La semana pasada, la fiscal de Crimen Organizado María de los Ángeles Camiño pidió convocar a testificar ante la jueza Beatriz Larrieu a cinco personas por las presuntas irregularidades cometidas durante la gestión del vicepresidente Raúl Sendic en Ancap. Según informó El País, hay  dos empresarios vinculados a Ancap y tres gerentes de la misma empresa.


No es un juicio de valor. Tampoco una percepción subjetiva. Es de esperar que si la justicia «cita» tenga elementos suficientes para investigar. Algo «no cierra» entonces. Y por un lado es saludable que se «limpie»  y «ordene» la casa, aunque por otro duele pensar que, una empresa que tdodos los uruguayos solventamos, pudo ser, presuntamente, objeto de irregularidades y beneficios.
Es en casos así en que pensamos que los delitos no deberían prescribir. De esa manera, se podría ir para atrás en el tiempo hasta llegar a la punta de la madeja. Esto no es mirar para atrás o tener «los ojos en la nuca». No. Esto es aleccionar, dar un mensaje y una señal clara: las empresas públicas son de todos y quienes están en los lugares más relevantes de poder, necesariamente deben cuidar un patrimonio que les es ajeno. Pero en el cual, por velar y custodiar, se llevan suculentos sueldos aún cuando -como en toda gestión-, nos encontremos personas cuyo único mérito fue calentar sillas en un club político.
Si la vida, el destino, la suerte los lelva por caminos que desembocan en un trabajo de ese estilo, con sueldos lejísimos de la realidad de un trabajador incluso de mano de obra calificada, entonces lo menos que se espera es la defensa acérrima de lo que custodian.
El uruguayo espera o desea que se cuide lo que tiene. O acaso cuando alguien logra su ansiada casa no continúa mejorándola cada vez más, sintiendo orgullo de eso que le costó pero que hoy debe celar y cuidar? Bueno, lo mismo esperamos de los jerarcas de turno, sean del partido que sean.
Que nos cuiden, a los que estan en seguridad; que nos relacionen y expandan, los que están en relaciones internacionales; que nos embellezcan la casa y la mejoren más y más para que todos los veranos explote de gente deseosa de disfrutarnos a los que están en turismo; que adecuen las leyes y propongan otras nuevas a los que están en el parlamento.
Que nos den un servicio de agua y luz, dignas y en condiciones y no a precios exhorbitantes, los que están en los organismos competentes; una telefoní acorde a los tiempos modernos, rutas transitables en condiciones y seguras; educación de calidad y no para llenar estadísticas, salud que aquilate la diferencia entre el que puede pagar y el que no, a todos y cada uno de los que corresponda.
Pero lo que más esperamos es que veneren, respeten y aprecien en su justa medida, ese cheque en blanco que es la confianza del votante y del gobernante de turno que los puso donde están.
Sean del partido que sean, respeten lo que se les dio; el uruguayo está descreído de la calse política que, sabemos, es mucho más que estas cosas. Entonces, quizá sea hora de pararse, hacer todos una autocrítica y volver a empezar.
Mientras tanto, también es de esperar que la justicia tenga las manos libres para actuar contra y con quien sea. Que los jueces que actúen no sean criticados o cuestioandos; que la mentada independencia de poderes se cumpla a rajatabla. Y que no tengamos que avergonzarnos en el futuro, de las actitudes patoreriles contra este órgano en quien se basa la tranquilidad nacional.
Si se hace justicia que caiga el que tiene que caer y que no caiga quien no debe.
Y tampoco hacer leña del árbol caído porque errores todos cometemos. Aún cuando sean muy graves…creemos que son errores.
Nunca es tarde para volver a empezar.

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