Thomas Midgley Jr., funcionario de la General Motors, químico destacado,  agregó tetraetilo de plomo a las naftas consiguiendo un funcionamiento más eficiente de los motores (año 1921).
La incorporación de plomo, que era detectable en los gases de los caños de escape, se criticó fuertemente por su posible efecto tóxico. Como respuesta, Midgley   realizó una conferencia de prensa, durante la cual roció sus manos con naftas con plomo,  las puso junto a su cara y respiró su vapor durante un minuto. Afirmó que podría hacer lo mismo cada día sin que se afectase su salud.
Pasaron cincuenta años y recién a partir de 1975, ante la evidencia científica, EEUU comenzó a eliminar el plomo de las naftas.  Se destacó la actividad del Psiquiatra Infantil Herbert Needleman. En las décadas de 1970 y 1980 descubrió cómo los niños aún expuestos a niveles bajos de plomo pero durante largo tiempo,  padecen coeficientes intelectuales más bajos,  con problemas de aprendizaje por falta de concentración y abandonan los estudios más frecuentemente. Tienen problemas de conducta, también con más frecuencia.
Se atribuye en gran parte a la influencia de Needleman que EEUU en 1975 comenzó a eliminar el tetraetilo de plomo de sus naftas.
El saturnismo es la intoxicación crónica con plomo o sus compuestos. Se conoce desde más de 2000 (dos mil) años atrás. Con la revolución industrial iniciada en los siglos XVII y XVIII y el enorme  desarrollo que tuvo en los siglos XIX y XX aumentó el uso industrial del plomo y por consiguiente los casos de saturnismo. – Se ve sobre todo en las siguientes actividades: minería, fundiciones,  fabricación de baterías, de pigmentos de pinturas, barnices, vidriado, alfarería y en la exposición a vapores de gasolinas con plomo.
Sus síntomas más aparentes son cólicos abdominales, diarreas, cambios de humor, agresividad, depresión, trastornos de la memoria y de la comprensión, trastornos en el sistema reproductor, bajo peso al nacer, partos prematuros, etc.
Los grupos más afectados son los niños y los trabajadores expuestos por el tipo de trabajo.
En el tema de los herbicidas,  está demostrado que cuando se riegan  los cultivos con el “matayuyos” glifosato, mata la maleza en general y es absorbido por la soja y el maíz transgénicos, que sobreviven a la presencia de este tóxico en sus organismos.
Por esto los humanos y los animales, que ingerimos durante años productos transgénicos, estamos ingiriendo también durante años los agrotóxicos que contienen. Su impacto sobre la salud es insidioso y se manifiesta lentamente con el tiempo.
Faltan pocos años, para cumplir el siglo de que Thomas Midgley Jr, públicamente  se aplicó en manos y cara nafta con plomo para demostrar su inocuidad. Ahora un hecho similar protagonizó el médico de Canelones,
Doctor Máximo Castilla (El País, 11/09/16). Ante reportero y fotógrafo del diario “le pide a uno de sus empleados que le alcance un bidón. Saca una navaja, corta el precinto del bidón, se echa el líquido en las manos y después se frota la cara. “¿Ves? Nada. Esto no mata a nadie. Son puros rumores de conventillo”, dice.
Las expresiones del Doctor Castilla me llevaron a recordar a Paracelso, nacido en Suiza hace poco más de cinco siglos, quien enseñaba en sus clases que “nada es veneno, todo es veneno, la diferencia está en la dosis”.

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