Una idea de Alfredo Valdez Rodríguez
Suplemento de El Pueblo, la literatura empezó un día en que un pastor entró en la aldea gritando que venía el lobo, sabiendo que
eso no era verdad.
Ahora no me conoces
Línea de tres

Ahora no me conoces edición anterior
Según José Pepe Monzeglio, el modelo del gaucho con el que trabajó Zorrilla
era el santalucense Gutiérrez (José Pepe Torres).
Omar Adi
BULTOS QUE SE MENEAN.
Guía de fantasmas de mi pueblo.
Toribio.
Una tetera y seis tazas.
Compartamos lo que Pedro Leandro Ipuche escribía allá por 1939.
“Toribio es el Santón y el cronista de Santa Lucía.
Su centro estratégico es la parroquia.
Desde allí se mueve y reparte las noticias.
Premio al mérito es ésto.
Oye misa con los mismos gallos.
Pillín como es, lleva consigo, invariablemente, un juego de té para rifar.
Esa rifa picaresca, según los malintencionados, es el caso repetido del mismo
milagro: el negro saca siempre el juego de marras con el número bendito que
se anota, y cada mes lo porta a la rifa callejera en el envase virgen de su caja
de lujo.
Ya todos están en el sainete. Y ayudan, con buen humor lugareño, al retinto
curtido y suave como yuyo sufrido.
No hay casamiento, no hay bautismo ni velorio que el negro Toribio no sepa.
Es más: da informes de todos los enfermos, de los forasteros, de los
preparativos para cualquier acontecimiento; de los noviazgos que se inician y
de los párvulos que nacen.
¡Ah negro macanudo!
Sin Toribio, Santa Lucía carecería del más fuerte y leal color humano… y de su
boletinero”.
En las noches de tormenta, si uno mira hacia arriba puede adivinar la
línea de su sonrisa. Y si se aguza el oído, su cascada voz repite el viejo
verso de cierto autor, tan viejo como el verso:
Camino del cementerio
de luto eterno Toribio,
negro en voz y negro en cuerpo,
un dia le dió un abrazo
a lo que estaba diciendo,
y se murió despacito,
amigo del sueño eterno.
La Muerte soltó su pelo,
acarició el negro cuerpo
y se lo llevó a su cama
enamorada, sonriendo.
Y ahora Toribio es un trueno
cuando hay tormenta en el cielo
que se pregona a sí mismo:
“Murió Toribio, vecinos,
murió el negro pregonero,
murió el vocero del pueblo”.
Y este negro en noche negra
hoy vocea sin resuello
no lutos y no sepelios
sino boda, himeneo,
el oscuro casamiento
entre Toribio y la muerte,
entre la voz y el silencio.
Y en vez de llorar, vecinos,
rían, canten, formen rondas,
que Toribio grita fuerte
su conquista por el cielo.
Eduardo Mollo
La obra de Alfredo Zitarrosa
“Yo no ando buscando canciones. La inspiración está en las cosas simples, en la calle, en los amigos, en el
pueblo, en el paisaje. Solamente hay que estar atento”. ( Alfredo Zitarrosa, 1968.)
Eliseo Salvador Porta
Yo sé quien soy
Letra: Eliseo Porta Música: Alfredo Zitarrosa
Caña de azúcar, caña de azúcar,
¿por qué no endulzas el cañaveral?
Amargo mar.
Las hojas secas, las hojas secas,
Las hojas secas del cañaveral
Ardiendo están.
Machete hermano, las cañas negras,
Las cañas negras tendrás que voltear.
Hay que cortar.
Todo picado, negro y barcino
Sudando a chorros como un animal.
Yo sé quién soy.
Me cae la sombra desde el sombrero,
Me cae la sombra como un antifaz.
Yo sé quién soy.
Ay, los riñones que se me parten,
Que se me parten por menos de un real.
Hay que cortar.
Caña de azúcar, caña de azúcar,
¿por qué no endulzas el cañaveral?
Amargo mar.
Machete hermano, mañana al alba
Saldré temprano hacia el cañaveral.
Yo sé quién soy.
Y si no vuelvo, caña de azúcar,
Machete en mano yo sé dónde ir.
Mirá que sí.
La canción, ocupa el tercer surco del Lado A del disco “ Yo sé quien soy”, editado
por el Sello Orfeo, en 1968, en Uruguay. Daniel Viglietti por su parte, también
grabaría este tema. Se encuentra en la Cara B de su disco “Esdrújulo”, grabado
en Buenos Aires y Montevideo, entre marzo de 1992 y febrero de 1993.
Breve noticia biográfica:Eliseo Salvador Porta Sarasúa, el más notable de
los escritores artiguenses, nace el 31 de mayo de 1911 en la localidad de Tomás
Gomensoro, que evocara y recreara en su obra "De aquel pueblo y sus aledaños",
y pone fin a su vida el 11 de enero de 1972.Se destaca su trabajo como Doctor en
Medicina. También fue Docente y Director – Fundador del Liceo de Tomás
Gomensoro, que lleva su nombre desde 1987, además de desempeñar sus roles
de escritor y periodista ( escribió en Marcha y en Época, entre otros. ) Sin
embargo, de las siguientes palabras de Aníbal Álvez, se desprende otra imagen
de este hombre: «En Montevideo su yo profundo siguió atado a las cálidas
tierras del Norte, como lo prueban sus libros. Por su voluntad de arraigo en el
interior, Porta esta más cerca de Morosoli que otros autores nacionales; pero
mientras que el mágico minuano es un miniaturista del pincel, Porta tiene una
vocación de epopeya y su pulso se acompasa con los grandes destinos que
eligen. Aborda los grandes temas que propone la Naturaleza y la Historia: la
sequía, las inundaciones, el Éxodo, la campaña de Guayabos.»
En 1968 Porta publicó dos libros: Sabina, una novela histórica sobre el
artiguismo; y un libro de cuentos con un título significativo Una versión del
infierno. En ese libro hay una historia que se llama “Cañero”, un cuento de
urgencia, que exponía los problemas de la Unión de Trabajadores del Azúcar de
Artigas (UTAA). Porta no podía mirar con indiferencia la creación del sindicato
de “peludos” , de algún modo había abogado por la organización de los de abajo
en su novela Con la raíz al sol (1953). En los años cincuenta Porta era
consciente de las dificultades que implicaba la lucha sindical de los trabajadores
rurales. Por eso fue muy crítico con la obra de escritores como Asdrúbal
Jiménez (Bocas del Quebracho) o Alfredo Dante Gravina (Fronteras al viento).
Por eso cuando apareció la UTAA se comprometió con los peludos. Firmó una
declaración con comerciantes, agricultores, docentes y profesionales de Bella
Unión manifestado su apoyo al Estatuto del Trabajador Cañero, que se
discutía en la Cámara de Representantes en medio de disturbios y complejas
negociaciones tanto en Montevideo como en Artigas. Yamandú González Sierra
explica así el compromiso de Porta en su libro Los olvidados de la tierra :
“ El Dr. Porta […] profusamente comprometido con la causa de los cañeros
colaboró en diversas formas al desarrollo del sindicato. Fue uno de los docentes
de los cursos de capacitación que organizaba UTAA”, donando en 1971 a la
policlínica del sindicato “parte del instrumental y camilla”.
Peludos y UTAA
PELUDOS es como se auto-denominan y son denominados los cortadores de
caña de Bella Unión. El vocablo hace una analogía entre el animal conocido
como tatú-peludo y el aspecto de los cortadores durante el proceso de trabajo:
encorvados sobre las plantas de caña, con el cuerpo teñido de pies a cabeza por
el hollín y el carbón del cañaveral quemado. Extraido de ESFUERZO DE LO
POSIBLE: Política, desarrollo y deseo en el extremo norte del Uruguay, por Alex
Martins Moraes. ( 2019, Universidad de San Martín, Argentina )
UTAA: Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas, , fundada el 3 de
setiembre de 1961, ( Extraido de Cuestión, Año 1, N° 3, Montevideo, 1971 ).
La carpeta de Monsieur Fourcade
17
Hacía una semana que estaba en la casa de mi familia de la calle Pecoche
cuando César, vuelto de Madrid, me llamó por teléfono. Necesitaba saber si
estaría el siguiente fin de semana en la ciudad, pues tenía en sus manos ciertas
fotos que quería mostrármelas. Apareció un sábado cuando yo descubría un
álbum del trompetista Thomas Marriott, “Trump ship. Ese día la lluvia era una
letanía mansa sobre la ciudad. Sentados en el largo sofá de los abuelos, César
me mostraba las increíbles fotos de Ricardo, que había comprado en un bazar,
en una de las calles estrechas del pueblo de Capri, en la isla cercana a Nápoles.
La tienda era atendida por una mujer de edad mediana, que se las ofreció por
unos pocos euros. En el momento de la compra se enteró que la señora no
conocía al fotógrafo. Las fotos correspondían a diversos y pequeños pueblos del
sur Itálico y en algunas de ellas los protagonistas eran ancianos, sentados o
recostados en los umbrales de las viejas puertas de madera. Surcados por el
tiempo, se los veía serios, circunspectos, las miradas en las aguas turquesas del
mar o en el cercano cielo de sus vidas. Todas las fotos podrían ser luminosas,
pero las sombras de los ancianos las convertía en disruptivas, distantes, frágiles
como los recuerdos que se van esfumando con el transcurrir inexorable del
tiempo.
Rodolfo Torres
Mediterráneo o una historia de atardeceres rojos.
Era una noche de sábado a principios de la década del 70 del siglo pasado,
estábamos conversando en el Club Social de Santa Lucia con unos amigos
cuando alguien nos trae la noticia que un camión militar había dejado libres en
la puerta del Cementerio, a varios amigos y conocidos que estaban presos en el
cuartel de San Ramón y que venía caminando hacia la plaza por la calle Rivera.
Salimos rápidamente a su encuentro, eran 5 con paso lento y algunas bolsas
colgadas de sus hombros o arrastrándolas por la vereda.
El abrazo fuerte, emotivo, húmedo… casi sin palabras… fue la bienvenida con la
certeza palpable de que estaban aparentemente sanos.
Caminamos junto a ellos hasta la plaza donde ya habían otras personas entre
familiares y amigos esperándolos y desde allí, después de un breve lapso cada
uno de ellos se dirigió a su casa donde en muchas de ellas no los esperaban.
Nosotros fuimos con Diego, uno de los liberados, que había sido compañero de
secundaria y que vivía con su madre.
Al llegar a su casa, alguien, visitante común de la casa se adelantó para hablar
con ella y prepararla, pues había tenido algunos problemas de salud que se
agudizaron en el tiempo de prisión de su hijo al no saber en los primeros
tiempos, dónde estaba preso y como estaba, conducta muy común del ejército y
su "justicia" en ese tiempo infame.
Cuando se encontraron no les alcanzaron los brazos para tantos abrazos.
Después de un breve instante con ellos los dejamos solos.
Al otro día, por la tardecita fuimos a tomar unos mates y saber cómo estaba.
Nos hizo pasar a su dormitorio para conversar los temas obvios de esos
momentos y decirnos
de su decisión de irse del país aun sin saber bien su destino… cuando la
conversación y el mate se iban lavando sacó de la biblioteca un disco aparecido
poco tiempo atrás…
"Mediterráneo" de Joan Manoel Serrat…
Lo colocó en el tocadiscos y allí, casi de manera ritual el silencio nos envolvió
para escucharlo una y otra vez…de punta a punta.
Esas canciones entraban sin permiso a lo más profundo de uno.
Mediterráneo…Pueblo Blanco… Vencidos…Esas pequeñas cosas…Tio
Alberto…y otras
fueron dándole palabras y melodías al sentimiento de cada uno de nosotros en
ese momento y que varias décadas después continúan imborrables y vitales.
Al poco tiempo partió al exilio a Vera de Bidazoa en los Países Vascos a grupas
de aquel caballo dónde el Quijote le hizo lugar en su montura, pues como él iba
cansado, vencido y con amarguras.
En las tardecitas de esa su estadía primaria de exilio y repitiendo lo que
hacíamos en Santa Lucia, se sentaba en un banco del andén de la estación para
ver llegar trenes y porque no… encontrarse con alguien conocido o tal vez
parecido, que ayudara a no perder la memoria y cobijarse aunque sea desde la
imaginación, antes de continuar los aun inciertos caminos del exilio.
En lo personal tuvieron que pasar casi cincuenta años para conocer
personalmente "ese mar de los atardeceres rojos".
Al verlo por vez primera parado en el techo del Castillo de Santa Bárbara en
Alicante pude ver y sentir realmente la canción ya no solo en mis oídos sino en
la piel y en el corazón.
Al enterarme en estos días de qué se cumplen 50 años de la presentación de
Mediterráneo, esa historia se puso de pie delante mío tanto como EL…aunque
ahora ya no está.
Alfredo Gómez
Letras en camiseta
La mansión
La muerte, su exagerada presencia, ocupaba toda la cama. La petite morte esta
vez se había prolongado en exceso y el corazón no pudo con ella. Exánime sobre
el cuerpo joven de la starlet (el espejo del cielorraso reflejaba el espanto de ella)
el calor del suyo, aún dentro de ella, se apagaba fláccidamente.
Al pie de la cama, su bata de seda, como un gato negro e indiferente, parecía un
crespón con sus iniciales bordadas, "HH", una broma final del mal gusto.
Ilustraron Pablo Pose Malacrida y s/d
El rumor de las Odiseas e Ilíadas su destino era cantar y dejar resonando
cóncavamente en la memoria humana. JLB

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