Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo, porsupuesto,

para ver màs lejos nos encaramamos

en los hombros de Gigantes.

 

Ahora no me conoces
Gente en Obra

Ahora no me conoces  de la edición anterior
En las de niños no compito nunca porque nunca reconozco a nadie,pero… a la nena del medio quien le sugirío desfilar con una especie de cigarrillo o cigarrillo de verdad? la cosa era ser la nena diferente del desfile? mirá si la agarra Tabare.Lo unico que me parece reconocer en la foto del medio es que el desfile era en la cancha de basketball del Club de Bochas. Muy lindas las nenas,esperaré la respuestas de los que las conocen para a ver quienes eran esas niñas y que señoras son hoy? (Ruben Rodríguez)
La del medio será Rosina More?, el resto paso (Josè Pepe Torres)
Ingeniosa maniobra la suya de asociar la palabra pasarela (para un desfile e modas, desde luego), con la que conocemos todos y por la que hemos «desfilado» todos los santalucenses, estoy seguro, y que es relativa al agua, sol, verde, arena, tardes, días, noches, amaneceres, anocheceres imborrables. En fin, en el cuadro de la izquierda no sé quien es la niña que desfila, ni dónde es!! En el cuadro del centro, un desfile en el Juan XXIII, con Rosina Moré y su mezcla de desenfado, alegría y simpatía; y en el tercero de la derecha, al menos el Sagrado Corazón de Jesús del fondo me permite asegurar que se trata de un desfile en el Colegio Inmaculada Concepción, pero no puedo darme cuenta quien es la modelo de turno. Saludos fraternos! (Eduardo Mollo)
Que divinas… rubita … rosina… y la otra no me animo… pero la conozco (Susana López)
1) Rubita Cendali,2) Rosina Moré y Anabel Perez!! (Ma. Julia Álvarez)

 

Mariam Legnani

El Cuenco y Otros bordes
Como una boca de livianas sombras pasas oscilando entre la vida y la muerte, y te encierras en la desazón solitaria. Tu león, ensaya caminos a medias, que abandonas en el desolado desierto de tu dolor, sin ver horizontes. Si no miras hacia atrás, hay un destino inexorable que te empuja, te arrastra, te guía, te lleva, te escancia, te agota, te pulveriza, en falsos espejos, vacíos espejos, rotos espejos, fragmentados espejos. Sal de las oscuridades de la noche tortuosa y lúgubre; sal de las oscuridades del enigma arquetípico, que te desvanece; sal de las oscuridades de las sombras siniestras, en tus horas de prisa, en tus horas vacías, en tus horas pesadas y amargas; sal de las oscuridades del silencio, y ofrece y regala tus vocablos como burbujas emergentes de tu boca. Acércate a la luz, al alba, rodéate del aura irrenunciable naciente empecinadamente empedrado y arbóreo del halo lunar. Transforma tus momentos de estrellas, en momentos sutiles, tiernos, en la cual, con tu caricia primera, eres un centro de anhelos perpetuos, cimentados por amantes eternos tras el túnel del tiempo.

 

Omar Adi

De cajones vacíos
y otros contenidos.

Algunos cajones, como algunas almas, sólo se abren desde adentro.
Y éste es el caso.
Como cada semana, intento que el arcón se abra para buscar alguna vivencia del pasado y así compartirla con ustedes.
No quiere.
Le pido azules de infancia.
Tampoco.
Le ruego me traslade a las calles arboladas, al calorcito de la primavera puro pájaros, al aserrín de los viejos boliches, a la lluvia limpia y al olor a tierra mojada mientras Spinelli pasa voceando «Limooonee!».
Y nada.
Creo que era Unamuno que le pedía a dios, no literalmente porque la memoria no es literal: «no tienes otro cielo que darme que el que yo mismo he vivido; devuélveme el pasado, que ese es mi cielo».
Cachitos de ese pasado le pido al cajón, que no es dios y ni siquiera tiene un genio adentro y que me mira serio, cuadrado.
De golpe hace temblar su vieja tapa , la abre violentamente y me escupe un beine -amarillento y jodido- que, para peor, me muestra los dientes.
Cometida la agresión, se cierra con estrépito.
Se ríe de mí el hijo de la madre: cada vez es menos necesario peine alguno en cabeza tan despojada y el pasado que le pedía -el cielo vivido-, sólo puede revisitarse con esfuerzos de memoria, modificado, que es como querer ir de vacaciones hacia donde no se puede llegar para intentar después mirar un álbum de fotos sin fotos.
Tal vez uno pretenda el imposible de recobrar recordando, no de hacer desfilar sino de desfilar uno mismo en el cielo vivido.
Lamentablemente a veces, como ahora, el muy apolillado armatoste se niega a dejarse sacar o siquiera a escupir pasado alguno y nos deja sin desfile.
Sólo una cosa no hay, es el olvido, recordaba Borges.
Pero esta presa de polillas está hoy habitada por ese olvido. Hace suyo un exilio interior que es el más profundo de los exilios.
Sin embargo, cosa curiosa, la cajita de contenidos sigue dándome sorpresas.
Cuando ya me doy por vencido, abre su tapa rechinante (¿adivino un gesto de compasión en su actitud?) y me sopla a la cara un papelito arrugado que leo dificultosamente a la luz amarillenta del foco de una luz de esquina del Santa Lucía de 1950.
«No confíes en el cajón de tu memoria. Inventa, imagina. Porque como decía Schiller, sólo la fantasía permanece siempre joven: lo que no ha ocurrido jamás no envejece nunca».
Usted y yo hemos ocurrido. Y por eso, junto al cajón, cada vez con menos fantasías, irremediablemente envejecemos.
(Cajón de Turco, pàg.245)

 

Daniel da Rosa
y el Café Sportman

Ediciones Yaugurú  presenta el nuevo trabajo de Daniel da Rosa: «Café Sportman, memorias», un admirable poemario  que llega en breve a librerías. Tan breve como la charla con el autor,  que sigue a continuación.

De grande  ¿qué quería ser?
Ahora, ya grande: quiero ser aquel niño que vivía en Los Cerrillos y descubrió sin saberlo que sería poeta.
¿Qué libro le cambió la vida?
Dos fueron los que cambiaron mi forma de ver la vida y la literatura: Los poemas humanos de César Vallejo y Rayuela de Julio Cortázar. Después vinieron otros que fueron año tras año sacudiéndome el esqueleto. Aún hoy día descubro autores, poetas que me estremecen el alma.
¿Qué libro le regalaría a un niño para introducirlo a la literatura?
«Perico» de Morosoli.
A una fiesta de disfraces ¿cómo iría vestido?
Iría disfrazado de flaco.
¿Cuál es su lugar favorito en el mundo?
Dónde vivo.
¿Con quién le gustaría sentarse en una fiesta?
En una mesa grande: con mi familia y con los amigos de siempre, los que están y los que están sin estar.
¿Sabe algún poema de otros autores de memoria?
No recuerdo ninguno. Ni siquiera recuerdo uno que yo haya escrito.
Si el mundo funciona en rachas ¿cuál estación es la suya?
Cualquier estación está bien para mi si trae una buena racha. (Este año viene de otoño)
¿Qué es «Café Sportman, Memorias»?
«Café Sportman» es un maravilloso libro de poemas donde circulan escritores, poetas de todos los tiempos y conviven con algunos personajes reales e imaginarios de nuestra querida Santa Lucía.
¿Cuándo nació la idea?
No recuerdo cuando nació. Cuando abrí los ojos, ya estaba ahí.
Si tuviera que dedicarlo a quienes ejercieron más influencia en Ud ¿a quiénes estaría dedicado?
El libro está dedicado a todos quienes participan en el libro. A los amigos (hermanos algunos) que desde siempre creyeron en mi. A mi familia, que sigue apoyándome en esta aventura de la poesía.
¿Dónde se vende?
Los libros se venderán en librerías de Montevideo: Linardi y Risso, La lupa, Más puro verso, Parisson, Puro verso, Retta, Rayuela, Purpurea, Lautreamont, La escaramuza y Moebius. En Canelones: Quisco La Cañada y próximamente en otros locales.  Y en las de Santa Lucía, claro.Falta muy poco para que eso suceda. Ya anunciaremos cuando. Y si alguien quiere que se lo envíe, que nos llame y buscamos el modo.

 

Alfredo Gomez

Miradas

Lo que veía en sus ojos
no podría describirlo
niebla de amor escondido
reflejos jardín rocío.

Tal vez hubiera en los míos
pánico de tigre herido
parálisis del pensamiento
gota de sangre en el río.

A ciegas y tropezando
ya nada reconocimos
ni aquellos besos supieron
de cual boca habían nacido.

Quedaron los rizos tibios
su risa en la de otra niña
mi cara ya no era mía
holograma del destino.

Pájaros y campos quemados
a la vera del camino
sombras largas del poniente
silencio de nieve y frío.

Lo que veía en sus ojos
brillaba como un desatino
ni presagio ni recuerdo
ya era eterno y ya era efímero.

Por mucho que uno haga todo conspira contra la posibilidad de que la poesía tenga un público amplio, empezando por la educación, que la ha marginado por completo. La base de cultura general que daba el antiguo bachillerato se ha perdido.

G. C.
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