una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, Añoramos un lenguaje más primitivo que el nuestro. …una época donde las palabras se extendían con la
serenidad de la llanura. Era posible seguir el rumbo y vagar durante horas sin perder el sentido porque el lenguaje no se bifurcaba y
se expandía y se ramificaba hasta convertirse en este río.
Ahora no me conocés
Lo mejor de cada casa.

Omar Adi Córdoba
La Isla del Tesoro.
Luisito camina de esquina a esquina.
Luisito camina.
Luisito es nervio, un gorrión flaco, un niño viejo.
Para juegos simulados, la cosquilla como premio.
Siempre igual: ansiedad, voz aflautada
y alguna esquina de infancia que se quedó en alma y gesto.
No entendíamos, Luisito, que la cosqui,
que tu premio,era caricia de madre,
protección, regazo, beso,
el buen tesoro de Stevenson,
una isla todo juego.
Vamos, Luis, de esquina a esquina,
con la cosqui, con el nervio, con el niño,
con el premio,con el juego, con la isla, con el miedo.
(Luisito camina. Y el pueblo -otra isla- lo mira quieto).
Felix Montaldo
PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS
Osiris Rodríguez Castillos
Giras y radicación en Argentina
Sus poemas y canciones tuvieron muy buena acogida en el vecino país al
punto que alternaba su residencia entre Montevideo y Buenos Aires. También
participó en recitales en el interior argentino: En 1964 viajó a Córdoba donde
dio tres conciertos junto con Eduardo Falú y Los Trovadores del Norte. También
actuó en Bahía Blanca y fue jurado en los concursos literarios y de canciones
gauchescas en la Fiesta Provincial de las Llanuras que se celebraba en la ciudad
de Coronel Dorrego, provincia de Buenos Aires, lugar al que siguió concurriendo
en muchas ocasiones.
En Buenos Aires grabó su segundo LP, llamado “El forastero”, con el sello
RCA Victor de Argentina que lo habría contratado en exclusividad por dos años.
Este disco fue un éxito total ya que se agotó y hubo que lanzar una segunda
edición. La canción que le da título dice en sus primeras estrofas:
“No es fácil que me pregunten
p’ande voy… ni de ande vengo…
Me ven afluejar la cincha,
maniar… prender el cabresto,
y ya me quedan bombeando
cabilosos… y en silencio…
…..
Dicen que tengo unos ojos
toldaos… que nunca llovieron,
y que agatitas se ven
relampaguiar, cuando quiebro
la noche oscura y redonda
del ala de mi chambergo…
De a’i que, sólo en la mirada,
sepan que vengo de lejos…
[…]
El 26 de marzo de 1966 ocurrió un suceso doloroso, la muerte de su
primera esposa, Imasul Botello, con quién seguía manteniendo una estrecha
amistad. Le compuso un poema en su honor en el que enaltece su personalidad
y manifiesta un profundo pesar. En ese momento de consternación le compuso
un poema llamado “Tu”, el cual nunca fue publicado.
El 28 de setiembre de 1966 se casó con Zulma Di Pólito, conocida por el
sobrenombre de Zuzú. En seguida viajaron a la Argentina donde el poeta tenía
concertada una gira. El 2 de abril de 1968 nació su hija María del Pilar, a la que
le llamaban Pilarica.
A principios de 1968 fue convocado por la entonces ministra de Cultura,
la Dra. Alba Roballo a formar parte de una comisión junto con el historiador
Juan Eduardo Pivel Devoto y el profesor Juan Carlos Sábat Peret, para
organizar la celebración del homenaje al poeta Bartolomé Hidalgo a quién le
inaugurarían un monumento a los 180 años de su muerte.
El poeta volvió al Uruguay junto con su esposa e hija, pero, a esa altura la
ministra había renunciado a su cargo y la comisión no llegó a reunirse lo que le
causó una gran decepción.
La Madriguera presenta
Simone de Beauvoir. Contra todo y contra todos
A lo largo de seiscientas apretadas páginas, Danièle Sallenave va indagando en
los vacíos que dejan todas las obras de Simone de Beauvoir, desde los
Cuadernos de juventud a La ceremonia del adiós, atendiendo a lo que dice, pero
también y sobre todo a lo que no dice, porque no pudo o porque no quiso.
A través de las exploraciones oblicuas y exhaustivas de sus idas y venidas, de su
mirada incisiva sobre los momentos en que la vida de la Beauvoir hace ángulo
consigo misma, vamos conociendo sus amistades, sus amores, sus fobias, sus
iras, su anhelo de conquistar la más alta coherencia y la más clara articulación
de la vida y de la obra, su ironía, su sarcasmo, sus mentiras, sus verdades, su
lucha incesante por una nueva definición de la mujer y por un nuevo universo
pasional: todo un mundo individual y colectivo desplegándose ante nosotros y
permitiéndonos acceder, no sin asombro, a una época, hoy abolida, en la que los
intelectuales representaban la conciencia de la sociedad; estatus que
mantuvieron aún en el periodo estructuralista, y que se desmoronó con la
llegada de la posmodernidad, la descomposición del criterio, y la corrosión de
todo un sistema de valores y jerarquías profundamente tributarias del
humanismo (incluso del humanismo existencialista), al que nunca fueron ajenos
ni los intelectuales de posguerra ni los de más tarde. Entre ellos hubo auténticos
mandarines: Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir lo fueron, y ni les faltó
relevancia ni les faltó autoridad. El excelente libro de Danièle Sallenave da
buena prueba de ello, a la vez que nos muestra los pliegues de una mujer que ya
en su juventud se dio a sí misma la siguiente orden: "Construiré una fuerza en la
que me refugiaré para siempre"
Traducción de María Cordón Vergara y Malika Embarek López/Galaxia
Gutenberg / Círculo de Lectores/Barcelona, 2010/
640 páginas.
Una pregunta de miércoles
¿Cuál considera que es el título más original en literatura , música, cine,
teatro, etc?
Edgardo Taranco: Seguramente tenga registrados varios nombres que encuadren en
esa categoría, pero a falta de memoria menciono dos "ataques" que -no sólo por el título
sino también por el contenido- no pueden faltar en una antología de títulos absurdos
(ya que no originales):
"El ataque de los tomates asesinos" (película de John De Bello, EUA 1978).
"El ataque del tiburón de cinco cabezas" (película de Nico De León, EUA 2017).
En el caso de los tomates, por lo menos es una comedia. La del tiburón… ¡dios nos
libre!
Nestor Taranco
CAMINANTE
Hay cosas que cuestan y duelen mucho, pero deben hacerse igual
El hombre caminaba tímidamente, con los pasos cansinos. Como si el
peso de los años fuera toda una tortura que le frenaban cada pié cuando
intentaba adelantarse al otro.
Su mirada no apuntaba hacia el frente, caía hacia el piso, viendo pasar las
baldosas de la vereda una tras otra. Eran tan constantes como de formas
variadas. Cuadriculadas grises, amarillas con canaletas en el mismo sentido o
rojas de formas diversas. Cada tanto una vacío de baldosa faltante o rota o un
montoncito de pasto, trastocaba el paisaje uniforme.
Cuando llegaba a un cordón de vereda, el hombre se detenía en forma
automática. Eso indicaba que el camino peatonal llegaba a su fin y había una
calle.
Allí si, levantaba la vista, miraba a un lado, luego al otro, y al ver todo
despejado cruzaba con pasos más ligeros hasta llegar al otro cordón. Luego, la
vista volvía a caer y otra vez a la misma rutina anterior. Paso tras paso, baldosa
tras baldosa.
Quien lo veía, no pensaba en un loco ni en un pordiosero. Era un hombre
indeciso en su andar, y probablemente también en su destino. Quizás, algún
grave problema familiar o de salud, lo llevaba a estar encerrado en sus
pensamientos al andar.
No estaba mal vestido. Calzado deportivo sin atar totalmente, pantalón
vaquero, camisa a cuadros y un gorro de visera donde resaltaba la marca, ya que
llevaba un logo de su fabricante de inmenso tamaño en su centro.
Probablemente lo haya pagado mas caro que otro, por el simple hecho de
llevar esa marca. El hombre no tiene idea, como tantos, que la publicidad se
paga bien, y que muchos famosos cobran muy buen dinero por llevar ese mismo
gorro que él pagó muy caro.
No llevaba campera ni saco. Era Noviembre, y ya estaba dando sus
últimos coletazos la Primavera para dejarle un espacio al esperado Verano.
Sus manos acompañaban, en forma cruzada, el movimiento de los pies.
Una, la izquierda, iba libre, la derecha sin embargo, llevaba apretado algo de
plástico, quizás un carné, una tarjeta o un documento.
Seguía caminando pero, sin quererlo, lo hacía cada vez mas lento. Como
que no quisiese llegar a su destino. Como que ese problema que lo tenía
totalmente absorto estaba al final del camino y se rehusaba a llegar hasta él.
Finalmente, mucho antes de lo que él quería, y más rápido de lo que
esperaba, llegó hasta el dramático destino.
Se detuvo frente a las viejas puertas de madera que estaban abiertas
desde muy temprano. Volvió a levantar la mirada, vio la bandera quieta sin
flamear junto al escudo nacional, miro el movimiento de gente a su alrededor,
tomó coraje y se mandó nomás.
Llegaron inmediatamente hasta él varias personas a ofrecerle ayuda.
Demasiadas simpáticas para su gusto. Demasiado galantes para ser
desconocidas. Le indicaron a donde debía ir. Dudo, pensó en volver hacia las
viejas puertas y retomar su camino por las veredas de colores hasta su casa.
Fueron solo unos segundos. Y siguió adelante.
Entregó la tarjeta a una persona y siguió camino a una habitación que
estaba cerrada.
Al entrar, debió detener el asco al ver muchas caras y nombres que
habían sido escuchados por él en los últimos meses. Allí sí no aguantó más.
Salió corriendo. Cumplió rápidamente los requisitos necesarios para poder salir
y se fue como una tromba del local. Sin prestar atención a la gente que también
deambulaba, ni al grupo de simpáticos, ni a las viejas puertas, ni a la bandera ni
al escudo. Simplemente, se fue.
Esta vez no caminó, corrió por aquellas veredas. Corrió de vuelta a su
casa, e iba con la cabeza en alto y con una sonrisa que le iluminaba el rostro.
Cruzaba las esquinas peligrosamente corriendo y sin mirar. En pocos minutos
llegó a su casa donde su esposa, sentada a la mesa de la cocina, le esperaba
nerviosamente deseando saber que era lo que había pasado y cuál era el final de
aquella historia tan horrible.
Cuando lo vio llegar, el alma le volvió al cuerpo y solo atino simplemente
a preguntarle temerosamente: “¿Y viejo, como te fue?
“Ya esta”, contestó él, “ya pasó todo. Y quedáte tranquila porque me
siento muy bien”
“Pero……. ¿qué hiciste?, Por favor, ¡quiero saber!”,le preguntó ella,
temerosa de la respuesta
“Voté en blanco, por supuesto”
A los murciélagos no les importa Batman,JJ

Deja una respuesta