Ciencia
Sus aportes brindaron datos claves a la investigación para
entender el desarrollo de cataratas y ceguera asociada
Fueron publicados recientemente en una de las más prestigiosas revista
especializadas en el área la Science Advances.
La información pudo pasar desapercibida para la mayor parte de nosotros
que desconoce en gran parte los caminos de la investigación y de la
ciencia, pero cuando surge el nombre Leonel Malacrida, Santa Lucía se
siente particularmente orgullosa. Joven vecino prometedor científico,
docente del que ya sus primeros maestros le reconocían una temprana
vocación por la ciencia.
Esta destacada investigación forma parte de una línea iniciada hace cuatro
años durante su posdoctorado en la Universidad de California en Irvine.
Allí conoció un grupo de colegas con el que comenzó este proyecto
cuando trabajaba en el departamento de ingeniería biomédica donde
estudiaba algunos aspectos muy básicos. cómo funcionan las células, qué
rol tiene el agua, para lo que usaban ciertas herramientas de microcopia y
espectroscopia. Agregó que tenían algunas moléculas útiles para ver
justamente la dinámica del agua.
Luego de cierto tiempo conoció a Irene Vorontsova de Nueva Zelanda en
el Departamento de Biología Celular y Desarrollo, quién ya venía
trabajando en problemas del cristalino (lente), que generaban afectaciones
de su correcta función, en particular de dos proteínas, que se llaman
acuaporina (A y B), que se encargan de transportar agua a través de las
células. Vorontsova tenía generadas algunas líneas de peces en los cuales
había eliminado ambas versiones de estas proteínas, una a una, lo que les
permitía entender qué rol jugaba cada una de ellas y de qué manera podía
afectar la dinámica del agua. Cuando se enteró que él trabajaba en el agua
intracelular y ella estaba interesada en ver cómo se distribuía el agua en el
lente, surgió la oportunidad de trabajar en conjunto, agregó Leonel.
La investigación publicada en la Science Advances se enfocó
especialmente en aspectos del desarrollo de las células del cristalino, la
parte del ojo que actúa como una lente y permite ver y enfocar
correctamente en la retina.
Se agrega que lo peculiar de estas células es que mientras la mayoría de las
células del organismo tienen alto contenido de agua, además de otros
elementos como proteínas, ADN, etc (son como bolsitas con líquido), las
células del cristalino tienen altísima concentración de proteínas y por ende
menor cantidad de agua.
Esta característica de la célula se conoce a nivel científico como
“hacinamiento molecular”. Sobre esa base, la investigación buscó describir
el papel del equilibrio y dinámica del agua (la homeostasis) en el desarrollo
de las células del cristalino, la parte del ojo que actúa como una lente y
permite ver y enfocar correctamente en la retina.
Usando herramientas de microscopía de fluorescencia y análisis de imagen
avanzados, los investigadores estudiaron el equilibrio del agua durante el
desarrollo de las células del cristalino del pez cebra, modelo que se usó al
tener un tamaño relativamente pequeño, ser transparente y que se puede
manipular genéticamente relativamente fácil con las herramientas que hay
hoy en día, indicó. Observaron que cuando se rompe ese equilibrio
(cuando hay mucha o poca agua en el desarrollo de la célula), esto afecta el
modo en que la luz llega a la retina y surgen problemas de visión, como
cataratas y por ende ceguera. Desde un principio trataron de entender los
aspectos más elementales, cómo se desarrolla el lente desde los días más
tempranos hasta la madurez.
Se sumó luego el catalán Alexander Vallmitjana, que se encargó de hacer el
procesamiento de esa enorme cantidad de datos al tener una gran
experiencia en el área de procesamiento de imágenes. Precisamente,
desarrolló algunos algoritmos y herramientas para poder entender cómo se
distribuía la dinámica del agua en espacio y tiempo para lo que entender
esto en las dos y las tres dimensiones era clave. Se sumó a este grupo
heterogéneo muy colaborativo y complementario. Belén Torrado, que es
otra uruguaya que está ahora en California haciendo su posdoctorado en el
Laboratorio de Dinámica de Fluorescencia y quién continuó con parte del
trabajo experimental. Al regresar al país, Leonel siguió trabajando en ese
tema, desarrollándolo entre la Universidad de la República y en el Instituto
Pasteur de Montevideo.
Leonel coincide que la publicación en esta revista es una etapa de toda esta
investigación pero que significa un punta pie inicial para continuar
trabajando. Agrega que como investigador joven, el reconocimiento es
algo muy importante al tratarse de una prestigiosa revista de ciencia de
más de cien años, que publica un porcentaje muy bajo de la cantidad de
trabajos que reciben. Destacó que en los trabajos científicos siempre hay
grupos y a veces las publicaciones no realizan un buen reconocimiento a
todos los que participan, en este caso los dos primeros autores
compartieron ese rol. Un primer autor significa ser quién llevó la mayor
parte del trabajo haciendo los experimentos, como los análisis, y ser el
último autor es quién coordinó y lideró el paper, rol que le correspondió
en esta oportunidad, lo que es muy significativo porque es comenzar a
transitar un camino propio como investigador independiente con su propio
grupo.
Leonel continuó más recientemente esta línea investigativa en la Unidad de
Bioimagenología Avanzada, un laboratorio mixto entre el IP Montevideo y
el Hospital de Clínicas, que lidera desde 2019. Remarca que sería muy
importante conseguir financiación para poder continuar con las
investigaciones, como asi los recursos humanos y alumnos en estas áreas
para poder seguir adelante.
Y.S.

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