Con el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil, los países de América Latina en su mayoría
decidieron, en acuerdo o en discrepancia, saludar al ganador. Uruguay se abstuvo hasta el día
siguiente.
Por otra parte, cientos de personas se presentaron para ocupar cargos zafrales en un
supermercado de Montevideo. La cola era de tal magnitud que un usuario grabó un viudeo y
se volvió viral de inmediato.
Qué tiene que ver una cosa con la otra? Posiblemente ninguna. Sin embargo, las redes
sociales se inundaron de gente enojadísima con la victoria de Bolsonaro en Brasil. Vimos
políticos uruguayos que, con caras larguísimas, serios, augurando poco menos que el fin de la
democracia. Con metáforas y sin eufemismos hablando de características del electo
presidente y de cómo eso va a detonar la vida de los vecinos norteños.
En el otro lado, los que decían que esto era un voto castigo. Con Lula entre rejas y Dilma
Rousseff, la última presidenta, perdiendo a manos de su contrincante, no faltaron los que
asociaron la victoria a un “enojo” de 54 millones de brasileños.
En principio, es una enorme gigantesca y ofensiva subestimación al pueblo de ese país. Nadie
los obligó a votarlo.
Segundo, se cumple la clásica máxima de “3 millones de técnicos uruguayos”. Opinando de
todo, creyendo saberlo todo y pensando unos con crudeza sobre un futuro que visualizan no
venturoso para los residentes y otros que celebran el triunfo del novel presidente.
En tercer lugar, el gobierno, en un desaire oficial, no saluda a Bolsonaro. Decide “discutirlo” al
otro día en el Consejo de ministros. Y finalmente llegó el saludo a un país que es vecino, con el
que hay lazos comerciales pero que Uruguay, aún en un contexto complicado de economía
regional, elige el silencio. Luego se justificaría poniendo por delante la “seriedad” de Uruguay
que decidió esperar hasta el otro día para hacerlo. Confuso pero así fue.
Y aunque las redes ardieron por esto, no vimos una sola señal de preocupación porque el video
que muestra una eterna cola de gente pidiendo un trabajo, es muestra de que tal vez no
estamos tan bien como se empeñan en hacernos creer.
Es un trabajo momentáneo, por las fiestas, que no generará ninguna certeza de futuro. Sin
embargo concitó a cientos que necesitan ganarse el pan aunque sea por unos meses. ESO si
nos debe preocupar. Eso sí debería generar un llamado de atención., Tal vez eso sí debería
encender la luz amarilla.
Nadie busca alarmar. Sin embargo, sería una muestra de adultez al menos, mirar más hacia la
viga propia que a la paja en el ojo ajeno.

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