Si en algo ha tenido creatividad este gobierno del Frente Amplio,
es en denominar personas públicas, con hermosas palabras, muchas
veces grandilocuentes, ha intentado cumplir –al menos para su
tribuna y la de los incautos- con ese “complejo fundacional” que lo
caracteriza, pues al parecer… hasta la historia del país habría comenzado
cuando asumen el primer gobierno. Y con la gran excusa
de la enorme crisis padecida por nuestro país en el 2002 (según los
analistas, la más grande de nuestra Historia) y para atender las
emergencias sociales y recomponer los estragos de esta “herencia”,
se creó el “Ministerio de Desarrollo Social”, lo que según palabras de
quien llevara adelante ese nuevo ministerio, la comunista Marina
Arismendi, resultó ser “el sueño del pibe”. Y con toda la estructura
burocrática por delante (que supo sin pudor engrosar contratando
familiares) y una caja que parecía no tener fin, se implementaron
planes sociales para disminuir la pobreza, crear oportunidades,
atender a los que padecieron la exclusión y el desamparo provocado
por aquel año fatídico (sin decir una palabra que, el gobierno
del Dr. Jorge Batlle que debió enfrentarla y en particular, su equipo
económico, capitaneado desde el Ministerio de Economía y Finanzas,
por el inolvidable Dr. Alejandro Atchugarry pudo entregar el
gobierno en tiempo constitucional, en forma y ya, con un país que
una vez más, había honrado sus obligaciones y en crecimiento), sin
verdaderamente implementar un ápice, el verdadero “desarrollo
social”, que pomposamente forma el nombre de este Ministerio que
integra el Poder Ejecutivo.
Así, en estos tres últimos gobiernos han repartido planes asistenciales
sin contraprestación alguna, (pues podía resultar “estigmatizante”
requerir se cumpliera con las vacunas o la asistencia
escolar de los menores) los que a nuestro entender, más que apuntar
al manido desarrollo, buscaron satisfacer las necesidades iniciales
y luego las ya “endémicas” de una suerte interminable de “comensales”
que, muy lejos de desarrollarse socialmente, sólo reclaman
su manutención de parte del Estado, ya sea a través de subsidios,
planes de asistencia, refugios, tarjetas para comprar alimentos.
De impulsar la superación por el esfuerzo, verdaderamente nada.
De trasmitir la necesidad de prepararse y estudiar para salir de la
pobreza obteniendo un trabajo digno, mucho menos. De apostar a
la aspiración de poder obtener el sustento propio y el de su familia,
en base a un emprendimiento independiente, claro que no. Por ello,
no llama la atención la nota del Intendente de Montevideo. Porque
la proliferación de asentamientos irregulares se ha multiplicado,
así como la enorme cantidad de gente que está poblando nuestras
plazas, zaguanes y cobertizos que aún no se han enrejado, durmiendo
en colchones malolientes o lisa y llanamente, en cartones.
Los contribuyentes advierten que, sus dineros han sido muy mal
invertidos, que las políticas aplicadas no han dado el resultado
esperado, que los planes de asistencia –inicialmente necesariosluego,
con el extraordinario crecimiento económico que bendijo
a este país, debieron haber cesado para impulsar la obtención de
un trabajo digno, que sí los saque realmente de la pobreza y les
permita desarrollarse humanamente. Y lo que resulta aún más
enojoso, en los últimos episodios de corrupción, es el descrédito
que se ha instalado por los innumerables mensajes contradictorios,
que desde distintos ángulos se ofrecen a quien sostiene la pesada
carga estatal y todavía mantiene su espíritu crítico. Ello no contribuye
con el fortalecimiento institucional, ni menos con los valores
republicanos ni democráticos.

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