El nombre «bandoneón» proviene del alemán «bandonion», un acrónimo de Heinrich Band (1821-1860) a quien se le adjudica su invención.
Si es discutido su origen, mucho más lo es cuando y quien lo introdujo en nuestras tierras. Sobre el tema hay también numerosas hipótesis y versiones. Lo único cierto es que llegó al puerto de Buenos Aires hacia 1870, sin que se conociera su mecánica y su técnica, sin tradición musical, virgen y vacío, es decir sin historia.
Desde ahí el bandoneón  indiscutiblemente se naturalizó rioplatense, después ya muy pocos recordaron su origen europeo.
Sentir este instrumento en vivo, es como sentirlo respirar  y tocado por Jorge Goyos es recuperarle su alma rioplatense pero con sentimiento uruguayo.
A los 15 años Jorge se enamoró del instrumento y desde hace 56 sigue siendo su gran amor.
EL PUEBLO conversó entre actos en el encuentro de coros que lo tuvo como un aplaudido invitado de honor. Jorge nos contó que su familia le tenia destinado el violín pero era el fuelle y no las cuerdas lo que le atraía. Convencido su padre, tanguero de ley, decidió que su amigo Enrique del Prado, que tocaba el bandoneón, le enseñara a su hijo y desde ahí comenzó su eterno romance que le acompañara hasta que le den las fuerzas, confirma. Luego llegó la mujer de su vida, Viví Gorospe, y Santa Lucía lo incorporó en 1972, cuando se casaron. Si bien Santa Lucía se enorgullece de haberlo aquerenciado, tiene muy presente su barrio montevideano que lo vio nacer y crecer, por lo que siempre siguió repartido entre las dos ciudades. Hoy, lograda su merecida jubilación, manifiesta que seguirá por siempre con la música y agradece mucho a la vida y a su querido bandoneón, por el que ha actuado en distintas orquestas, ha viajado por el mundo y ha conocido mucha gente.
El bandoneón poco a poco se va perdiendo, confirma Goyos, por haber  pocas escuelas de música, las que ahora están surgiendo con oportunidades fundamentalmente para aprender cuerdas, como violín, contrabajo y bajo.  Últimamente, en cambio, han surgido talentosos  bandoneonista principalmente del interior, como Nario Recoba de Rivera,  Leonel Gasso de Florida y también siete jóvenes de Montevideo que van suplantando a la guardia vieja. En cuanto a la sobrevivencia del tango, Goyos indica que nunca ha dejado de latir y que nunca se ha dejado de tocar, que es y seguirá siendo un clásico. Agrega que Argentina sigue siendo un semillero de cantores y de músicos de tango, no tanto en Uruguay, a pesar de que hay departamentos que tienen escuelas de Música, como el Conservatorio de Canelones, donde no hay quien enseñe bandoneón.  Señaló que van surgiendo cantores y cancionistas de tango, citando por ejemplo los concursos organizados por Joven Tango, confirma que de los más jóvenes, con más trabajo en este momento, es Nelson Pino. Preguntado sobre lo difícil que puede ser aprender a tocar el bandoneón, agrega que no es lo difícil sino el tiempo que absorbe la enseñanza.
Confirmó que en Uruguay hoy hay mucha gente absolutamente compenetrada con el tango para aprender a bailarlo y a veces ellos mismos piden acompañamiento en vivo en un trío, piano, bandoneón y otros traen pistas  que suplen a los músicos, que no siempre se consiguen. El piano, antes tan presente,  hoy ya no está, indicó. Goyos, por ejemplo, recuerda con nostalgia el que estaba en el Club Social «23 de Marzo», que se perdió, lamentablemente. Precisamente y a propósito, otro de los oficios que van desapareciendo son los afinadores de piano, de los que quedan muy pocos. Reconoce la evolución de la música y como hoy se puede trasladar los teclados con una  facilidad, inimaginable hace décadas atrás.
Cuando Jorge Goyos habla de La Cumparsita, el himno de los tangos, su voz recobra vigor y recalca orgullosamente su uruguayés, aunque represente el tango en el Río de la Plata.  Afirma que luego de haberse creado la música, surgieron varias letras para La Cumparsita hasta que se grabó la que luego le caracterizó. A los 100 años de su creación, se recuerda precisamente cuando un muy joven Matos Rodríguez, con un piano en su casa, comenzó a componer lo que reconocidamente es hoy el «himno de los tangos».
Finalmente, Goyos afirma que como La Cumparsita no hay, pero que hay muchos tangos lindos que se tocan poco o que se cantan muy poco.
Gracias por habernos brindado la oportunidad de esta charla, pero quedaron pendientes otras para compartir de este gran músico montevideano  y también santalucense.

Y.S.
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