No Más Colillas
En el marco del mes del ambiente, esta iniciativa pretende concientizar y
reflexionar sobre la ciudad que queremos. Desde la semana pasada la Plaza
Tomás Berreta cuenta con recipientes hechos en base a tubos de PVC para
que los fumadores depositen las colillas.
El Municipio de Santa Lucía adhiere a esta iniciativa de No Más Colillas
y Teko, colocando 10 contenedores de recolección en la plaza principal de
la ciudad. El reciclado de colillas de cigarrillos se transformará en
armazones de lentes.
Las colillas están compuestas en un 80% por materiales plásticos, son un
residuo altamente contaminante, al que es complejo encontrarle una forma
de reciclaje.
El proyecto se implementa en dos fases. Primero se recuperan las colillas
de la vía pública y luego se reciclan utilizando un proceso innovador.
No Más Colillas es un grupo de jóvenes voluntarios que se formó a
mediados de 2019. El año pasado se asociaron a Teko, responsables de la
construcción de los contenedores y ceniceros que comenzaron a colocarse
en playas de Montevideo, Maldonado y Rocha. Se han venido colocando en
distintas departamentos del país. Junto a Teko, además, cuenta con la
aprobación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII),
transformando esas colillas en planchas de acetato de celulosa para
transformarlos en productos comerciales. Este proceso innovador, permite
recuperar el acetato de los filtros para luego fabricar placas , además, es
amigable con el medio ambiente.
TEKO hace un proceso de lavado con las colillas recolectadas, que “están
conformadas por papel, el tabaco y acetato de celulosa, que es un
bioplástico de origen vegetal, que se obtiene de la celulosa de la madera y
que es reciclable. Este acetato se encuentra en el filtro, y si bien la mayoría
del cigarrillo se consume al fumar, el filtro queda para convertirse en un
residuo contaminante. Pueden tardar hasta 10 años en biodegradarse.
Una vez que se obtiene la placa, comienza la etapa de buscarle usos, lo que
más interesa es lograr una placa resistente para realizar los armazones de
anteojos, y poder competir en el mercado.
Esta innovadora técnica es una de las primeras experiencias en América.
El objetivo de este emprendimiento no termina en los armazones ya que se
pueden hacer muchas cosas más, algunas que ya están en proyectos más
avanzados.
.
Una de las patas más importantes es la colaboración del Estado en este
proyecto, ya que todo esto funciona en la medida que se tenga el aporte de
las intendencias, de alcaldes y concejales.
Una colilla puede contaminar hasta 50 litros de agua, liberando hasta 7.000
compuestos químicos tóxicos que perduran en el ambiente entre 7 y 12
años, aunque se cree que sus efectos dañinos pueden perdurar hasta 25
años. El acetato de celulosa, presente en su composición, es un
termoplástico que alberga diversas sustancias tóxicas: hidrocarburos,
nicotina, arsénico y metales pesados. No es biodegradable y contamina
cursos de agua y suelo. En las ciudades, las colillas pueden obstruir
cañerías, filtrarse a los océanos y convertirse en una amenaza para los niños
y ocasionan daños en los animales, que los consumen por accidente.
En nuestro país, el 24% de la población adulta consume tabaco y según
estudios un fumador promedio suele consumir en el entorno de los 10
cigarrillos diarios. Estos números indican que aproximadamente se
desechan 4 millones de colillas por día,
La ONG Ocean Conservancy elaboró un informe en 2017 en el que
afirmaba que las colillas de cigarrillo suponen el 13% de los residuos del
mundo y son más de cinco mil millones los consumidos anualmente por la
humanidad.
Y.S.

Deja una respuesta