Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez

Suplemento de El Pueblo,  es como una mudanza, se alistan todas las cosas, pero ya no se encuentra las páginas que se había preparado, y de pronto se hallan otras ocultas y olvidadas.


Ahora no me conoces
Hablando de gigantes


Ahora no me conoces de la edición anterior
Eulogio Layes el padre de Esperanza y José Conrado.(Susana Lopez)


Alfredo Gomez
Letras en camiseta
Hoja en el aire.

Qué simple que era todo: buscar el pan, la verdura y la carne, un beso en su
mejilla fría, anudarle la bufanda, esperar la luz verde en las esquinas.
Las baldosas de la plaza, sucias, negras de hollín y humedad, blancas de mierda
de paloma. Íbamos caminando por la diagonal, sería un otoño, el sol todavía
tibio, los gritos de los niños jugando, la música en espiral de la calesita y alguna
bocina a destiempo; su mano, los huesos diminutos de sus dedos perdidos entre
mi mano que la apretaba siguiendo el pulso de nuestros pasos. Qué simple era
respirar sin angustias, el aire bueno, el pecho inmenso.
Era en esos días sin dudas, por esas calles con gatos y balcones conocidos,
donde a veces me despegaba para vernos en nuestras sombras. Su sombra y la
mía.
Todo fue sólo un instante. Tal vez la hoja marrón de aquel plátano, que nos
saludó cayendo en una despedida.

Félix Montaldo

PERSONAS QUE ABRIERON CAMINOS NUEVOS

Lee de Forest

Su rival, Marconi, pese a que también había fracasado en la transmisión de la
carrera de yates, conservó el apoyo financiero y logró enviar una señal a través
del Atlántico: un poderoso transmisor instalado en la costa inglesa enganchado
a una antena conectada a un barrilete, envió una señal con la letra S (tres puntos
en lenguaje Morse) que fue captada, después de muchos intentos, en la
estación de Newfoundland situada en Terranova (Canadá) el 12 de diciembre de

  1. El conocimiento de este éxito fue muy bienvenido, especialmente en el
    mundo marítimo, y revivió el interés por la telegrafía y la telefonía sin hilos: la
    Compañía de Seguros Lloyd de Londres que cubría los riesgos del transporte
    marítimo a nivel internacional le encargó a la empresa de Marconi la

construcción de estaciones de telefonía sin hilos en toda la costa inglesa. El
Almirantazgo británico lo contrató, a su vez, para que instalara equipos
transmisores y receptores en 32 barcos. _
La noticia del éxito de su rival encontró a Lee casi sin dinero y con la
sensación de frustración que ocasionaba tener que enfrentar a un oponente rico
y que contaba con el respaldo de gente muy poderosa. Tenía la duda de si
continuar con su proyecto o renunciar a él y conseguir un empleo que
regularizara su vida pero el recuerdo de su padre con su ejemplo de tenacidad
para continuar en el camino que había elegido, le hizo recuperar el ánimo y
volver a su proyecto de construir un transmisor accionado por corriente alterna,
capaz de producir una chispa de alta frecuencia. Es de hacer notar que también
el inventor canadiense Reginald Fessenden logró crear un equipo similar.
Tenía una importante carta de triunfo sobre Marconi quién empleaba en
sus equipos el sistema de bobinas europeo a corriente continua más lento y
menos eficaz para la transmisión. Además el receptor electrolítico de Lee
superaba al cohesor de su rival. Era necesario conseguir financiación
convenciendo a los inversores de las ventajas de su equipo a corriente alterna.
Consiguió de su amigo Stires una lista de 25 inversores de Wall Street, pero este
le advirtió que sería difícil conseguir apoyo financiero de esta gente. Conseguida
la lista Lee se dedicó a ubicarlos en sus oficinas para mostrarles sus bocetos del
nuevo transmisor. Al principio fue rechazado, algunos lo hicieron de muy mala
manera, pero, en cierto momento, logró interesar a 3 o 4 personas que lo
escucharon con atención y le ofrecieron pequeñas sumas de dinero (de 25 a 100
dólares); así, a mediados de 1902, consiguió reunir 200 dólares en efectivo y
otros 200 en papeles con los cuales empezó a buscar quien le fabricara su
transmisor. Stires le recomendó una fábrica de máquinas de Jersey City la cual
le ofreció construirlo por un precio bajo por lo cual Lee se dirigió a esta ciudad
para dirigir el trabajo.
Al mismo tiempo uno de sus patrocinadores le informó del interés de Abe
(Abraham) White, jugador de bolsa en Nueva York, quién había hecho una
fortuna especulando con títulos y estaba interesado en la telefonía sin hilos y,
particularmente, en los proyectos de Lee en este campo. Cuando ambos se
reunieron White le dijo:
“-Creo en usted, De Forest (…) Habrá oído decir que soy un especulador
de bolsa. Es cierto. Pero también soy un visionario: ese es el secreto de mi éxito.
Siempre he sido optimista y me he zambullido en proyectos que otros temían
emprender. Según creo, las comunicaciones inalámbricas prometen mucho para
el futuro y quiero compartir ese futuro con usted. ¿Qué le parece?” _
A continuación White pasó a describirle su plan que consistía en la
formación de una nueva empresa que emitiría acciones: aquellas personas que
apoyaron con anterioridad los proyectos de Lee (Smythe, Freeman, Stires, Firth,
etc.) deberían cambiar sus valores por las acciones de la nueva compañía para
darle libertad para sus emprendimientos en el orden financiero. Lee le dio el
visto bueno a ese plan y el financista rápidamente organizó la American
DeForest Wireless Telegraph Company como una empresa de Maine. Emitió
acciones por valor de tres millones de dólares. White convenció a Lee que podía
dedicarse exclusivamente a la construcción de su transmisor y dejar en sus
manos los asuntos financieros por lo cual nuestro inventor volvió a Jersey City
para dedicarse a su trabajo.

Eduardo Mollo

La Bella: Ciudadanos Ilustres ( 11 )

En una punta, la estación de trenes.
En la otra, el cementerio.
¿ No será un pueblo armado pa´irse ?
Omar Adi, en “ Patadas Cochinas ”, 2016


Toribio
( Omar Adi )

En las noches de tormenta, si uno mira hacia arriba, puede adivinar la línea de
su sonrisa. Y si se aguza el oído, su cascada voz repite el viejo verso de cierto
autor, tan viejo como el verso:

Camino del cementerio
De luto eterno Toribio
Negro en voz y negro en cuerpo,
Un día le dio un abrazo
A lo que estaba diciendo
Y se murió despacito
Amigo del sueño eterno.
La Muerte soltó su pelo
Acarició el negro cuerpo
Y se lo llevó a su cama
Enamorada, sonriendo.
Y ahora Toribio es un trueno
Cuando hay tormenta en el cielo
Que se pregona a sí mismo:
“ Murió Toribio, vecinos,
Murió el negro pregonero
Murió el vocero del pueblo.”
Y este negro en noche negra
Hoy vocea sin resuello
No lutos y no sepelios
Sino boda, himeneo,
El oscuro casamiento
Entre Toribio y la muerte,
Y entre la voz y el silencio
Y en vez de llorar, vecinos,
Rían, canten, formen rondas
Que Toribio grita fuerte
Su conquista por el cielo.
Breve noticia biográfica

Omar Adi, según le convenga, manifiesta tener diversas edades. Sin
embargo su partida de nacimiento señala indubitablemente que nació el 25 de
febrero de 1949. Cursó dos años en Facultad de Derecho y uno en Psicología y
otros cursos, pero éstos de agua y en bote.-
Casado, dos hijos.
Fundó y dirigió diversos peródicos estudiantiles y regionales y
escribió y escribe en distintos medios de prensa. Dirigió el legendario Grupo
Gente, que obtuvo el Primer Premio de la Alianza Francesa en 1976 y puso en
escena distintas obras en varios escenarios del país.-

Fue redactor y director creativo de distintas agencias de publicidad y
continúa dicha actividad como free-lance para agencias y clientes directos.-
Un dato casi incongruente de su biografía es que fue funcionario del
Ministerio del Interior desde 1968 y culminó su carrera como Director Nacional
de Identificación Civil, cargo que ejerció desde 1992 a 1999, años en el cual se
acogió a los beneficios del retiro.-
Integró diversos Comités del Mercosur y perfeccionó las cédulas de
identidad y los pasaportes uruguayos. Realizó cursos de impresión de seguridad
en París, Londres y Ottawa, entre otros, pero Santa Lucía sigue siendo la tierra
de sus amores.-
Amenaza con editar su próximo libro, “ Disparos sobre Montevideo ”,
que recoge notas publicadas años atrás en el diario El País.
( Tomada textual de “ Cajón de turco ”, de Omar Adi Córdoba, edición conjunta
de El libroencaja y Casa de Anónimos, abril de 2004. )
Rodolfo Fuentes
La estación.

“Todo lo que puedes imaginar, es real” Pablo Picasso
Lo haré. Lo antes posible, o sea, Pistola, prometo mandarte el texto sobre la
estación hoy mismo antes de que llegue el tren de las diez de la noche (¿era a las
diez?), ese que vamos a esperar casi todos los días con el Gaucho, el Cucurucho
y a veces el Loquito y el Lija.
Nunca nos preguntamos los porqué de esa acción obsesiva y sin ningún sentido
práctico aparente, ya que todas las noches bajan de los vagones marrones o azul
y blanco ya viejos, pero todavía sin graffitis, las mismas caras cansadas del
traqueteo, los mismos paquetes del vagón de encomiendas y el jefe de la
estación manipula las mismas palancas en el mismo orden. Ahora, casi sin
trenes y casi sin pelo, se me ocurre que la única razón es simplemente la espera
y el pueblerino saque adrenalínico de la llegada inminente, el clincclanc de las
barreras bajas, la bocina anticipatoria en la curva de la cancha de Santa Lucía y
luego el crescendo imponente: tra…tráctra…tráctra…trác,sobre las vías, el
chirrido de los frenos, la respiración animal de la máquina en reposo, la
esperanza un poco sádica de que el tipo que tenía que agarrar el aro le erre o de
que tal vez, bajara del vagón con mesitas alguien vestido de bl anco y con valijas,
como en una película de Fellini. Pero no, la rutina se impone y no pasa nada
mágico o al menos eso creímos, porque de hecho, sí pasa y no nos dimos cuenta.
Campana, pito, bocina y el tren se perdía gradualmente en la negrura de la
noche, dejando la estela de su luz roja trasera (¿tiene luz roja trasera?), tomando
la inevitable curva hacia 25 de agosto y seguramente más lejos, pero eso no es
asunto nuestro porque ya arrancamos para arriba por Rivera contando el cuento
de nunca acabar o hablando del teniente Clara, de la película que dan el
miércoles, una de Antonioni, una de Milos Forman sobre los amores de una
rubia o aquella de JiriMenzel, la de los trenes rigurosamente vigilados…
(Una ciudad para armar. Ed. Libros de San Juan)

Daniel Da Rosa

a esta hora de la noche
todo parece estar quieto
no se oyen los golpes del martillo sobre los clavos
los lebreles bajando por la oscura pradera
la hierba que baila en círculos
el puño sobre el papel cargado de lecturas
el chistido de la lechuza
no se oyen los latigazos de los gatos
enarbolados sobre el muro de ladrillos rojos
ni la caída de las lágrimas
sobre las rosas amarillas del jardín
no se oyen los bramidos del corazón roto
ni el silencio de un lejano relámpago
que cruza por mis ojos en apenas sesenta años
no se oyen las fugas de estrellas
no los huesos quebránndose
no la hiedra subiendo por mi espalda
no el aleteo de un colibrí dormido
en el medio del pecho
no la mordedura de la nostalgia en la boca
no se oye siquiera éste lápiz
rasgando un poema que aún no se ha escrito.

Ilustró: Rodolfo Torres, s/d

La vida, sólo puede entenderse mirando hacia atrás, aunque debe ser vivida
mirando hacia adelante –o sea, hacia algo que no existe. SK

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