En la nota de la semana
pasada, señalé el poder de las
multinacionales y sobre todo
el de la prensa. Destaqué al
australiano Rupert Murdoch,
dueño de numerosos medios
de prensa en Australia, Nueva
Zelandia, EEUU e Inglaterra.
Llegó a considerársele en
Inglaterra un primer ministro
en la sombra, por el poder
que ejercía y su vínculo con
gobernantes.
Ariel Gallo, emigrado de
Santa Lucía a Australia a
comienzos de los años 70,
luego de leer mi nota, envió
desde allá un escrito de un
libro de su autoría, en el que
cuenta la siguiente anécdota,
interesante, sobre Rupert
Murdoch:
Murdoch estaba interesado
en participar en una
importante empresa de
minería de hierro en Australia,
para lo que estableció contacto
con el descubridor y principal
directivo de la minera. Al
informarle éste que había
disposiciones reglamentarias
y de criterios del gobernador
de la región, que impedían
su participación, Murdoch le
dijo: “espera un poco, si logro
que Charles Court (nombre
del gobernador en cuestión)
acepte mi participación, me
vendes un pedazo de la torta?”.
“Por supuesto”, fue la respuesta.
Luego de una recorrida por la
región, Murdoch fue a una
entrevista que había solicitado
Al gobernador Charles Court. A
la noche, sorpresivamente fue
al domicilio del empresario y
le dijo: “ya está todo arreglado”.
Por lo cual el directivo le
preguntó “¿cómo diablos lo
lograste”? A lo que Murdoch
contestó: “fui a ver a Court y le
dije: “Mirá podés tener un buen
titular cada día o un balde de
mierda. ¿qué te parece?”.
Este proceder de Rupert
Murdoch, tiene numerosos
antecedentes similares en la
historia de la prensa.
Inventada la imprenta al
promediar el siglo XV (hacia
1440) por Johannes Gutenberg,
facilitó la posibilidad de
publicitar ideas y noticias
en publicaciones impresas.
En 1492 nació Pietro Aretino
quien se destacó primero en
Roma y luego en Venecia, por
sus escritos tanto en forma
de poemas, como prosa y
teatro. Algunos le ubican en
el nacimiento de la prensa
en papel, ya que publicaba
una hoja impresa que hacia
circular periódicamente en
las cortes aristocráticas de
Europa.
Manejaba en froma
destacada la burla, la ironía
y la calumnia disfrazada de
información. Para obtener
publicaciones elogiosas y no
ataques de parte de Pietro
Aretino, numerosos personajes
de la aristocracia y burguesía
le hacían llegar obsequios
valiosos y pensiones. Por lo
cual llegó a ser conocido como
“el azote de los príncipes”.
Desde fines del siglo
XIX y principios del siglo XX
se comenzó a denominar
“prensa amarilla”, a la que
con fines comerciales destaca
exageradamente aspectos
llamativos o escabrosos de las
noticias aunque estos sean
secundarios. Muchas veces no
se corresponden claramente
los titulares catastróficos
con el real contenido de las
noticias.
El término “prensa amarilla”
se ha extendido también a la
radio y a la televisión cuando
sus noticias más favoritas y
frecuentes son tendenciosas
sobre catástrofes, crímenes,
robos, desgracias familiares
o políticas.
Algunos estudios de
estos temas sostienen que
la enseñanza actualizada
debe enseñar a reflexionar
sobre las noticias ya que su
repetición hace que actúen
por sugestión e incluyen la
ideología e intereses del dueño
de los medios y de todos los que
participan en la elaboración
de los noticieros

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