Por Ramón Legnani

¿Por qué Gandhi?
La crítica siempre es buena. Quien critica con argumentos lo que expresamos, en forma
oral o escrita, nos enseña su punto de vista, nos hace ver el tema desde otra perspectiva y
muchas veces nos da elementos, que nos hacen pensar. Cuando la crítica es un ataque sin
argumentos ni ideas y se limita a denostar e intentar agraviarnos, también nos proporciona
elementos para pensar, pero solamente sobre la personalidad de quien intenta ofender.
Vale tan poco ese aporte que en general es un pasaje al olvido.
Repito que la crítica siempre es buena, porque significa que nos han escuchado o nos han
leído. Todo quien habla o escribe lo hace para lograr un receptor de sus expresiones. Por lo
menos significa que alguien nos escuchó o nos leyó.
En 1984, en la campaña electoral de la que participé, recibí críticas por mis frecuentes
alusiones a temas ambientales y a problemas del río Santa Lucía.
Lector desde el año 1951 de la revista mensual El Correo de la UNESCO,
lamentablemente desaparecida, la cual traía artículos sobre artes y ciencias y dentro de
estas últimas sobre los avances en temas ambientales. Busqué libros de los autores allí
nombrados y me permitió enterarme sobre los trabajos de investigación que desde el siglo
XIX, pero en mayor número desde 1950, sostenían que se estaba produciendo un cambio
climático y sus causas por actividades del humano. También enterarme de las previsiones
de 1968 del ITM (Instituto Tecnológico de Massachussets), que ha ido actualizando cada
dos o tres años, sobre el tiempo en que tardarían en agotarse los ecosistemas de los cuales
depende la vida humana: agua, productividad de suelos, contaminaciones, etc.
Mis expresiones de 1984 intentaban trasmitir la importancia de estos temas. Es evidente
que no lo lograba.
Hace cuatro años (2014) escribí varias notas y durante varias semanas traté en un
modesto programa de TV local que realizábamos con Teresita Happel, el tema de los
perros y algunas de sus enfermedades pasibles de ser transmitidas al humano, con la
invalorable colaboración del Profesor Naya.
Había leído en algún diario que la Facultad de Veterinaria había propuesto efectuar un
estudio epidemiológico sobre el grado de infestación por leishmaniasis de los perros. La
crítica fue que me pasaba hablando de los perros.
En los años 2016 y 17, centré mis notas semanales en EL PUEBLO en temas ambientales,
transgénicos y las investigaciones sobre el impacto de los agrotóxicos utilizados en su
producción. También llegaron críticas entonces y me las recuerdan ahora. Me dicen que
dejaron de leer mis notas por tratar siempre los mismos temas.
Y ahora Gandhi. Por qué insisto en detalles de su vida, me preguntan.
No es porque Einstein haya dicho en 1939 que “futuras generaciones difícilmente
comprenderán que haya vivido en la tierra, en carne y hueso, un hombre como este”.
No es porque el Reverendo Martin Luther King galardonado con el Premio Nobel de la
Paz (1964) por su accionar en defensa de los derechos civiles y por la organización de
resistencia no violenta de los negros en EEUU, se proclamó discípulo del Gandhi.

No es porque Nelson Mandela que dedicó su vida a luchar por la independencia de
Sudáfrica, por lo que estuvo preso alrededor de un cuarto de siglo, en su autobiografía
nombra varias veces a Gandhi y se refiera a sus métodos pacíficos como los únicos
posibles frente a un imperio que poseía una potencia militar muy superior a la de los
africanos.
Cuando se habla de promocionar valores humanos, me pregunto, ¿dónde pueden
apreciarlos? ¿Cuáles son los modelos de los cuales tomar ejemplos?
Por eso mi modesto intento, es el de promover a quien tanto contribuyó a generar el
mundo actual, en el que influyó mucho y que seguramente dentro de unos siglos dudarán si
existió realmente o si es un mito.

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