Combinar una vereda con plantas, flores, muros pintados significa una piedra preciosa del urbanismo, el barrio que la tenga tiene que preservarla con el mayor celo. Por la calle Pecoche, pasando Miranda, podemos  disfrutar uno de esos preciados espacios. Graciela Spinelli, orgullosa cultora de esta vereda tan especial, nos recibe para contarle a la comunidad cómo comenzó y lo que significan los árboles, los verdes y las plantas.
«Hace 22 años que vivo acá y hace 22 que siempre traté de mantener la vereda limpia, plantaba plantitas, las rompían y volvía a plantar, así estuve años, echaban matayuyos, y yo seguía plantando, así por años». Agrega que luego de tanta tenacidad se encontró con el alcalde del municipio local, que le sugirió hacer una placita, a lo que le contestó que era imposible dado el trabajo  y las decepciones que se había llevado en tantos años. Pero Graciela, gran amante de las plantas, que estaba haciendo un curso de jardinería en la UTU,  no desistió y decidió no dejarse vencer. Fue entonces que junto a los vecinos limpiaron la cuadra, en la Quinta Capurro le dieron algunas plantas, el Club de Bochas ayudó a comprar pintura para el muro. Fue el Gaucho Torres quien le puso su sello indiscutible, realizando una jornada con los vecinos,  y en un día de turismo se pintó el mural de calle Pecoche. Luego, la naturaleza y el obstinado trabajo de Graciela fueron dando sus frutos, con plantitas creciendo y floreciendo, allí pueden verse árboles como el  liquidambar personificando el otoño con sus colores típicos, oreja de conejo, cebollitas, malvones, pensamientos y muchas otras.  
Junto a Carlos siguen barriendo y limpiando cada día. «No me ha dejado vencer por el desánimo y si nadie hace nada yo tampoco hago, eso nunca se me pasa por la cabeza» indica. La felicidad que brindan las plantas no tiene comparación, explica.
Coincide en que se tiene que tener un carácter fuerte para pegar el grito para que no ensucien, ni rompan, hay que estar pronta al  rezongo, argumenta, pero cuando algún niño o jovencito le pide para sentarse en los banquitos, le encanta que sepan disfrutar del espacio. A través de los años, nos cuenta que han pasado niños que  les gusta ver plantas y flores, algo que particularmente admira, como a los vecinos que se sientan allí en el verano.  Recuerda cuando recién comenzó le dio la oportunidad de un canterito a cada niña del barrio para que tuvieran sus flores, que regaban y cuidaban, pero luego crecieron y ya no les interesó más. Pero indudablemente, son muchas las personas que pasan y observan esa vereda tan especial  y felicitan a Graciela, a lo que siempre ella responde que cultivar el jardín la realiza, la hace feliz, es por lo que no se ha dejado vencer. Se había logrado, incluso, colocar un foco para iluminar esta vereda como forma de premiar su trabajo, que una vecina hizo retirar sin mala intención y por desconocimiento del rol que cumplía. Actualmente se viene conversando para ver si se puede colocar nuevamente  y recuperar, tanto belleza como seguridad por las noches, lo que ahora está en manos del propio alcalde.
«La naturaleza es única, es una belleza, los colores, hasta los yuyitos con flores, los amo, yo les hablo a todas, las riego en el verano como lo hago con  todas las plantas. También tengo mi fondo», afirma.
El jardín lleva trabajo, cuidado, pero tiene una recompensa única, indica Graciela. La sociedad siempre espera por el otro y así se van dejando las cosas, lo simple pero hermoso, todos podríamos cultivar, no es preciso mucho espacio se planta donde se puede. La gente demanda, espera si no le limpian, no limpia. Yo barro todos los días mi vereda, agrega Graciela, pero no todos piensan igual.
«Las plantas todo el año tienen algo distinto, se van adaptando a cada estación, desde los colores de la primavera al impacto de las hojas de los liquidámbar en otoño. En el jardín, si no hay una cosa hay otra, la naturaleza es los más hermoso que hay». Las plantas brindan una gran energía positiva, si cada uno de nosotros dejara algo de lado su materialismo, aprendiera a querer la naturaleza a respetarla y disfrutarla más,se sentiría un poco más realizado, un poco más feliz, agrega Graciela.

Y.S
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