Sí que han sido dinámicos y cambiantes estos últimos cien años desde que
Don Ángel F. Caputi fundara en 1921 el Periódico El Pueblo. Aquel
espíritu tesonero, fue trascendiendo en sus generaciones venideras haciendo
posible que la misma familia continuara la vocación periodística.
El papel, vehículo original del periodismo, comenzaba a competir con otros
medios de prensa surgidos hace cien años.
Desde entonces, El Pueblo continúa siendo el periódico de Santa Lucía, de
los pocos sobrevivientes en el interior del país y hoy único como medio
escrito en la ciudad. Hubo que sumarle a lo vocacional, una cabeza de
empresa familiar con apoyo comercial e ir reconvirtiendo en tecnología.
En estos cien años han llegado distintos colaboradores asumiendo que
todo lo dicho queda escrito y podrá ser leído y vuelto a leer.
Claro que los tiempos han cambiado, es otra ciudad, otra gente, pero Santa
Lucía siempre ha tenido una fuerte personalidad, quizás porque venga de
haber sido elegida por familias acomodadas de la capital al tener el
privilegio de recostarse al río profundo con márgenes arboladas y estar muy
cerca de la capital.
Pasados los años veinte, cuando decae aquella actividad turística, la ciudad
pasa por diferentes etapas hasta que a partir de los años cuarenta comienza
a convertirse en una fuerte ciudad industrial.
Santa Lucía también recibió dentro de estos cien años inmigrantes que
llegaron huyendo de la Segunda Guerra Mundial, que fueron dejando su
impronta de oficio y trabajo.
Esta es una ciudad de vecinos conviviendo pasionalmente diferentes
posturas políticas, con ideales y lecturas opuestas. Fueron épocas muy
difíciles, de rupturas, luchas y conquistas para todos poder volver a
festejar.
Tierra de grandes cultores del arte, docencia, política y ciencia, como
también destacados atletas y deportistas, todos han pasado por estas
páginas como así la vida social del pueblo, todos aspectos que han
contribuido en la historia de la ciudad. Los últimos cien años han pasado
por estas páginas representando a una comunidad rebelde, combativa pero
también solidaria, que ante las adversidades es capaz de unirse para salir
adelante.
Los más añosos también pueden hablarnos de río, monte, amenazantes
crecientes, hábiles boteros y campañas de ayuda.
El Pueblo supo de tiempos en que desde toda la ciudad se podía escuchar el
paso del ferrocarril y donde aun muchos recuerdan su estación llena , calles
con el andar apurado de obreros, comercios florecientes, salas de cine, de
baile, de peluquerías repletas, restaurantes y bares, cuando el esplendor de
la Santa Lucía industrial. Desde el mediano al gran comerciante, el
diarero, cartero, la modista o el sastre, el zapatero del taco y la media suela
o el vecino doctor atendiendo en el consultorio de su casa.
Han pasado cien años, en el camino cambiamos de siglo, de costumbres,
de forma de comunicarnos, las nuevas herramientas de las tecnologías de
pantalla han invadido nuestra vida, que nos desafían a diario en saber
usarlas para sumar y no restarle a nuestra calidad de vida.
El “diarito” de cada semana continúa recogiendo el fuerte legado de
escuchar y transcribir lo que le ocurre a la gente en los acuerdos y en las
disidencias.
Felices cien años por los vividos y por los venideros, que serán tiempos
plenos en desafíos, pero la credibilidad continuará siendo la principal carta
de presentación de Periódico El Pueblo.
Y.S.

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