Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, analizamos morfología, sintaxis y prosodia de la expresión: “la vaca mató al tren”.-
Ahora no me conoces
Salve elegida de la naturaleza

Ahora no me conoces de la semana anterior
1957. Wanderers enfrentaba a Rio Negro de San José-(Casaca de alternativa)
Mula Rodriguez, De la Sierra, Pi, Pizón, Martuchelo, Dardo Rodriguez, Tito
Bosch y Cleto Castillo. Abajo, De León, Damasco , el pato Barceló, Sartori, Lulo
Jorge y Marquisio. (José Pepe Torres)
Stefano Dicciani
Los árboles floridos
Encontraré los árboles floridos
cuando cruce la última frontera
y mi alma ya no sea prisionera
cubriéndose con pétalos de olvidos.
Los árboles marrones y arrugados
vestirán suaves flores coloridas
y rútilas sus ramas encendidas
brotarán de los troncos más dorados.
Ni seco ni arrugado. Ni siquiera
oscuro y triste. El árbol muy florido
de hermosos colores irá vestido
y vivirá en eterna primavera.
Seré por siempre un árbol perfumado;
amarillo – azul y anaranjado.
Alfredo Gomez
Letras en camiseta
La Importancia de llamarse Manón.
Creo que no es raro que un niño de segundo grado se enamore de una nena de
quinto por un ratito o un poco más.
A mi me pasó.
Fue en un recreo de la 140 cuando hacía muy poco habíamos plantado el
ibirapitá y el ceibo. Estaba muy linda con sus mejillas coloradas de correr con
sus amigas que la llamaban por su nombre. Así fue como lo aprendí.
Y qué bonito sonaba! “Manón.”
¡Qué fuerza en esa “o" acentuada en un nombre de mujer!
En esa época no andaba yo jugando con las palabras todavía, pero en alguna
forma Manón y mi corazón rimaban en ese recreo.
Bajo la sombra de la morera, junto al muro de Appratto, con las manos y la
túnica manchadas por el jugo de las moras, junto a mis amigos Julio y Roberto,
yo la miraba jugar. Sin decirles nada me alejé. Tenía una tiza que me había
echado al bolsillo temprano en el salón, y en cuanta pared y banco de cemento
que encontré, fui escribiendo “Manón y yo", hasta que terminó el recreo.
Entramos a clase y al rato nomás me vinieron a buscar de dirección. Un balde
con agua y una esponja, y a borrar todo lo que había escrito.
Más tarde me enteré que la niña de quinto no se llamaba Manón. Manón era
una de las amigas que corrían con ella. Su nombre era Nelly. Me hubiera sido
más difícil de escribir ese nombre, y posiblemente no hubiera llegado a hacerlo y
así hubiese evitado el bochorno y el castigo. Claro que tampoco existiría esta
historia en tal caso.
Nunca he conocido a nadie más que lleve el nombre “Manón “. Sólo conocí a
aquellas dos, porque a pesar de haber luego entendido mi error, me siguió
gustando el nombre asociado a la que no se llamaba así. Y así, caprichosamente,
he recordado siempre ese recreo, tiza, esponja, agua y balde y a una niña
llamada Manón. (La que no era.)
Una pregunta de miércoles
¿Podría mencionar tres recuerdos de su infancia que le resultan
imborrables? (I)
Carlos Hipogrosso:
1. los partidos de fútbol en el patio de la iglesia hasta que el cura nos echaba y
luego seguíamos el partido de fútbol en el patio de la sinagoga hasta que el
rabino nos echaba (me crié en Villa Muñoz)
2. La salida de la escuela.
3. Cuando volvíamos de la escuela y nos dejaban salir solo después de tomar la
leche y hacer los deberes (siempre y cuando la hoja tabaré estuviera prolija)
Susana López
Me encantaba ir al campo…,Mendoza chico a casa de abuela…caminar unos
kms para llegar a la casa…desde la ruta…..y en ese lugar me gustaba todo….sin
aglomeraciones….pero son muchísimos recuerdos…
Marcel Legarra
Ver en tv la llegada del hombre a la luna
El día que Peñarol le ganó a Real Madrid 1966
El día que murió Gestido.
Marcia Salvioli
1- Ir y venir por Mitre, como hormigas blancas. Desde Lamas a Miranda, al
trote o en bicicleta, íbamos en barra para la Escuela 140, años 90.
2- Tarde ancha de escondidas y mate dulce en Casa de Doña Estela, Abuela de
Andrea Molina,
3- El camino al Almacén de Duarte y reírnos con "Fotografía", sin decírselo, así
habíamos bautizamos a un Vecino.
Guillermo Polito
1- Partidos de baby fútbol los fines de semana
2- Clases de piscina en la Plaza de Deportes
3- Cacerías del Club 23 de Marzo
Gustavo Castellano
1) Los fines de semana en el campo y la magia del arroyo Laureles, el monte, los
pájaros, el sonido y el silencio
2) Los veranos con mi primo Abel y las mil historias que inventábamos a dúo
3) El fondo de la casa, los frutales, las flores, mi abuela contándome (a mi
pedido) siempre el mismo cuento.
Luis Fernando Iglesias
1) Mi padre afeitándose el algún baño de Sayago o Colonia y yo mirándolo desde
la puerta. Invariablemente tomaba la brocha y me ponía espuma en la punta de
la nariz.
2) Recibir sobres de figuritas, usualmente dados por mi madre, a la salida de la
escuela de Colonia o del centro de Montevideo
3) La alegría del comienzo de las vacaciones en Lagomar y la tristeza que
generaba la primera aparición en la tele del aviso de Soler "Se terminaron las
vacaciones, ya comienza el año escolar, Soler tiene, Soler conviene, para que el
niño vaya a estudiar"
(Bonus track: la despertada de mi abuelo en la casa de Sayago para ver al primer
hombre que pisaba la luna, ese momento que iba a cambiar la humanidad)
Edgardo Taranco
1)Una casilla de perro con antena de televisión en el techo (y el perro ovejero
que nos miraba pasar con pose de guardia de seguridad, que era su trabajo) en
el predio de la fábrica Famesa de Philips en Sayago (donde hoy está el
hipermercado Devoto). Y la imaginación que nos hacía suponer que el ovejero
realmente tenía televisor en la cucha…
2) La llegada de Papá Noel en un helicóptero (con el tiempo supe que era
de la Fuerza Aérea y no de la flota de renos) en la cancha del club Estrella del
Norte (cerquita del perro con tv).
3) Las "colas" que hacíamos los niños del barrio los martes en el quiosco de
Etchetto frente a la Plaza de Deportes, esperando que llegaran Charoná y
Billiken.
Teresita Valdez
Tuve una infancia muy feliz, por eso voy a seleccionar los tres primeros que me
vengan a la memoria:
1) Los sábados en el fondo de la casa de mis abuelos (donde vivíamos) justo al
lado del gallinero armábamos un escenario impresionante. Mamá nos ayudaba
con las columnas dibujadas. Durante la semana hacíamos manualidades y
trabajábamos en la obra, elenco, música, y la escribía alguno de nosotros (tal vez
fuera Julio). Los sábados nos dedicábamos a hacer limonada en una olla que
vendíamos por vaso. La princesa siempre era Rubita y yo no me acuerdo nada
más, si, que éramos muchos y los que no participaban eran el público. Dalma
(Cabrera)siempre me recuerda detalles de aquellos espectáculos .¡¡¡Que
genios!!!
2.- Los domingos íbamos a la matinee, al sábado siguiente invadíamos la casa de
la familia Cáceres Lacruz, la casa de nuestra querida Chacha, y jugábamos hasta
la noche a la película que habíamos visto la semana anterior. A veces había
enojos, y alguna peleíta pero nunca hubo tiempo de aburrirnos.
3) Con mi compañera de clase, amiga de toda la vida, Gloria Bosch, hacíamos
los deberes juntas en una casa o en la otra. Lo curioso de esto es que ella era
muy buena en matemáticas y yo en lenguaje. Para apurar la cosa y poder jugar
un ratito ella resolvía problemas, cuentas, fracciones para las dos y yo me
revolvía entre verbos, y las redacciones que las hacía bien diferentes para no
ser descubiertas. Lo más curioso es que los dibujos también lo hacíamos entre
las dos, y es inolvidable aquel Platero donde una dibujó la cabeza y el pastito y la
otra, el cuerpo con la cola y todo.
Guillermo Alvarez Castro
El perro que encontré abandonado en la estación del ferrocarril y se quedó
conmigo, el primer caballo que tuve, la primera palabra que logré leer.
Rodolfo Torres
1)-La visita mensual a Santa Lucia de los tíos abuelos desde Montevideo, a
visitar a mi abuela paterna un domingo por mes. Casi todos ellos tocaban el
piano y una vez finalizado el almuerzo, entre mates de yuyos y café iban
pasando por el piano, solos o a cuatro manos, a tocar valses vieneses y tangos
mientras los demás bailaban.
2)-El escritorio de mi padre entre altas estanterías de su farmacia, donde tenía
una caja de lata de galletitas con tijera, engrudo en un frasquito de remedio y un
pincel junto a un libreton para recetas farmacéuticas donde pegaba los recortes
de diarios y armaba mis primeros collages cuando la farmacia estaba cerrada al
mediodía.
3)-El dormitorio en mi casa donde tenía una biblioteca con el Tesoro de la
Juventud y una Colección de Clásicos, libros que aún conservo y una radio
donde escuchaba por las noches los relatos de Básquet Ball en la "Voz del Aire" y
las películas en castellano de las salas de estreno montevideanas por "Radio
Sur" relatadas por Taño Bermúdez.
Carlos Alejandro
Si claro…!! El interminable viaje desde Tacuarembó en el camión de la mudanza
con todos los muebles y la vieja Renault 56 encima (1966) nos mudamos a 25 de
Agosto Nro. 66 Santa Lucía.
Increíblemente también la primera vez que fui al estadio fue a la final
intercontinental del 66 contra el Real Madrid, con mi viejo y ver aquel estadio
lleno, inmenso, desde la Ámsterdam justo detrás del arco, estar ahí y no oír por
la radio como en Tacuarembó, imaginate!!!
Y la tercera cuando se llevaron a mi viejo los milicos…
Elisa Berti
El olor a madreselva que abrazaba llegando al río en bicicleta, en aquellas tardes
de verano de corretear por la arena caliente para llegar al agua, con chapoteo de
gurises que saltaban de los árboles, intentos de hacer la plancha, de sapito
tirando piedras al agua o de pescar mojarritas con botellas, entre tábanos que
amenazaban en el aire,… y así podría seguir, porque el río, afortunadamente,
más que un lugar es un mundo de sensaciones grabadas por siempre en cada
uno de quienes disfrutamos alguna vez de su magia.
José Arce
El gusto del hinojo, al masticarlo, en alguna pausa de nuestros partidos en la
cancha del Budapest; mis juegos solitarios con el triciclo, en el patio de mi casa
natal, antes de mudarme a Santa Lucía; la camioneta de las figuritas (los Trico y
los Peña, México 70) que paraba en la esquina de Tabaré y Pecoche con los
altoparlantes correspondiente. Las galletita estaban todas blanditas, pero que
ricas que eran!
Marcelo Monzeglio
Los partidos de fútbol en la galería del Hotel Biltmore en épocas de creciente,
varios del barrio que con sus familias se "mudaban" al hotel por 2 o 3 días para
esperar el descenso del agua y nosotros, los pibes de aquel entonces, fascinados
con que convivíamos las 24 horas juntos y jugábamos por más tiempo.
Las charlas en los bancos apostados frente al Hotel, sobre Batlle y Ordóñez,
amigos y amigas que compartíamos un sinfín de anécdotas.
Los domingos de almuerzos en familia, en el Biltmore o en el Oriental
(generalmente este último), ya que la abuela Aurora era la líder de esas
jornadas, sin dudas súper entrañables en estos momentos.
Ana Cozzano
1. Jugar a todos los juegos en la calle con los amigos del barrio.
2. Las idas al parque con toda la día, incluida la abuela, con tele 9" para ella
conectada al auto, y nosotros con las bicis.
3 no los ravioles de seso Castro de los domingos en casa de mi abuela paterna y
las rosquitas dulces de mi abuela materna.
Leonardo Quiroz
1 – La vez que iba con mis padres en el auto, dando vuelta a la plaza y se abrió
una puerta y salí rodando.
2 – Cuando en casa de la tía Cata, me agarré el prepucio con el cierre del
pantalón y vi venir a la tía con una tijera en la mano, pensando que me iban a
amputar.
3 – Chichí y Ramón.-
Omar Adi
1) A mis cinco años, el beso cinematográfico que le propiné a la hija de un
connotado comerciante vaya uno a saber inspirado en qué lascivia ancestral y
que me valió ser condenado al destierro.
2) Mi primer día en la Escuela (Jardinera con Margarita), tan asustado como
ahora mismo.
3) La Feria de Diversiones de nuestros ocho años (con venta de revistas, teatro
de títeres, tiro al blanco) armada junto a Cacho González en Rivera a dos
cuadras de la Estación (no me pregunten la calle) y luego convertida en circo en
los fondos de Nandín. Nunca tuvimos un espectador, malditos sean.
La carpeta de Monsieur Fourcade
5
Norah se despidió pues regresaba a Buenos Aires. La vi tomar el taxi de Verges
rumbo al puerto de Montevideo y perderse tras la niebla que empezaba a poblar
la ciudad. El clásico quiosco que señala la iglesia recién había cerrado. Los
estudiantes del liceo frente a la plaza se desparramaban como golondrinas
liberadas de una gran jaula. Sus risas y sus charlas quebraban el silencio
desventurado del atardecer. Volvía apesadumbrado a mi casa de la calle
Pecoche. Extrañaba a mis amigos. Y en ese regreso por las calles desoladas
de”La Bella” decidí ir a visitar a “Nené” Torres. Hablar de teatro con él me haría
mucho bien. Pero Beba, su hermana, mientras se secaba las manos en el
delantal, me dijo que se había ido por la tarde a Montevideo. Pensé que no era
mi día de suerte y recordé aquella frase de que “nada es lo que parece” y retomé
mis pasos silbando una vieja canción de Mateo.
Ilustraron:, Rodolfo Torres, Pablo Picasso , David Hockney, s/d
Si las cosas fueran simples, ya se habría corrido la voz. JD

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