Rebelión en la sala
una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Una temática común en muchas historias es la crítica a un sistema de organización, sea político, económico, social o todos a la vez, Sobre el cine contra el sistema hablaremos hoy.
Contra el sistema
El acorazado Potemkin
Eisenstein recibió el encargo de conmemorar el vigésimo aniversario de la fallida revolución de 1905 y su excepcional talento hizo posible que, en lugar de un simple panfleto para sus coetáneos, la recreación de aquellos acontecimientos alcanzara una talla universal como mito en torno a la lucha contra la opresión.
Espartaco
Según cantaba Marilyn Manson los esclavos no sueñan con ser libres, sino con ser amos, y basta un breve repaso por la historia para comprobar que no le falta razón. Nos queda por saber si Espartaco en su rebelión contra el poder romano hubiera optado finalmente por la libertad o por subyugar a sus antiguos captores, pero su muerte en combate dejó abierta para siempre la cuestión, convirtiéndolo en un mito eterno de la lucha por la libertad. Casi a la altura del ejemplo anterior, con el que el guion que rodó Kubrick trazaba ciertos paralelismos.
La naranja mecánica
Al cineasta británico la cuestión del libre albedrío del individuo frente al ahormamiento de la sociedad le interesaba mucho y a ella le dedicó tanto La chaqueta métálica como esta adaptación de la novela de Burgess. Particularmente el tratamiento Ludovico al que se somete a Alex ha resultado desde entonces una imagen muy frecuentada en toda clase de análisis políticos y comentarios de uno u otro signo.
La leyenda del indomable
Aunque no haya forma de arrebatarle a James Dean su lugar como icono de rebeldía, Paul Newman le queda muy cerca. Aquí entra en prisión por un acto de vandalismo gratuito, buscando deliberadamente transgredir la ley y ser detenido por ello. Una vez en prisión lo primero que le oímos expresar es su hartazgo por la cantidad de normas que todo el mundo quiere imponerle, ya sean guardianes o reclusos.
El Evangelio según San Mateo
Pier Paolo Pasolini se identificaba como ateo, aunque reconocía también en sí mismo una sensibilidad espiritual que le hacía percibir el mundo como algo sagrado. En sus propias palabras: «Tal vez precisamente por ser tan poco católico he podido amar el Evangelio y hacer sobre él una película: no tengo las resistencias interiores contra la religión que inhiben a un marxista que haya sido verdaderamente un burgués católico. He podido hacer El Evangelio tal como lo he hecho porque me siento libre y no temo escandalizar a nadie». El resultado fue, según el propio Vaticano, «el mejor film sobre Jesús rodado nunca». ( Jot Down)
Atrapado sin salida
Randle McMurphy (Jack Nicholson), un hombre condenado por asalto, y un espíritu libre que vive contracorriente, es recluido en un hospital psiquiátrico. La inflexible disciplina del centro acentúa su contagiosa tendencia al desorden, que acabará desencadenando una guerra entre los pacientes y el personal de la clínica.


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