Mano a Mano

Hasta el 27de setiembre permanecerá este Mano a Mano, dentro del
contexto de celebración que tiene setiembre para Rodolfo Torres con
diferentes muestras en distintos lugares, con la connotación especial de
que será a modo de reapertura, ya que hacía más de un año que venían
siendo suspendidas. Son cuatro muestras totalmente distintas para mostrar
lo hecho en el 2020.
Dialogamos con Rodolfo de su trabajo en el taller, siempre desbordado de
trabajo ahora luego de jubilado, como confirma, con más tiempo para
seguir creando. Luego de un año de encierro, le generó una especie de
burbuja de seguir adelante desde sí mismo y en este setiembre con la
oportunidad de celebrar reaperturas entre amigos.
-El collage y la fotografía, una dupla que se ha vuelto a unir, como en
varias oportunidades.
Sí, estas muestras son un poco como la especie de este homenaje a todos
esos amigos que hace muchos años están con uno, en cada una de las
actividades participan ellos. Con Atilio nos conocemos hace más de 40
años y hemos hecho muchas cosas. Acá, en la sala del Centro Cultural se
trata de una muestra más formal. Nos adaptamos a los lugares de acuerdo a
los materiales que uno tiene, por ejemplo, en Quinta Capurro utilizamos el
sistema tendal, donde el cañaveral es un poco nuestro templo. La otra, que
será en el Centro Comercial del 18 y el 19, seguramente también haya algo
de tendales.
-En tantos años se puede decir que hay una madurez en tu creación.
Justo estaba escribiendo algo con respecto a eso, concretamente que es un
poco como que uno ha adquirido mucha o poca idoneidad, digamos, en el
collage, a partir de determinadas herramientas técnicas conceptuales que
hemos ido tomando de otro grandes colagistas.También hay un momento
donde cuando eso se transforma en algo representativo tuyo o sea que lo
que vos haces casi como si fuera un autorretrato, las historias personales y
las vivencias empiezan a incidir más en el trabajo, entonces no sé si el
término sería madurez. Pero de alguna manera uno se expone más como ser
humano a través de una técnica, en este caso el collage eso abre inclusive
puertas a un infinito bastante inabarcable y es donde se puede hurgar a
través de otro tipo de resolución collagistica para presentar muestras. Algo
que hablaba con los amigos es que uno va cambiando, este año lo tomé
como una especie de cierre de una etapa, que ya hace un tiempo que venía
investigando un poco, leyendo, conversando con otros collagistas la

posibilidad del collage fuera de los planos. Generalmente uno asocia el
collage desde un primitivo, digamos recorte y pegue, a salir de ese plano ya
no sólo sugerido por la perspectiva, de repente en otro momento como yo
lo usaba a directamente el volumen desde el collage más desplegado. Es
un poco el camino que estoy transitando ahora y que algo de eso voy a
presentar en el Centro Comercial. Este mes cumplo 70 años y hay como
una cosa de pensar, como que también quiere ir por otros caminos siempre
dentro del collage con otro concepto, con otra presentación.
-En definitiva, creo que llegar a que la gente sin ver la firma ya sepa que la
obra es de Rodolfo Torres, podría ser como la percepción de madurez.
De repente sí, sí logré crear imágenes que me identifican. Por suerte hoy
en Santa Lucía, a diferencia de hace muchos años, hay un montón de gente
que está haciendo cosas. Lo que me tiene muy entusiasmado es que hay
gente de 25 y 30 años que está haciendo cosas estupendas, a uno le da una
profunda alegría el poder ver cómo van surgiendo. Cuando uno empezó
eran pocos; yo te puedo nombrar gente que fueron referentes para nosotros,
más o menos cercanos pero todos referentes Washington Brignoni, Alba
Lamela, Haller, Victorino Pérez, Elsa Miró, que fueron en su momento los
que un poco llevaban en hombros la posibilidad de crear y mostrar.
Nosotros, a partir de ellos fue que fuimos creciendo, y a su vez, para un
pueblo del interior no es fácil encarar seriamente digamos lo artístico. Son
sociedades más conservadoras, más difíciles, a veces, de aceptar las cosas y
que generalmente a quién lo realiza genera una especie de “tour de force”.
Hoy algo sumamente interesante, es que la mayoría de todos esos
chiquilines tienen Bellas Artes hechas o la están cursando y es natural. En
mi época, si yo decía que iba a ir a Bellas Artes, mi familia me mandaba
primero a un doctor a ver por qué no estudiaba abogacía, escribanía o
medicina. Ahora las artes están más insertas en todo y en los tiempos que
corren es fundamental la actividad sensible, no digo solamente las artes
visuales, digo todo el hacer artesanal, porque se precisan cosas así en este
momento donde todo está muy ríspido, muy polarizado. Encontrar un lugar
para sentirse más realizado y también combatir esa inmediatez del querer
todo ya. Todo lleva su proceso, no es el aquí, el ahora, todo lleva sus
procesos, sus desilusiones, sus satisfacciones también, pero no es aquí y
ahora. Vamos perdiendo paciencias, tolerancias, esa ansiedad nos lleva a
confrontar. Esta es la reflexión, cuando uno ya tiene unas décadas de vida
es lo que uno puede transmitir sin intención ninguna de ponerle una
bandera a nadie en la mano. Esa es otra cosa también, uno puede hablar de
estas cosas sin necesidad de que el interlocutor esté siempre de acuerdo.
-Se trataría de hacer de nuestra vida algo más feliz, intentando buscar
nuestra vocación.

Sí, es así y en realidad fue la escalera que uno asumió que tenía que subir,
al menos tratar de que lo que uno hace nos represente. No estoy
endiosando la actividad artística, porque la vocación también la puede tener
una enfermera, un docente, un comerciante, eso de encontrar tu lugar en la
vida y en el mundo, más ahora con tanta conexión que es sentirse como
ciudadanos universales.
– Este trasuntar a las generaciones más jóvenes, ya que hablamos de
celebraciones, se han venido recogiendo en estos 100 años de El Pueblo.
Es que celebrar 100 años es un hecho que de repente por la cercanía de
nosotros con el “diarito”, como le decimos, hace que de una forma u otra a
veces perdamos perspectiva del valor real que tiene. Porque en realidad la
colección de El Pueblo es la historia de Santa Lucía de los últimos 100
años, que están escritas. Y todavía uno con cierta cercanía con todo eso
porque nosotros empezamos con estas actividades colectivas en el 74, hace
47 años, y El Pueblo siempre estuvo con nosotros y uno es un eterno
agradecido. Eso es maravilloso, lo mismo que con los 30 años de Desde la
ciudad del Río de Juan Carlos Perdomo, esa permanencia habla bien no
sólo de sus hacedores, habla bien de Santa Lucía y se mantiene gracias a un
aspecto no tan lírico como lo económico porque hay empresas que han
sustentado todo esos años esa permanencia, porque es muy difícil
mantenerse año a año en los espacios y en los medios. Por eso es realmente
invalorable a la hora de celebrar hacerlo desde lo comunitario.
Y.S.

Compartir