos que no desconocemos.
Tampoco ignoramos la existencia de personas como Ruben Isidro Alonso, también
conocido como Padre Cacho, pero consideramos que estas son excepciones que
salen de lo que la Iglesia Católica representa como institución.
Entendemos que muchos de los hechos que nombramos pasaron hace mucho
tiempo y que la institución tiene derecho a redimirse y cambiar. Comprendemos en
este tono las disculpas que ha pedido el Papa Francisco y anteriormente Juan Pablo
II, y la desvinculación de algunos sacerdotes que cometieron abusos sexuales, pero
creemos que todavía les falta mucha autocrítica y acciones contundentes contra
todos los pederastas que son parte de su institución, así como el reconocimiento de
los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres y los derechos de las
personas pertenecientes a la comunidad LGBTIQ.
De igual manera, repudiamos enfáticamente que se opine con tanta liviandad sobre
la situación de las mujeres que son víctimas de violencia. Esto demuestra un
profundo desconocimiento de la realidad actual y de lo que significa la lucha
feminista.
Lo que más nos interesa es decirle a las compañeras que participaron de la marcha
del 8 de marzo que se sintieron ofendidas por los cánticos hacia la Iglesia y por eso
decidieron irse que no tenemos nada en contra de su fe. Respetamos las creencias
de todas las personas, pero no respetamos a una institución que históricamente ha
vulnerado los derechos y las vidas de todos aquellos quienes cuestionaron su
poder, por medio de la violencia sistemática y patriarcal.
Sin otro particular, saluda atentamente,
Colectivo Timbó

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