por Ramón Legnani

La UNESCO desde su creación hace más de medio siglo estudió evolución de distintos índices ambientales. Para ello integró comisiones de investigadores que estudiaron por ejemplo la evolución de la proporción de gases que componen la atmósfera, del cambio climático, de las reservas de agua potable y extensión de los desiertos a nivel mundial.
La certidumbre científica de que la situación era mala y sufría una agravación progresiva llevó al convencimiento que era necesario que participaran la mayoría de los gobiernos y por ende amplios sectores de la humanidad, para enfrentar con probabilidades de éxito los problemas ambientales.
El 5 de junio de 1972 se inició en Estocolmo el primer encuentro interestatal sobre medio ambiente y se tomó esa fecha como día mundial para recordar dicho tema. Los países continuaron con los contactos sobre el ambiente a distintos niveles: de técnicos, de gobernantes y de diplomáticos.
En 1997 en Kioto se aprobó por unanimidad un acuerdo para disminuir la emisión de gases de efecto invernadero. Fue criticado por organizaciones civiles porque no pasaba de ser un muestrario de buenas intenciones. Ante su ineficacia la Convención Marco para el Cambio Climático (organismo de la UNESCO) siguió trabajando para lograr un acuerdo con exigencias más estrictas.
En diciembre de 2015, en París, se alcanzó un nuevo acuerdo que se esperaba fuese más eficaz que el acuerdo de Kioto para reducir la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI).
El acuerdo de París apunta a tres objetivos, aunque de antemano se sabe que es difícil se puedan alcanzar plenamente:
1º) mantener el aumento de temperatura media mundial por debajo de 2º C, con respecto a los niveles que tenía antes de la Revolución Industrial;
2º) aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero (GEI);
3º) en el ámbito financiero aumentar los flujos de capital destinados a un desarrollo compatible con bajas emisiones de GEI y amigable con el ambiente.
El acuerdo entró en vigencia en noviembre de 2016 cuando 55 países lo ratificaron y entrará a reemplazar el Protocolo de Kioto en 2020.
El nuevo presidente de U.S.A., el Señor Donald Trump, acaba de cumplir su amenaza de la campaña electoral: iniciar el retiro de su país del acuerdo de París.
Ha recibido como respuesta a su actitud el rechazo de voceros destacados de los ámbitos científico, político y empresarial.
Correspondencia procedente de Washington (Brecha, 2 de junio 2017, página 18) señala que aumenta el número de ciudades y de ciudadanos estadounidenses que solicitan al Congreso que inicie juicio contra el presidente Trump persiguiendo su destitución.
Contribuye al rechazo de su presidencia, entre otras contradicciones, el hecho de que a pesar de haber criticado a los empresarios que invierten en China en lugar de dar puestos de trabajo en U.S.A., se sabe que hay por lo menos dos fábricas en ese país que producen para la empresa de su hija Ivanka Trump. Dos fábricas chinas que han sido investigadas por las malas condiciones de trabajo y los salarios sumamente bajos.

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